Forjada sobre todo en
los escenarios, donde ha dado muestras de su valía desde los años 50,
curiosamente era una absoluta desconocida para el público que no acude
regularmente al teatro hasta finales de los 90, cuando arrasó con una serie
televisiva de calidad discutible. Amparo Baró ha sido también muy
desaprovechada por el cine hasta el final de su carrera.
Nacida en Barcelona, en 1937, de padre aragonés y madre
valenciana, Amparo Baró San Martín empezó a estudiar Filosofía y Letras. Pero
casualmente ve actuar a la actriz Asunción Sancho, una de las grandes del
teatro español, interpretando "Seis personajes en busca de autor", de
Luigi Pirandello. Queda tan fascinada que decide que las tablas son lo suyo.
A finales de los 50 se integra en la compañía del Teatro
Windsor de Barcelona, participando en las obras que solían estar protagonizadas
por Adolfo Marsillach y su esposa, Amparo Soler Leal. Cuando interpretaban
"Harvey", de Mary Chase, Soler Leal sufrió un ataque de apendicitis,
y Baró tuvo su primera gran oportunidad sustituyéndola, deslumbrando con su
talento a quienes la vieron.
Otro de sus grandes éxitos fue "La calumnia", de
Lillian Hellman, que representó en Madrid a las órdenes de Cayetano Luca de
Tena. Debutó en el cine con Rapsodia de
sangre, de Antonio Isasi-Isasmendi, que vuelve a reclutarla para Tierra de todos. En los 60 se prodiga en
las cintas ligeras que se rodaban en España en aquella época, como Margarita se llama mi amor, La chica del trébol, Tengo 17 años o Carola de día, Carola de noche. En televisión fue una de las
actrices habituales del prestigioso programa "Estudio 1", que
divulgaba conocidos textos teatrales.
Un día se le acercó un jovencito llamado Pedro Almodóvar,
que le ofreció un papel en Pepi, Luci,
Bom y otras chicas del montón, que iba a ser su debut en el largometraje.
Pero a ella el film le pareció grosero, y su personaje absurdo, por lo que
decidió no rodar la película. "Quedé impactada por la tontería y las
chabacanadas escatológicas que contenía. ¡Yo era una mujer antigua",
recuerda la actriz. "Si me viene hoy con algo parecido, tampoco lo hubiera
hecho, porque sólo hago los guiones que me gustan". Sí que participó
brevemente en títulos como Cara de acelga,
El bosque animado (1987), Soldadito español, Las cosas del querer y Boca a
boca.
Tras intervenir en las series Farmacia de guardia, En plena
forma y Juntas pero no revueltas,
le cambió la vida su papel de Soledad Huete, más conocida como
"Sole", madre del personaje de Javier Cámara, en 7 vidas. Comunista a ultranza jubilada, que llegó a salir con
Santiago Carrillo, y propensa a atizar a los que están a su alrededor, Sole se
convirtió en uno de los personajes más populares y longevos de la serie, e hizo
de Baró una celebridad.
Aunque el personaje por el que es más conocida es muy de
izquierdas, paradójicamente en la vida real, Baró es de las pocas famosas de la
pantalla españolas que se autodefine públicamente como de derechas y apoya al
PP. Por ejemplo, fue bastante crítica con la política de discriminación
positiva del gobierno de Zapatero. "Que me den más a mí que a un señor por
hacer lo mismo es algo ridículo, incluso ofensivo y absolutamente
indecente", ha llegado a decir.
Su mejor papel en cine es sin duda la anciana sabia
que preguntaba "¿para qué sirve una vieja?", en Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta, por la que
recibió el Goya a la mejor actriz secundaria. Fue también la gobernanta del
centro donde transcurre la serie El
internado. Ha interpretado asímismo a la madre de Diego Peretti en la
comedia dramática Maktub, a las
órdenes del ex cantante Paco Arango.