Dick Van Dyke se granjeó el cariño del mundo entero con su trabajo de
deshollinador en Mary Poppins, el
adulto divertido y cariñoso que cualquier niño quisiera tener como amigo.
A partir de ese papel su vida cinematográfica se fue desarrollando
sobre todo apoyada en su facilidad para resultar cercano, chistoso y
alocadamente creativo. Su humor es muy heredero del gag expresivo del cine
mudo, y de hecho sus ademanes e incluso su físico recuerdan sobremanera al gran
Stan Laurel, el inefable flaco al que siempre liaba el gordo Oliver Hardy. Y,
casualidades de la vida, ellos fueron quienes incitaron la carrera
cinematográfica del actor. El hecho es que a nivel cómico, con Dick Van Dyke
ocurre lo que decía la mítica protagonista de El crepúsculo de los dioses, cuando hablaba de su época dorada: "No
necesitábamos diálogos. Teníamos rostros". Buena prueba de ello fue su papel de
Bert en el musical de Julie Andrews. Numeritos como el de los pingüinos
animados permanecen en la imaginación de por vida.
Richard Wayne Van Dyke nació el 13 de diciembre de 1925 en West
Plains, localidad de Missouri, en Estados Unidos. Creció en Danville, Illinois,
en donde estudió sus primeros años. Su adhesión por las películas de Buster
Keaton y de "El gordo y el flaco" le llevaron por la senda del espectáculo. Y
tras servir en el las Fuerzas Aéreas durante la II Guerra Mundial emprendió su
salto al mundo de la farándula. Alto, larguirucho (1,85 m), con profunda voz de
barítono y un humor contagioso, Dick Van Dyke fue apareciendo en diversos shows
televisivos desde finales de los años 50. Hasta que en 1961 comenzó a dirigir
su propio programa, "El Show de Dick Van Dyke", que duró hasta 1966, y que
tendría años después repetidas ediciones en los 71 episodios de 1971 a 1973, y
de nuevo en 1988 con otros diez nuevos capítulos. Pronto se vio el talento del humorista,
pero antes de llegar al cine se forjó en las tablas de Broadway, donde por
ejemplo triunfó con el musical "Bye-Bye Birdie". De hecho, la adaptación a la
pantalla de esa obra, Un beso para Birdie,
dirigida George Sidney en 1963, sería su bautismo cinematográfico. El actor
tenía cerca de cuarenta años, pero entonces comenzaría una década llena de
éxitos y de películas entrañables.
En 1964 llegaría la divertida comedia de J. Lee ThompsonElla y sus maridos, con una gran Shirley
MacLaine. Pero ese año, claro, fue el de Julie Andrews en el papel de
institutriz en Mary Poppins. Aun con
el paso de las décadas esa película de la factoría Disney sigue fascinando por
su inusitada imaginación, rayana incluso en el surrealismo más divertido. La
pareja compuesta por Mary Poppins y el deshollinador Bert sigue siendo el sueño
de cualquier niño. Dick Van Dyke -quien hacía un doble papel en el film
(interpretando al anciano Mr. Dawes)- no duda en afirmar que es el mejor trabajo
de su vida. Otra de sus películas más recordadas por la chiquillería fue El teniente Robinson (1966), comedia de
aventuras más que lejanamente inspiradas en la obra de Daniel Defoe. Y al año
siguiente rodó con Debbie Reynolds la comedia El novio de mi mujer, aunque lo mejor de ese 1967 fue la inspiradísima
Cuidado con el mayordomo, alocada
historia llena de encanto en la que compartía protagonismo con Barbara Feldon (Superagente 86). En 1968 llegaría a la
filmografía de Van Dyke otro de sus mayores éxitos, de nuevo una creación para toda la familia: Chitty
Chitty, Bang Bang. El personaje del loco inventor Caractacus era una
maravilla de excentricidad y diversión. ¡Que levante la mano el aficionado que
no disfrutó con esta película cuando era niño!
Sin embargo, pese a estos éxitos su carrera empezó a cambiar. Tras
las comedias menos logradas Ni un momento
de respiro (1968), en donde se asoció al gran Edward G. Robinson, y Some Kind of a Nut (1969), con Angie
Dickinson, el actor empezó a prodigarse más en simples telefilmes de menor
calidad. Fue una mala época en que Dick Van Dyke tuvo serios problemas de
alcoholismo y el ritmo de trabajo decayó. Todavía tuvo tiempo de rodar algo
salvable, como Un mes de abstinencia
(1971) o el drama Más allá del amor,
de Stanley Kramer, pero su carrera interpretativa casi se limitaba a leves
apariciones en series televisivas. Además tocó fondo en lo personal al
divorciarse de su mujer, Margie, en 1984, con quien se había casado en 1948 y
con la que tuvo cuatro hijos.
Pero Van Dyke nunca se estancó en su trabajo... Lo último de relieve en
la vida de este simpático actor de amplia sonrisa fue sobre todo su
protagonismo en la serie Diagnóstico
asesinato, que obtuvo un enorme éxito de crítica y público y que conocería
nada menos que ocho temporadas, con 179 capítulos comprendidos entre 1993 y
2002. En cuanto a la gran pantalla tuvo un pequeño papel en el amplio reparto
de Dick Tracy (1990) y regresó con
fuerza como un simpático y sibilino conserje en la divertida Noche en el museo (2006).