El
actor suizo Bruno Ganz ha ofrecido las dos caras de la moneda. Interpretó al
ángel Damiel en El cielo sobre Berlín
y su secuela, de Wim Wenders, y ha sido un personaje diabólico, el führer Adolf
Hitler, en el El hundimiento. Y
curiosamente, en ambos entrega personajes humanizados.
Bruno Ganz nació el 22 de marzo de 1941
en Zurich, Suiza, y es sin duda el actor más conocido de ese país. Su estatura
interpretativa es tal que no extraña en absoluto que obre en su poder el
Iffland-Ring. Este anillo con un diamante y el retrato de August Wilhelm
Iffland, lo posee el mejor actor en lengua alemana del momento y sus poseedores
lo pasan a su teórico sucesor desde 1814. Tras morir Josef Meinrad en 1996 el
Iffland-Ring pasó al dedo de Ganz.
Aunque fue a la universidad este hijo de
un suizo y una italiana, ya en sus años mozos tenía claro que quería ser actor.
Ya en 1960 debutó en las pantallas con Der
Herr mit der schwarzen Melone, pero no era un título memorable en absoluto,
de hecho puede decirse que en sus inicios llamó más la atención Ganz en el
teatro. Así, contribuyó a la
constitución del Berliner Schaubühne, y acudía al prestigioso Festival de
Salzburgo a ofrecer sus interpretaciones escénicas. Una publicación germana le
consideró el mejor actor de teatro en 1973. En esta etapa juvenil contrajo
matrimonio. Fue en 1965, con Sabine, de la que tuvo un hijo, Daniel, en 1972.
Aunque marido y mujer se separaron, nunca optaron por el divorcio, y no consta
ninguna relación sentimental posterior de Ganz.
La primera vez que Ganz estuvo en un film
hollywoodiense rodado en inglés fue en Los
niños del Brasil (Franklin J. Schaffner, 1978), inquietante trama de
experimentos nazis y cazadores de criminales de guerra, donde coincidió con
Laurence Olivier, Gregory Peck y James Mason. Pero de momento era la excepción
en una carrera que no le alejaba de la vieja Europa, aun viajando a países
exóticos como Polonia para hacer ¡Manos
arriba! (1981). Con su compatriota Alain Tanner haría la plomiza En la ciudad blanca (1983), e incluso
rodó en España a las órdenes de Jaime ChávarriEl río de oro (1986), junto a Ángela Molina. La carrera en cine de
Ganz es dilatada, aunque muchos títulos no tenían repercusión internacional
digna de ese nombre. Hasta que llegaron "los ángeles de Wenders". Su trabajo
despertaría la atención del griego Theo Angelopoulos, que le dio el papel
protagonista de La eternidad y un día
(1998). De corte más popular rodaría Pan
y tulipanes (2000).
Goza de gran prestigio su trabajo
televisivo en dos entregas Johann
Wolfgang von Goethe: Faust (2001), donde era justamente Fausto, papel que
también representó con increíble pasión en los escenarios. A aquellas alturas
Ganz era un actor indiscutible, y aunque sus papeles fuera pequeños, como en
los casos de Lutero (2003) y El mensajero del miedo (2004), las
escenas donde estaba ganaban sin duda en intensidad.
Le llegó entonces el papel que ha quedado
en el imaginario popular. El de Adolf Hitler en El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), que contaba los últimos
días en el búnker del Führer. Era todo un desafío porque se trataba de
humanizar al personaje, y al tiempo no dejar de reflejar una menta enferma,
próxima a la paranoia, y al tiempo con carisma; era además la primera vez que
acometía un personaje histórico con el guarda un innegable parecido físico. Lo
más sorprendente es que Ganz se mete en Hitler y lo mimetiza de un modo
increíble, de modo sosegado, sin caer en los estereotipos. El actor tenía la
ventaja de no ser alemán, lo que la permitía una distancia que tal vez no
habrían tenido otros actores germanoparlantes. Curiosamente, este papel no le
deparó premios en solitario, de hecho los galardones de cine se le resisten,
quizá el galardón más destacado es el de los premios europeos a toda su
carrera, otorgado en 2010.
Ganz no deja de trabajar, pero siempre en
Europa y alrededores y usando el alemán. Ahí están Vitus (2006), donde era el abuelo de un niño virtuoso del piano; Juventud sin juventud (2007), raro
trabajo de Francis Ford Coppola, que volvía tras la cámara tras años de
ausencia; R.A.F. Facción del Ejército
Rojo (2008), sobre este grupo terrorista. Si acudía a películas en inglés,
estaban de algún modo enraizadas en su cultura, como The Reader (El lector) (Stephan Daldry, 2008), nueva mirada al
nazismo, y Sin identidad (2010), el
thriller de Jaume Collet-Serra que transcurre en Berlín.
Su ultimísima gran
composición es sin duda la del periodista Tiziano Terzani en El fin es mi principio (2010), mirada a
los últimos días de este personaje italiano con esposa alemana, donde el
prodigioso actor está irreconocible y transmite la cosmovisión de Terzani y su
paz antre la muerte de un modo realmente emocionante.