Es uno de los actores más solventes de Hollywood.
Sus interpretaciones son siempre brillantes, y aunque en los 80 era uno de los
grandes, a continuación el éxito no acababa de acompañarle. No obstante,
William Hurt escoge muy bien sus títulos y se ha labrado una sólida
filmografía.
Nacido en la capital
estadounidense, William M. Hurt (20 de marzo de 1950) pasó su infancia en
diversos países, como Sudán o la isla de Guam, por la profesión de su padre,
Alfred McCord Hurt, funcionario del departamento de estado. Sus progenitores se
divorciaron cuando sólo tenía seis años, y su madre, Claire McGill, se casó con
el millonario Henry Luce III, reputado editor de la revista Time. Aconsejado
por éste, su padrastro, William se licenció en Teología, por la Universidad de
Tufts.
En el campus, el chico había
descubierto su pasión por la interpretación. Tras tomar clases en Juilliard,
prestigioso centro neoyorquino, pasó una temporada en diversos espectáculos
teatrales. A finales de los 70, participa en algún episodio de series como Kojak, y debuta en el cine por la puerta grande,
interpretando al científico que realiza experimentos consigo mismo,
protagonista de Un viaje alucinante al fondo de la mente, de Ken Russell, adaptación de la novela de Paddy
Chayefsky.
El prestigioso guionista
Lawrence Kasdan escogió a William Hurt como protagonista de Fuego en el
cuerpo, impecable homenaje al cine
negro clásico, en el que el actor estaba acompañado por Kathleen Turner, en su
trabajo más recordado. Poco después, Kasdan confió nuevamente en su talento
convirtiéndole en uno de los protagonistas de Reencuentro, película emblemática del subgénero que podría
denominarse "viejos amigos maduros se reencuentran".
La película que convirtió a
William Hurt en uno de los más prestigiosos actores de los 80 fue El beso de
la mujer araña (1985). Recibió el
premio al mejor actor en Cannes y el Oscar, por su impecable trabajo como
recluso homosexual, acusado de corrupción de menores. Dejó huella como el profesor
de sordomudos enamorado de una de sus alumnas en Hijos de un dios menor, drama que se hizo muy popular. El actor terminó la
década con grandes trabajos en Al filo de la noticia y La fuerza del destino, y volvió a ponerse bajo la batuta de Kasdan, en El
turista accidental y Te amaré
hasta que te mate.
A finales de los 80, Hurt se
divorció de Mary Beth Hurt, y estuvo unido a Sandra Jennigs, madre de su hijo
Alexander, y con la actriz Marlee Matlin, la sordomuda de Hijos de un dios
menor. Posteriormente se casó con
Heidi Henderson, con la que tuvo otros dos retoños. Tuvo posteriormente otra
hija más con la actriz francesa Sandrine Bonnaire.
Sin embargo, la década de
los 90 estuvo marcada por las depresiones y la soledad derivadas de sus
fracasos sentimentales. "Estuve 12 años así,
engañándome a mí mismo, pero una noche, cuando hacía una obra de teatro en
Broadway, me dije 'nunca más'. Salí a escena y me quedé callado. El otro actor
pasó un rato horrible, pero a mí me dio igual. Estaba allí quieto, pensando,
diciendo 'no voy a abrir la boca hasta que no lo sienta de verdad'. Sólo
trataba de poner otra vez los pies en la tierra, de sentir que llevaba
calcetines, que podían oler mal. Se trataba de volver a las bases del oficio de
actuar, de recuperar lo más simple, como si hiciera un día muy ventoso y
tuviera que agarrarme para no caerme", comenta el actor.