Es un cineasta genial, en el que se confunden sus personajes con su auténtica persona. A ello condujo Hollywood y la complicidad del propio Erich von Stroheim, grandísimo director, que compuso además personajes memorables como actor.
Erich Oswald
Stroheim, más conocido como Erich von Stroheim, nació en Viena, en pleno
imperio austrohúngaro, el 22 de
septiembre de 1885. Su pasado antes de triunfar en Hollywood fue siempre una
incógnita, pues como era usual en la época, y encajaba perfectamente con la
personalidad del cineasta, le rodeó una falsa leyenda de origen noble y casi
principesco, según el cual habría sido hijo de un oficial del ejército de alta
cuna. Ello encajaba bien con sus papeles de noble militar que le
caracterizaron, pero era rematadamente espurio, en realidad sus orígenes eran
humildes, nació en una familia judía y su padre era sombrerero.
En 1909 emigró a
Estados Unidos, y según comentaba Jean Renoir, su alemán no era demasiado
bueno. Conoció en una taberna a su primera mujer, Margaret Knox, en 1912, y parece que ella le ayudó con el idioma, y le guió en la
publicación de su primera novela, "In the Morning", donde aparecían los temas
favoritos que también abordaría en sus películas, la añoranza de una nobleza
decadente, la frivolidad de las mujeres y la depravación de los hombres,
auténticos depredadores. El matrimonio con Knox duraría poco más de un año,
Stroheim tenía un carácter muy difícil por su humor cambiante. Aún se casaría
otras dos veces, con Mae Jones, que le dio un hijo, y con la actriz Valerie
Germonprez, que le dio otro; finalmente estaría con la actriz Denise Vernac,
que le acompañaría hasta la muerte.
Desde luego Stroheim
fue un hombre hecho a sí mismo, y al llegar a Hollywood empezó desde abajo,
realizando las tareas más humildes, como consultor en temas germánicos, ayudante
de dirección y figurante. La primera película en que apareció, naturalmente,
sin acreditar, fue The Country Boy,
de 1915. Tuvo la suerte de ver trabajar a David W. Griffith en Intolerancia, y de hecho muchos rasgos
de los rasgos de este director formarían parte de su personalidad futura como
cineasta, como el gusto por el melodrama, y la desmesura en decorados y metraje.
A partir de 1918
empieza a destacar como actor con papeles de noble depravado, en títulos como Corazones del mundo, The Hun Within y The Heart of Humanity. Son tales su porte y distinción, que nadie
duda de la historia oficial sobre sus orígenes quasi principescos. Ha terminado
la Primera Guerra Mundial y con ello la Viena de su infancia, pero al año
siguiente Stroheim está listo para debutar como director, adaptando sus propias
historias y novelas. Está bien situado en Universal y empieza con Corazón olvidado, y luego siguen The Devil's Passkey (1920) y Esposas frívolas (1922). Su sensibilidad
en la concepción de las escenas y en el perfil psicológico de sus personajes
resultan innegables, pero a quien era descrito como actor como "el hombre que
amas odiar", también parecía encajarle esa misma descripción como director.
Llaman la atención
su perfeccionismo, los costosos decorados que se empeña en construir y que
disparan presupuestos -es asombroso el Montecarlo de Esposas frívolas-, sus cambios de humor, y los muchos metros de
película que gasta y que luego no se emplean. Él querría montar filmes de siete
horas, pero esto no es posible. Carl Laemmle de Universal está preocupado, y el
recién llegado Irving Tahlberg amenaza con el despido en Esposas frívolas. El director se siente seguro, pues el
protagonista no pueden prescindir
de él, pero esto ya no le servirá en su siguiente film, El carrusel de la vida (1923), donde acabará siendo sustituido por
Rupert Julian. Stroheim diría de Tahlberg que "no tenía en la cabeza más cosa
que un sombrero". Estos dos filmes llaman la atención por cómo se pinta a la
nobleza, con bajezas que humanizan aunque no favorezcan, y las cuitas amorosas.
Y al realismo de la reconstrucción en estudio de Montecarlo, siguió la no menos
perfecta recreación de Viena. En su dibujo de la realeza, y comparándose con
Ernst Lubitsch, dijo el cineasta: "él te muestra al rey en el trono y luego en
el dormitorio, Yo le muestro primero en el dormitorio. Así cuando le ves en el
trono no te haces ilusiones."
Para su siguiente
film Stroheim recala en MGM, y entrega la que para muchos es su obra maestra, Avaricia (1924), adaptación de la novela
McTeague de Frank Norris, rodada en el Valle de la Muerte, y verdaderamente
sobrecogedora. Como es habitual, sufre vicisitudes en el montaje, debe ser
recortada su duración ostensiblemente. Vendrán más tarde dos de los títulos más
populares de Stroheim, también protagonizados por él, La viuda alegre (1925) y La
marcha nupcial (1928). La película Honeymoon,
de 1928, desgraciadamente se ha perdido. Nuevos problemas para rodar afectan al
cineasta con La reina Kelly, película
inacabada donde él no actuaba, y que producía para United Artists una de las
artistas, Gloria Swanson. Se trata de una joyita de la que uno sólo puede
lamentarse que falte la mitad de la historia. A estas alturas la carrera de
director de Stroheim estaba condenada al fracaso, nadie estaba dispuesto a
apoyarle, aunque aún dirigiría, de modo bastante accidentado, su único film
sonoro, Hello, Sister! (1933).
Seguiría escribiendo
novelas. Y, como le pasó a Orson Welles, siempre le quedaría actuar, tarea que
alternaría en Francia y Estados Unidos. Destacan sus composiciones en The Lost Squadron -donde se remeda a sí
mismo como director de cine-, Cinco
tumbas al Cairo, El crepúsculo de los
dioses -que le reunió con Gloria Swanson, y sugirió a Billy Wilder la idea
de que su personaje de mayordomo escribiera falsas cartas de fans a su ama,
antigua diva- y La regla del juego
-de nuevo genial en su papel recurrente de oficial con honor para Jean Renoir-.
Uno de sus últimos trabajos fue para una película que le pega mucho, Napoleón (1955), aunque no era el
emperador su personaje, sino el compositor Beethoven.
Pudo ejercitar su gusto por
la 'grandeur' y la ceremonia cuando se le concedió la Legión de Honor estando
ya enfermo. René Clair describió que el acto tuvo lugar en su lecho dispuesto
en un elegante catafalco con terciopelos rojos, y él en pijama de seda negra.
De todos modos, y aunque le gustaba el lujo y gastó tanto como director, murió
más bien pobre y con escasos recursos en Maurepas, Seine-et-Oise, en Francia,
el 12 de mayo de 1957.