Amante de Orson Welles al ritmo de una cítara en El tercer hombre, Alida Valli trabajó con maestros del celuloide, como Michelangelo Antonioni, Luchino Visconti y Alfred Hitchcock.
Alida Maria Laura von Altenburger nació el 3 de mayo de 1921, en Pola, un pueblo croata que por aquel entonces pertenecía a Italia. Hija de un periodista austríaco y de un ama de casa italiana, cuando era una adolescente empezó a estudiar arte dramático en el Centro Sperimentale di Roma, institución puesta en marcha por Mussolini para potenciar el cine italiano. Comenzó en el cine como extra en la adaptación de El sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón, dirigida por el italiano Mario Camerini, en 1936. Tras Los dos sargentos, interpreta su primer papel protagonista en el drama Manon Lescaut, aunque tuvo mayor repercusión Pequeño Mundo antiguo, donde era una muchacha humilde enamorada de un noble. Con este trabajo, Alida Valli obtuvo la Copa Volpi a la mejor actriz, en el Festival de Venecia, lo que la convirtió en una estrella en Italia. A continuación intervino en numerosos dramas y comedias de medio pelo, hasta que fue forzada a retirarse durante una breve temporada, por negarse a contribuir en películas que ella consideraba propaganda al servicio de Mussolini. Aún así, al término de la II Guerra Mundial los directores neorrealistas asociaban su nombre al régimen fascista y apenas le ofrecían papeles.
Sí que se fijo en ella el productor de cine David O. Selnick, que la contrató como protagonista de El proceso Paradine, dirigida por Hitchcock. O. Selnick volvió a requerir sus servicios para El tercer hombre, dirigida por Carol Reed, donde Alida Valli hizo su papel más recordado, junto a Orson Welles y Joseph Cotten.
Tras algunos films menores, como La montaña trágica, con Glenn Ford, la actriz dio por concluido su periplo internacional y regresó a Italia, donde fue requerida por Luchino Visconti para encarnar a la condesa Livia Serpieri, en Senso, crudo retrato de la ocupación austríaca de Venecia. Passolini le dio un papel destacado en Edipo, rey, mientras que Antonioni hizo lo propio en El grito, donde retrataba al sector más desfavorecido de su país. Y a continuación, se convirtió en musa de Bernardo Bertolucci, que le dio papeles en La estrategia de la araña, Novecento y La luna. Alida Valli siguió acumulando títulos desiguales en su filmografía, hasta 2002, cuando intervino en el thriller Semana santa. Falleció el 22 de abril 2006, en su residencia de Roma.