Actriz de gran
belleza y personalidad, desaprovechó sin embargo una ascendente carrera
cinematográfica por culpa de su carácter y de algunas decisiones desacertadas.
Quedan, eso sí, unos primeros años excelentes.
Fue una de
esas bellezas rubias que dejaron huella en Hollywood, herederas de la inigualable Marilyn
Monroe. Pero como sucedió con la diva de platino por excelencia la estrella de
Baker brilló con fuerza pero se apagó demasiado pronto. Es verdad que la vida
artística de Carroll Baker se prolongó a lo largo de más de cincuenta años, desde
los 50 hasta el nuevo milenio, sin embargo sus grandes papeles casi se dieron
por terminados en la década de los 60. Una verdadera pena. La culpa la tuvieron
sus continuas desavenencias con los estudios y su temprana marcha a Europa, en
donde completó una filmografía muy desigual.
Carroll
Baker nació con el nombre de Karolina Piekarski el 28 de mayo de 1931 en
Johnston, Pennsylvania (Estados Unidos), aunque su rubia cabellera y su piel
lechosa denotan a las claras su ascendencia polaca. Hija de un viajante de comercio, pronto
se convirtió en una chica del mundo del espectáculo, pues hizo trabajos de
bailarina en un "night club" y de acompañante en actuaciones de magia. A los 21
años se casó, aunque la unión matrimonial fue tan fugaz que apenas duró ocho
meses. Seguidamente apareció por primera vez en una película, la simpática Easy to Love, protagonizada por la
sirena Esther Williams, y más tarde comenzó a hacer anuncios televisivos y
colaboró esporádicamente en alguna serie. Era claro que la joven Carroll tenía
gancho y atractivo suficiente para público. Decidió entonces entrar en el
prestigioso Actor's Studio para hacer carrera en el mundo de la interpretación.
Su suerte
comenzó muy pronto. En 1955 volvió a contraer matrimonio, esta vez con el
director Jack Garfein. Y al año siguiente entraría a engrosar el reparto de la
monumental Gigante, drama de George
Stevens con Rock Hudson, Elizabeth Taylor y James Dean en los papeles
principales. Y luego fue elegida por el gran Elia Kazan para protagonizar Baby Doll, excelente drama basado en una
obra de Tennessee Williams sobre una jovencita de 19 años que se casa
prematuramente con un hombre maduro. Como es habitual en el dramaturgo de
Mississippi la trama tenía su pequeña dosis de escándalo. La interpretación de
Carroll Baker era estremecedora y su dotes de seducción llamativas. La Academia
quedó prendada de la rubita de 25 años y la nominó al oscar a la mejor actriz
de reparto. En pleno auge se metió en el papel de Patricia, la prometida de
Gregory Peck en Horizontes de grandeza,
western excelente en donde la Baker sacaba su lado más caprichoso y altivo, en
oposición a la maestrita Jean Simmons. Pero Carroll Baker no era una actriz
fácil. Se negó a hacer algunos papeles para la Warner y esto llevó a que
acabara perdiendo importantes contratos con la productora. Y los problemas
continuaron con otras compañías y así, al rechazar salir en algunas películas
basadas en obras de Erskine Caldwell, perdió la posibilidad de protagonizar Las tres caras de Eva (1957) para la
Fox, y La gata sobre el tejado de Zinc
(958) y Los hermanos Karamazov (1958)
para la MGM.
Aún así
algunos papeles interesantes seguían apareciendo, aunque no durarían mucho. En
1959 rodó junto a Clark Gable la estimable comedia romántica No soy para ti, de Walter Lang. En 1959
encarnó a una novicia española que en la época de las Guerras napoleónicas se
enamora de un soldado inglés en Promesa
rota y 1961 protagoniza Puente al sol,
drama bélico ambientado en la II Guerra Mundial. Ese mismo año dio vida a la
víctima de una violación en el excelente drama Something Wild, escrito y dirigido por su marido Jack Garfein. Su
marido entonces, porque al año siguiente la pareja se divorciaría. El
matrimonio tuvo dos hijos, y la actriz no volvería a casarse hasta 1983, cuando
uniriía su vida con Donald Burton hasta la muerte de éste en 2007.
En el plano
profesional vendrían luego estimables papeles secundarios en dos westerns: La conquista del Oeste (1962), en donde
enamoraría a James Stewart; y El gran
combate (1964), la definitiva toma de partido por parte de los indios
dirigida por John Ford. Destacó asimismo en algunos dramas de hondura, en donde
dio rienda suelta a su papeles más seductores, como Los insaciables (1964), junto a George Peppard, o los filmes
dirigidos por Gordon DouglasSylvia (1965) y el biopic Harlow, la rubia
platino (1967). Y entre medias probó con la historia sagrada, en el papel
de la Verónica en La historia más grande
jamás contada, en donde volvía a colaborar con George Stevens, o en la
película de aventuras a la antigua usanza en El aventurero de Kenya.
A partir de
entonces la vida y la carrera de Carroll Baker, que no había cumplido aún los
cuarenta años, pega un giro radical. Se marcha a vivir a Europa, concretamente
a Italia y empieza a aparecer en películas mucho más minoritarias, a menudo con
tramas criminales, más cercanas al terror o la intriga, y desde luego dando pie
a que la actriz muestre su lado más explícitamente sensual. Así inicia la
andadura con L'harem (1967), dirigida
por Marco Ferreri a partir de un guión de Rafael Azcona, y con el film de
terror El dulce cuerpo de Deborah (1968). Con el director Umberto Lenzi rueda Orgasmo (1969), Así de dulce, así de maravillosa (1969), Una droga llamada Helen (1970) y Detrás del silencio (1972), esta última rodada en España, al igual
que La última señora Anderson (1971).
La actriz acabaría la década con varios trabajos menores.
Con más de
cincuenta años Carroll Baker regresaría a Norteamérica e intentaría retomar allí
una carrera que ya se escapaba. En 1983 apareció en el musical Star 80 de Bob Fosse y acompañó a Matt
Dillon y a Elizabeth McGovern en el drama El
paria (1986). Mejor suerte tuvo con su importante papel en la estimable Tallo de hierro (1987), de Hector Babenco.
Pero la estrella de Baker se apagaba a marchas forzadas. Sus últimos trabajos
de entidad han tenido lugar en telefilmes o en productos de pobre calidad, con
excepción de la notable The Game
(1997). En 2003 la actriz se retiró definitivamente.