Cuando era niña,
Emily Blunt se pasó tres años sin hablar por su tartamudez. Superado este
problema gracias a la interpretación, la pequeña comenzó una andadura que la ha
llevado a ser una brillante actriz. Su sola presencia en escena cautiva, embelesa,
atrapa, magnetiza. Sus problemáticos personajes sacuden al espectador, que no
puede apartar la mirada de su hipnótica figura.
No es la chica
más sexy del planeta. Tampoco la más guapa. Ni la más popular. Sus personajes
no suelen ser los más simpáticos. Entonces qué es. Su trabajo es excepcional.
No, pero falta algo más. A los atributos interpretativos de Emily hay que
sumarle un magnetismo que hace imposible prestar atención a otra cosa que no
sea ella cuando está en pantalla. Su presencia es hipnótica.
Emily Blunt nació el 23 de febrero de 1983 en
Roehampton (Londres). La segunda de cuatro hermanos, sus padres -una profesora
y un abogado- se preocuparon de dar a sus pequeños la mejor educación posible.
Pero Emily no pudo cumplir con los objetivos previstos. Con 8 años comenzó a
tartamudear y su madre decidió sacarla del colegio para ver si así se le
pasaba. Pasaron los años y Emily seguía tartamudeando, hasta que con 12
primaveras una profesora de interpretación la obligó a que se metiera en la piel
de distintos personajes con diferentes acentos. Después de esta terapia, la
tartamudez de Emily desapareció. El recuerdo que guarda de entonces entronca
con su posterior carrera interpretativa: "No podía hablar cuando era niña
porque tartamudeaba todo el tiempo, así que sólo miraba. Me encantaba el
comportamiento humano. La gente me sorprendía continuamente. Y ahora me encanta
la posibilidad de convertirme en distintos personajes".
La tartamudez no
frenó a Emily, que siguió estudiando. Cuando hubo superado su problema, comenzó
a recibir clases de canto, violonchelo, hípica e interpretación. Su magnetismo
pronto fue visible para los entendidos en la materia, por lo que en 2001 debutó
en teatro junto a la gran Judi Dench en "The Royal Family", una obra de George
S. Kaufman y Edna Ferber. Poco después debutó en cine y televisión con Boudica y la miniserie Enrique VIII, ambas en 2003. Dos títulos
y personajes sin mayor trascendencia. Pero pronto puso los "puntos sobre las
íes" para dejar claro que es una chica que sabe elegir muy bien sus papeles,
así como los títulos en los que participa. Su trabajo como hija problemática en
Gideon's Daughter (2005) le sirvió
para ganar el Globo de Oro. Lo de joven perturbada lo repitió varias veces en
títulos como Irresistible (2006), con
Susan Sarandon. Curiosamente, la propia Emily confiesa que aunque le gustaría
decir que fue una chica rebelde y alocada, la verdad es que su infancia y
adolescencia fueron muy tranquilas. Pero el caso es que la niña buena supo
enseguida cómo encandilar al espectador interpretando a un surtido muy variado
de chicas inquietantes.
Algo muy valiente
por parte de quien está empezando una carrera y que se arriesga a caer mal al
público, con la etiqueta que eso supone. Pero ni corta ni perezosa, continuó en
su línea de personajes, digamos poco simpáticos, y no lo dudó a la hora de
interpretar a Emily en El diablo viste de
Prada, el título que le dio la popularidad que ostenta. La desagradable
modelito compañera de trabajo de Anne Hathaway tenía todas las papeletas para
quedar eclipsada por un reparto brillante con Meryl Streep a la cabeza. Pero no
fue así, y a pesar de que Emily fuera secundaria, es uno de los principales
alicientes de la película. Y es que, efectivamente, la chica sabe elegir
títulos y personajes. Sin embargo, es humana y para evitar connotaciones cuasi
divinas es importante decir que no todo han sido buenas elecciones, como la
cinta de terror Escalofríos, un
título menor del género. Donde sí estuvo acertada fue en Conociendo a Jane Austen (2007), Sunhine Cleaning (2008) y The
Great Buck Howard (2008).
Las pequeñas
producciones le han dado alegrías tanto como los proyectos de los grandes
estudios. Sus personajes secundarios también han dado la talla al igual que los
principales. Qué se puede esperar de alguien que compone a una fabulosa Emily
en El diablo... y que luego
protagoniza a las mil maravillas la cinta de época histórica La reina Victoria (2009). Y dicho sea de
paso, una monarca que le ha servido para dejar muy claro que sabe hacer mucho
más que jóvenes problemáticas y/o histéricas. Así que sólo queda esperar con
ilusión el estreno de El hombre lobo,
donde comparte cartel con los gigantes Anthony Hopkins y Benicio del Toro.
En el terreno
personal la magnética Blunt tuvo una relación de 3 años con el cantante Michael
Bublé. En la actualidad está comprometida con el también actor John Krasinski,
con quien inició su relación en 2008. La vida le sonríe a Emily Blunt, aquella
jovencita que dejó de tartamudear para convertirse en una estupenda actriz, que
encandila con su buenísimo hacer.