Gracias a su Tesis, el menospreciado cine de género conoció un auge sin precedentes en
España. Admirador de la meticulosidad de Stanley Kubrick, Alejandro Amenábar
evolucionaría hacia historias con su personal visión del mundo y envoltorio más
o menos comercial.
Alejandro Amenábar nació en Santiago de Chile el 31 de marzo
de 1972. Hijo de padre chileno y madre española, lo cierto es que con un año se
fue con la familia a España, donde ha transcurrido la mayor parte de su vida.
Estudió con los escolapios en Madrid, y luego emprendió estudios universarios
en la Facultad de Ciencias de la Información, en la Universidad Complutense.
Allí se le atragantó una asignatura impartida por el profesor y crítico de cine
Antonio Castro, y mucho debió marcar la cosa al futuro cineasta, que bautizaría
precisamente con ese nombre al villano de turno de su debut en el largo, Tesis (1996), que justo era un tipo que daba clases en la
mentada facultad.
Pero antes de "graduarse" extraoficialmente con Tesis, Amenábar ya apuntaba maneras en sus cortos La
cabeza, Himenóptero -de aquí tomará nombre el futuro nombre de su
productora- y Luna. Al menos eso
creyó el veterano director José Luis Cuerda, que decidió apadrinar Tesis tras el visionado de esos trabajos. Este thriller
sobre las "snuff movies", que coescribió con su amigo y colega Mateo Gil, se
convirtió en uno de los debuts más sonados del cine español, hasta el punto de
que se llevó 7 Goyas, incluido el de mejor película y director novel. Recuperó
además a la Ana Torrent de El espíritu de la colmena y puso en el disparadero a Fele Martínez y, sobre
todo, al "guaperas" Eduardo Noriega.
¿Había sido Tesis un
espejismo, la suerte del principiante? Abre los ojos demostró que no. Sólo un año después dirigía esta
película con más medios y más compleja, que lograba sorprender ya de entrada
con su imagen del protagonista en medio de la Gran Vía de Madrid completamente
desierta, o con el salto vertiginoso desde Torre Picasso. Realidad, ficción,
aspecto físico, eran temas que se sumaban a su anterior exploración de la
fascinación por la violencia. Lo hacía de un modo visualmente poderoso, y
procurando controlar la película todo lo posible, también en la partitura
musical, que compondría para la mayor parte de su filmografía. Quizá ese afán
de control daba a su cine una característica frialdad, que sería el mayor
reproche que le harían sus críticos más duros.
En cualquier caso Abre los ojos gustó nada menos que a Tom Cruise, que acabaría
protagonizando el remake americano. Y esto facilitaría el fichaje de quien por
entonces era su esposa, Nicole Kidman, para el nuevo film de Amenábar, Los
otros. El director rodaba por primera vez
en inglés, y entregaba una historia deudora de "Otra vuelta de tuerca" de Henry
James, aunque curiosamente el director siempre ha afirmado que no conocía este
cuento indispensable de fantasmas. La película seguía a una institutriz que
debía ocuparse de la educación de unos niños en una isla, donde ocurrían hechos
paranormales que ponían a prueba su fe. El film daría nuevos Goya al director y
coguionista, y proyección internacional, pues recaudó 96 millones de dólares
sólo en Estados Unidos. También se apuntaba el agnosticismo -luego ateísmo- del
director, más evidente en Mar adentro y Ágora.
Amenábar comenzaba a tomarse su carrera con calma,
estudiando muy bien cada proyecto en que se involucraba. En cualquier caso
sorprendió su abandono del cine de género para abordar Mar adentro (2004), basada en el caso real del tetrapléjico
Ramón Sampedro que pedía asistencia para su suicidio, y que puso en el
candelero en España la peliaguda cuestión de la eutanasia. El film era
evidentemente de corte ideológico, y su director lo supo rodar de modo
inteligente, esquinando el lado más oscuro del protagonista, y con una buena
dirección de actores, Javier Bardem, Belén Rueda y Loles León entre otros. El
director conseguiría múltiples premios, entre ellos el codiciado Oscar a la
mejor película extranjera. Casi nada más iniciar la promoción del film Amenábar
tomó la decisión de "salir del armario", y concedió una entrevista a una
revista gay donde confesaba su homosexualidad.
Sin conformarse con lo hecho hasta ese momento, y tal vez
con Kubrick y su Espartaco en el
subconsciente, Amenábar se lanzará a hacer una película histórica de época en inglés
sobre Hipatia de Alejandría, que presenta en Cannes fuera de concurso en 2007.
Se mira en Ágora a este singular
personaje en medio de un mundo de hombres, y de nuevo el director maneja
imágenes poderosas, de modo especial esos planos cenitales donde los hombres se
asemejan a insectos miserables. La mirada al cristianismo es negativa, aunque
se subraya el ideal de caridad, pesa más el fanatismo oscurantista, que acabará
pasando factura a la protagonista, presentada como lúcido modelo de
racionalismo científico, y precedente del feminismo que aún tardaría en llegar. Pese al atractivo reparto internacional y a la reconstrucción de época, el film sólo funcionaría bien en la taquilla española.
Aunque centrado en sus tareas de dirección, Amenábar ha
compuesto bandas sonoras para otros, amigos naturalmente: La lengua de las
mariposas de Cuerda, Nadie conoce
a nadie de Gil. También se ha embarcado en
tareas de producción, aunque sin una inmersión al cien por cien, con títulos como El
mal ajeno, de Óskar Santos.