Los buenos actores son capaces de interpretar
cualquier personaje independientemente de su edad, aspecto físico o sexo. Es el
caso de Blanca Portillo, para la que no es ningún impedimento tener que interpretar
por ejemplo a un hombre, como por ejemplo un fraile del siglo XVII. Se ha hecho
grande sobre todo en los escenarios, donde se deja literalmente la piel. Sin
embargo debe su enorme popularidad a la televisión, y se la disputan directores
de cine de primera.
Nacida
el 15 de junio de 1963, Blanca Portillo estudió para ser azafata de congresos.
"Quería trabajar en algo donde tuviera contacto con la gente". Pero pronto se
dio cuenta de su vocación actoral, y se matriculó en la prestigiosa Real
Escuela Superior de Arte Dramático. Al salir despuntó en el teatro, en
numerosos montajes, sobre todo en "Cuento de invierno", donde tenía un doble
papel como reina acusada de adulterio, y como la hija de ésta, que vivía como
una campesina ignorando su origen. Otro hito de la actriz consistió en ser la
protagonista del montaje español de "Oleanna", de David Mamet, en 1994, junto
con Joaquín Kremel. Interpretaba a una alumna que se reunía con su profesor
para que le subiera la nota.
Consiguió
hacerse muy popular para el gran público como Carlota, la peluquera casada con
un camarero en la popular telecomedia Siete vidas, cuyos guiones eran
distendidos y conquistaron a los espectadores. Pero se la encasilló en ese tipo
de comedia sin pretensiones, y salvo para quienes la conocían del teatro,
Blanca Portillo no parecía capaz de interpretar papeles con mayor fondo
dramático.
Por
eso para la mayoría resultó una grata sorpresa su trabajo en Volver, como Agustina, vecina
del personaje de Carmen Maura, que padecía cáncer. Blanca Portillo lograba una
gran intensidad interpretativa que llamaba mucho la atención, a pesar de que
tampoco aparecía demasiado en la pantalla. El realizador manchego aprovechaba
para criticar a la telebasura cuando la enferma acudía a un programa televisivo
en el que la presentadora la presionaba para sacarle detalles morbosos de su
enfermedad. "Agustina tiene cáncer, tienes cáncer Agustina. ¡Un fuerte aplauso
para Agustina!", decía la presentadora. Su nivel interpretativo tuvo sus
recompensas pues fue nominada al Goya a la mejor secundaria, mientras que todo
el reparto femenino obtuvo el premio a la mejor actriz en Cannes.
También
salió airosa del reto de interpretar a un hombre, Fray Emilio Bocanegra, en Alatriste, para lo que llegó a
raparse la cabeza, aunque a la hora de la verdad resulta que el personaje era
bastante secundario. Fue la reina María Luisa, en Los fantasmas de Goya, y amante del padre de
Maribel Verdú en Siete mesas de billar francés, papel por el que
obtuvo la Concha de Plata en San Sebastián. Se puso nuevamente a las órdenes de
Almodóvar en Los abrazos rotos, y ha tenido un pequeño papel a las órdenes de
Alejandro González Iñárritu en Biutiful, que protagoniza Javier Bardem.
A pesar de su éxito mediático, nunca ha abandonado su actividad
teatral, y obtuvo un enorme éxito con "Hamlet", donde volvió a travestirse,
pues interpretaba -con bastante convicción, sin duda- al atormentado príncipe
danés de la obra de Shakespeare. Invierte gran parte de lo que gana en
televisión y cine en apoyar espectáculos de jóvenes talentosos. Ha sido
nombrada además, directora del Festival de Teatro de Mérida, especializado en
montajes de obras grecolatinas.