Hay directores sobre cuya genialidad no existe ninguna duda, y Wong Kar Wai es uno de ellos. Artista enamorado con un mundo propio, tiene la envidiable capacidad de atrapar la belleza y sugerir sentimientos con gran sutileza.
El cineasta chino Wong Kar Wai nació en
Shanghai el 17 de julio de 1958, pero con sólo cinco años se traladó con su
madre a Hong Kong, entonces colonia británica, por lo que siempre se ha
considerado hongkonés. Atrás quedaban su padre, director de un hotel, y dos
hermanos. Como en la primera ciudad se hablaba madarín y en la otra cantonés,
acabaría conociendo ambos idiomas más el inglés. A ello ayudó también el acudir
con su madre a las salas de cine. En 1980 de graduó en artes gráficas en el
Politécnico de Hong Kong, e interesado por la narración audiovisual, se
inscribió en el Curso de Producción de TVB que organizaba la televisión de la
ciudad. Llegaría a trabajar allí como guionista a tiempo completo.
A mediados de los 80 comienza a trabajar
para Alan Tang, productor en las compañías The Wing Scope e In-gear.
Precisamente Tang le respalda en su primera película como director, As Tears Go By (1988), poderosa historia
de hermanos que contaba en el reparto con Andy Lau y Maggie Cheung, y donde
Wong Kar Wai ya apuntaba estilosas maneras y dominio de la narración
cinematográfica. Antes había figurado su nombre como guionista en una decena de
películas variopintas.
Tang le produce su siguiente film, Days of Being Wild (1991), donde se
evidencia ya la nostalgia que rezuma su entera filmografía, con temas como la
crisis de identidad o los sentimientos de orfandad. Repite con Lau y Cheung, y
se suman a su cine otros actores prestigiosos con los que repetirá, como Tony
Leung. Cuenta además con su director de fotografía habitual, el genial
Christopher Doyle.
La complejidad narrativa con puntos de
vista diversos, el preciosismo deslumbrante, las imágenes al ralentí, la música
subyugante, forman parte de Ashes of Time
Redux (1994), singular película 'wusia', ese subgénero de acción y artes
marciales típico de China. Desde luego, no encajaba del todo en los cánones al
uso, y de hecho el director la remontó para un nuevo estreno en 2009. El mismo
año de Ashes of Time entregó una película más contemporánea, quizá su primera grandísima
película, Chungking Express, que
sigue las tribulaciones amorosas de dos amigos policías.
Cualquiera con ojos en la cara sabe que
Wong Kar Wai es un poeta contemporáneo de la imagen, creador de un "mood"
especial, una atmósfera indefinible que impregna cada fotograma de sus
películas. Ayuda también su forma de rodar, con un guión no cerrado, dejando
que las tramas puedan desarrollarse durante la filmación. Ello se ve en Fallen Angels (1995), sobre un asesino
profesional que nunca se encuentra con su socia, donde no importa tanto el
trabajo del protagonista como el desencanto y el profundo anhelo de amor de
"los ángeles caídos" que pululan por la pantalla. Dos años después sorprende
narrando una historia de orientales homosexuales en Argentina con el tango como
telón de fondo, Happy Together. El
film supondría para Kar Wai el premio al mejor director en Cannes.
El nuevo milenio trae la obra maestra de
Wong Kar Wai, la imperecedera Deseando
amar (In The Mood For Love), historia de amor casto entre un hombre y una
mujer a los que sus respectivos cónyuges les engañan. Se produce entre ellos
una particular comunión de sentimientos, plasmada de modo inigualable con
fotografía, música y actores en estado de gracia, Tony Leung -premiado en
Cannes- y Maggie Cheung, el connjunto es una obra maestra sin paliativos sobre
el amor, que se clava directamente en el corazón del espectador. El film
tendría una especie de continuación, también fascinante pero inferior, 2046 (2004). Cuando con ocasión de este
film le comenté que algunos le describían como críptico me replicó que se lo
tomaría "como un cumplido".
En 2005 une esfuerzos con el anciano maestro
Michelangelo Antonioni y con Steven Soderbergh en Eros, donde cada director cuenta una historia de amores
desgarrados. Además, al ser tan conocido internacionalmente, es requerido para
filmar anuncios comerciales de prestigios, como el que dirige para BMW. También
se plantea el desafío de rodar su primera película en inglés, y lo hace con My Blueberry Nights (2007), en que
concede el protagonismo a la cantante Norah Jones, en su debut como actriz, a
la que acompañan otros actores más populares como Jude Law y Natalie Portman.
Las historias sobre el desconcierto en el amor se articulan de modo maravilloso
alrededor de una cafetería. Título de prestigio, lo apreciaron sobre todo los
amantes del cine del director hongkonés, que entendieron su universalidad
poética, puesta a prueba con el desafío del cambio de idioma, escenario,
actores.
Wong Kar Wai da vueltas una y otra vez a
la gran cuestión del ser humano, el misterio del amor. Y me explicaba en una
entrevista que es "un tema demasiado grande. Frente a él sólo somos unos
principiantes. Es imposible dar respuestas, más bien lo único que podemos hacer
es aportar diversas posibilidades." En lo que se refiere a su caso personal, no
existen muchos datos sobre cómo le va en el amor, aunque su esposa se llama Esther
y tiene un hijo, Qing, nacido en 1994.