Algunas pocas películas
han bastado para hacer de él un director de prestigio. Su especialidad, dramas
tan hondos y dolientes que dejan tras de sí un poso de tristeza.
Quizá haya pocos directores en los que su origen influya tanto en
su cine como en el caso de Atom Egoyan. Vive en Canadá, pero nació en El Cairo,
de familia Armenia. Esa procedencia étnica y multicultural está detrás o en el fondo de todas sus
historias. Los lazos familiares y la incapacidad del ser humano para abandonar
del todo la soledad son dos de sus temas permanentes, al igual que las
dificultades de integración, la imposibilidad de descubrir por qué se produce
la injusticia y por qué la inocencia es a menudo pisoteada. Quizá en su vida personal eso tiene una palabra: el desarraigo. Algo que en su cine no parece ser sólo
una situación externa, sino un estado interior de sus personajes.
Atom Yeghoyan (su verdadero nombre) nació en El Cairo el 19 de
julio de 1960. Sus padres eran refugiado armenios y muy pronto la familia
marchó a vivir a Canadá, en donde creció el futuro director. Atom proviene de
una familia de artistas, ya que sus padres eran pintores. Él desde muy joven
quiso dedicarse a escribir, y en concreto deseaba ser dramaturgo. Estudio
Relaciones Internacionales en la Universidad de Toronto y no fue hasta que rodó
un primer cortometraje cuando decidió que deseaba contar esas mismas historias
pero en imágenes. Después de algunos cortometrajes, que mostraban su precoz
mirada con desesperanza y morbosidad ante la vida, Egoyan dirigió su primer largometraje
con 24 años, la comedia dramática Next of
Kin, en donde habla del cambio de identidad a través de la mentira y en
relación con las imágenes. En ese primer film, en donde ya incluye a una
familia de origen armenio, trabajó por primera vez con la actriz libanesa
Arsinée Khanjian. Egoyan se casó con ella y desde entonces, ya todas sus
películas contarían con la presencia de la actriz, hasta llegar a Chloe en el año 2009, en donde, dicho sea de paso, se le echa de menos.
Tras algunos trabajos para la televisión, cortos o episodios de
series, salta a la palestra en 1988 con otro largometraje escrito y dirigido
por él: Family Viewing. Se trata de
otro drama en torno a la identidad familiar. Al año siguiente dirige y escribe Speaking Parts, de nuevo un drama, donde
ya el cineasta empieza a mostrar su tristeza y con ese morbo que hace entrada
en muchos de sus filmes: narra la historia un joven con doble vida, que trabaja
en un hotel y a la vez es un gigoló. El film estuvo nominado a varios premios y
ganó el de Mejor Guión en el Festival de Vancouver. Sin embargo, no se estrenó
en los cines de los países más importantes (incluidos Canadá, Estados Unidos,
Francia o España) por problemas de distribución. Su siguiente film, El liquidador (1991), vuelve a explorar
facetas oscuras de la condición humana llevando los sentimientos al extremo. Protagonizada
por Elias Koteas (otro de sus actores fetiche) y Arsinée Khanjian, se trata de
una historia desconcertante, donde tienen cabida el voyeurismo y la pornografía,
con personajes desubicados y extraños. Algo parecido caracteriza a su película Exótica (1994), sobre un hombre que ha
perdido a su familia y acude cada noche a ver a una bailarina en un club
nocturno. Aquí el sexo pasa a ser una obsesión, un mecanismo de escape para
unas vidas vacías y tristes que no encuentran consuelo. Antes el propio Egoyan había
protagonizado junto a su mujer la comedia dramática Calendar (1993), sobre un fotógrafo que toma instantáneas de
iglesias armenias para un calendario.
Luego llegarían las mejores películas del autor de origen armenio.
En 1997 entrega El dulce porvenir,
triste y trágica película sobre el dolor y la culpa, centrada en la muerte
accidental de un grupo de niños que viajaban en autobús. El sinsentido del dolor
y la muerte se erigen como protagonistas de este drama hondo, protagonizado por
Ian Holm y Sarah Polley, que obtuvo una treintena de galardones internacionales
(entre ellos, el Premio Especial del Jurado en Cannes) y fue nominado a 2
Oscar, los correspondientes a director y guión. Muy bien recibida por la
crítica, aunque no tanto por el público, fue también El viaje de Felicia (1999), drama con tintes de thriller
protagonizado por Bob Hoskins. El actor inglés interpreta a un solterón que se
presta a ayudar a una jovencita embarazada que se encuentra en apuros. Pero el
hombre parece ser un psicópata responsable de la desaparición de otras jóvenes.
Aunque es un film ejemplar por la introspección psicológica de los personajes,
es cierto también que puede aburrir y no es apta para los espectadores que
busquen acción.
En 2002 Atom Egoyan viaja al fondo de sus orígenes en la formidable
Ararat, quizá su mejor película hasta
la fecha, donde explora la dolorosa realidad histórica del genocidio armenio
por parte de los turcos. Egoyan denuncia el silencio internacional ante la
tragedia, y a la vez narra una historia moderna sobre las dificultades de
integración de los armenios en occidente, así como sus deseos de venganza y
frustración. La película, protagonizada por actores y actrices más conocidos,
obtuvo de nuevo el reconocimiento de los críticos, que la galardonaron con
numerosos premios.
Tres años después rodó con los rostros todavía más conocidos de Kevin
Bacon, Colin Firth o Alison Lohman, el oscuro y morboso drama Where the Truth Lies, sobre los sucesos
que envuelven el enfrentamiento de dos actores hollywoodienses, que habían
sido inseparables amigos de juergas. La película se puede encuadrar en el
género del thriller y el cine negro, pero no logró obtener el éxito de sus
cintas precedentes. Algo parecido sucedió con su siguiente film, Adoration (2008), centrado en amores turbios
ambientados en un instituto. Que en sus últimas películas, Egoyan estaba perdiendo
algo de su hondura narrativa y su gancho personal quedó finalmente confirmado con
el thriller Chloe (2009), en donde
vuelve a regodearse en temas turbios entorno al sexo, pero donde la historia,
cuyo guión no es de Egoyan, suena a pura truculencia sin hondura antropológica.
Y es una lástima porque contó con intérpretes tan formidables como Julianne
Moore, Liam Neeson o Amanda Seyfried.
Su siguiente proyecto es rodar el thriller criminal Devil's Knot, con Reese Witherspoon.
Habrá que ver el resultado de esta película, pero todo apunta que el camino errático
seguirá siendo el mismo, desgraciadamente. Y es que el guión, basado en una
novela, vuelve a ser ajeno.