Actriz de corta carrera y filmografía, pero cuya enorme personalidad ha
hecho inolvidable su trabajo en un buen puñado de películas.
Es una
actriz de ésas que no se olvidan, también porque a menudo sus papeles así lo
perseguían. Era sumamente atractiva y se le daba bien hacer de casquivana, de
mujer intrigante y seductora, con una malicia sonriente y ladina que ella
arropaba a las mil maravillas con su pelo ondulado y tan rubio, su tez tostada
y esos ojos azul reluciente. La actriz tuvo unos años de gloria en la década de
los 50, pero su estrella pronto se apagaría y ya sólo aparecería en series de
televisión y telefilmes de baja categoría. Misterios de la fama.
Dorothy
Eloise Maloney nació el 30 de enero de 1925 en Illinois (Chicago). Pronto su familia
se trasladó a Dallas, en donde la jovencita estudió en el Colegio de la
Ursulinas. Mientras estudiaba en la Universidad fue descubierta por un agente y
firmó un contrato con la RKO. Con esa productora debutó en el cine en 1943 con
un ínfimo papel en thriller The Falcon and the Coe-eds. Su nombre no salía acreditado,
al igual que en la media docena de películas que vinieron después, ninguna de
ellas memorable. La joven Dorothy hubo de esperar hasta 1945 para ver su nombre
en los títulos de crédito. Fue en la romántica Too Young to Know, dirigida por
Frederick De Cordova. Poco a poco su rostro se hizo notar para los picatostes
de la industria y fue apareciendo en papeles más jugosos en películas de mayor
empaque. Así ocurrió en 1946 en Noche y día, biopic de Cole Porter
protagonizado por Cary Grant, y en El sueño eterno, en donde encarnó con finura
a la dueña de una librería que entablaba relación con Humphrey Bogart. Destacó
más tarde en un papel importante en el western Juntos hasta la muerte (1949) del
gran Raoul Walsh, a la que siguieron otras películas del oeste no demasiado
buenas, entre las que cabe destacar Así mueren los valientes (1955), junto a un
Fred MacMurray que recuerda al Gary Cooper de Solo ante el peligro.
La actriz
había llegado a los 30 años e iba a empezar su ascensión a lo más alto. Tras
trabajar con Frank Sinatra y Doris Day en el melodrama musical Siempre tú y yo
(1954) y tras engrosar el reparto coral del drama bélico Más allá de las
lágrimas (1995). Dorothy Malone interpretó a uno de los personajes claves de su
carrera la caprichosa, vividora, manipuladora, pero también romántica y
sufriente Marylee de una de las cumbres del melodrama, Escrito sobre el viento
(1956), obra del experto Douglas Sirk. El papel de Dorothy Malone es excepcional,
cautivador, tanto que por momentos empequeñece a su compañera de reparto, la
gran Lauren Bacall, con quien ya había trabajado en El sueño eterno. La
Academia de Hollywood se rindió y concedió el Oscar a Dorothy Malone en la
categoría de actriz secundaria. No tuvo suerte con otros filmes como Apuesta
por un jinete (1957), thriller con Robert Taylor, o el western Las columnas del
cielo (1956), aunque sí destacó en en la estupenda El hombre de las mil caras
(1957), con un extraordinario protagonismo del gran James Cagney y de nuevo en
un melodrama de alto voltaje emocional, Ángeles sin brillo, de nuevo con Douglas
Sirk y con el mismo reparto masculino que le ayudó a cosechar su mayor éxito,
Rock Hudson y Robert Stack. Para terminar la década de los 50 apareció en el
biopic Demasiado pronto para vivir (1958) y en el estimable western El hombre
de las pistolas de oro (1959), protagonizado por Henry Fonda. Inició la nueva
década con compartiendo pantalla de nuevo con Hudson en El último atardecer,
interesante western de Robert Aldrich. El mismo año se casó con Jacques
Bergerac, con quien tuvo dos hijos, pero el matrimonio se divorció cinco años más tarde. La actriz se casaría y separaría en otras dos ocasiones.
Parecía que
su carrera iba viento en popa. Sin embargo, en los años 60 su nombre fue
desapareciendo prácticamente del cine. Tan sólo trabajaba en breves apariciones
televisivas, hasta que llegó su último gran trabajo, el de Constance Mackenzie
en la serie de éxito Peyton Place, que estuvo en pantalla desde 1964 hasta 1968.
Después de esto, La filmografía de Dorothy Malone es prácticamente inexistente
e incluye telefilmes muy pobres. Su canto del cisne fue Instinto básico, en
donde interpretó a una asesina encarcelada.