Sus detractores le
tienen como un 'musculitos' sin demasiadas dotes actorales. Y posiblemente
tienen razón, pero Arnold Schwarzenegger encarna muy bien en la pantalla al
prototipo de brutote, se convirtió en el emigrante más famoso de Estados Unidos
y el que más lejos ha llegado en el terreno político, ha hecho gala de una gran
intuición a la hora de trabajar con los mejores profesionales, y sobre todo, ha
conseguido que el mundo recuerde su complejísimo apellido... lo que no era nada
fácil.
Nacido en Thai, localidad cercana a Graz (Austria), el 30 de julio de 1947, en el seno
de una familia católica, Arnold Alois Schwarzenegger fue desde muy joven muy aficionado
a los deportes. A los 15 años se inicia en el fisioculturismo. Llegó a decirle
a sus padres que quería "ser el más fuerte del mundo". Por aquella
época empezó a interesarse por las películas de culturistas que hicieron
carrera en el Séptimo Arte, como Johnny Weissmuller o Steve Reeves.
Desde que tiene uso de razón, Arnold siempre había soñado
con triunfar en Estados Unidos. "El título de Mr. Universo era mi
billete a América, la tierra de las oportunidades, dónde podía convertirme en
una estrella y volverme rico", comentó el actor, que a base de tesón
consiguió este reconocimiento por primera vez a los 20 años, convirtiéndose en
el más joven que lo lograba. Según él mismo admitió, utilizó anabolizantes,
cuando éstos eran legales, "para mantener la masa muscular".
Instalado finalmente en EE.UU., se concentró en cumplir su
particular sueño americano, que pasaba por ganar el importante título
culturista de Mr. Olympia -lo que logró sin problemas-, y por probar fortuna en
el mundo del cine, una meta mucho más difícil, por su fuerte acento austriaco,
y su aspecto musculoso, lo que limitaba mucho los papeles que le podían dar. "En
los castings y oficinas de representantes de actores me dijeron que no tenía
ninguna oportunidad. Tenía un acento muy gracioso, mi cuerpo era muy extraño y
mi nombre muy largo".
Y sin embargo, a pesar de tenerlo todo en contra, consiguió
que le reclutaran para protagonizar Hércules
en Nueva York, donde aparecía acreditado como Mr. Strong. A pesar de su
entusiasmo, no se le entendía nada, por lo que tuvo que ser doblado en
post-producción, y a continuación sólo consiguió que Robert Altman le reclutara
para encarnar a un matón sordomudo en Un
largo adiós, donde ni siquiera le pusieron en los títulos de crédito.
Después de mejorar poco a poco su pronunciación, participó
en filmes como Stay Hungry y Cactus Jack. John Milius se quedó a
cuadros cuando se presentó al casting de Conan,
el bárbaro, pues era exactamente el tipo que necesitaba para encarnar a un
guerrero en busca de venganza, que de niño estaba interpretado por Jorge Sanz.
El film fue un tremendo éxito de taquilla, hasta el punto de
que tuvo una desmejorada secuela (Conan
el destructor). Aquel era el momento de aquel austriaco fuertote que
también entusiasmó a James Cameron cuando preparaba Terminator, pues era sin duda perfecto para interpretar a un cyborg
fabricado para matar, que venía del futuro para liquidar a la madre del líder
de los humanos en su lucha contra las máquinas, antes de que éste naciera.
Además, todo esto ocurría en plenos 80, cuando Sylvester
Stallone puso de moda los héroes musculosos con títulos como Rambo. Schwarzenegger supo aportar algo
de humor, a base de chistes normalmente malos, pero que despertaban cierta
simpatía entre el público, en filmes como Commando,
Ejecutor, Depredador -se ve que le atraen los títulos terminados en
"or"-, Danko: Calor rojo y Desafío total.
Tras diversos romances con una profesora de inglés, una
peluquera y la actriz Brigitte Nielsen, su compañera de reparto en la fallida El guerrero rojo, Arnold, a pesar de su afiliación
republicana, se enamoró de Maria Shriver, ilustre miembro de los Kennedy, la
archiconocida familia demócrata y sobrina de JFK. El amor no entiende de
militancias políticas, y ambos han tenido cuatro hijos.
A finales de los 80, y principios de los 90, Schwarzenegger
supo predecir que la fórmula del superhéroe capaz de masacrar a ejércitos
enteros de enemigos estaba un poco sobreexplotada y tocaba a su fin. Para
afrontar este cambio, en primer lugar se diversificó adentrándose en el terreno
de la comedia, y logró buenos resultados de taquilla con Los gemelos golpean dos veces, Poli
de guardería y Junior.
Por otro lado, desde Terminator
2: El juicio final (donde por una pirueta de guión se convertía en 'el
bueno'), las cintas de acción de Schwarzenegger evolucionaron. Seguía siendo el
mismo héroe imbatible, pero sus películas iban dirigidas a un público más
amplio, moderando la violencia, dándole más importancia a las subtramas
familiares, y aumentando los niveles de humor, como se puede comprobar en las
imaginativas El último gran héroe y Mentiras arriesgadas. Ambas tenían
grandes directores detrás, John McTiernan (Jungla
de cristal), y James Cameron, a quien el actor le debe media carrera.
"No es sólo gracias a mí, pero desde que comencé mi carrera
cinematográfica, el género de acción ha cambiado mucho. Los estudios se toman
más en serio este tipo de películas, y lo que antes era serie B ahora se
considera de primera categoría. Incluso cotizan en bolsa las cintas de
acción", me comentaba durante una entrevista.
Tras las fallidas Eraser
(Eliminador), El fin de los días,
El 6ª día o Daño colateral, su ridículo papel del villano Mr. Freezer en Batman y Robin y la tercera entrega de
su saga más famosa, Terminator 3. La
rebelión de las máquinas, la carrera del culturista declinaba. Decidió
concentrarse en su vocación política, y acabó siendo elegido gobernador de
California, como candidato del partido republicano, el 7 de octubre de 2003.
Debido a su amplia fortuna, "Gobernator" -tal y como le apodaron los
medios de comunicación- renunció a su sueldo (podían tomar nota otros muchos
políticos).
Abandonó por completo el cine, salvo por algún
cameo en Terminator Salvation y Los mercenarios. Una vez agotadas dos
legislaturas, y sin posibilidad de reelección, se plantea regresar a la gran
pantalla. Ha dado luz verde a su oficina de representación para que acepten
papeles en serio.