Cine social, sí. Pero cine, sobre todo, que mira a las personas. Así es el trabajo del madrileño Fernando León de Aranoa, un cineasta que ha sabido desarrollar una carrera coherente con la intención no pequeña de "entender el mundo".
Fernando Leon de Aranoa nació en Madrid, en
1968. Licenciado en Ciencias de la Imagen por la madrileña Universidad
Complutense, se diría que siempre tuvo claro que quería ser guionista y
director de cine. "Yo me planteo las películas desde la curiosidad, para
entender el mundo", me comentó el director en una entrevista. Y en efecto, su
cine supone una mirada a la sociedad y a los problemas que la aquejan, pero
siempre una mirada a las personas concretas, normales y corrientes, en su
cotidianidad. En tal sentido, el suyo es un cine humanista, y no le gusta la
etiqueta de que "hace cine social", aunque pueda entenderla. En persona, con su
tradicional camiseta, pelo abundante recogido en coleta y barba, es franco en
el trato, directo en las respuestas, con deseos de explicar lo que le interesa,
en el cine, y en la vida.
Lo dicho no quita para que León de Aranoa sea
un profesional, y de hecho sus primeros pasos en el mundo audiovisual le
llevaron a trabajar para otros, ya fuera en el programa televisivo concurso "Un,
dos, tres" de Narciso Ibáñez Serrador, y en los sketches cómicos de "Martes y
trece". En la ficción televisiva también aportaría su sapiencia de guionista a Turno
de oficio, y en cine trabajaría largamente en comedias
de Antonio del Real como ¡Por fin solos! (1994), Los
hombres siempre mienten (1994), Corazón loco (1997) y Cha-cha-chá (1998). Cuando ya era
un director que desarrollaba sus propios proyectos, no hizo ascos a colaborar
con Chus Gutiérrez -Insomnio (1998)-, Antonio Cuadri -La gran vida (2000)-, La Fura del Baus -Fausto 5.0 (2001)-
y el cine uruguayo -El último tren (2002)-. Aunque
a partir de 2002 y su mayor éxito, Los lunes al sol,
no firmará guiones para otros.
El primer trabajo como director fue un corto, Sirenas (1994), y no pasaría mucho tiempo, dos años, para que firmara su
primer largo, Familia, producción de Elías
Querejeta. Fue toda una sorpresa, el original y sorprendente modo de señalar
que todos necesitamos el amor de una familia, y no es de extrañar que recibiera
un Goya a la mejor dirección novel, y que la película se vendiera por medio
mundo, pues su entraña era universal. Ya en este debut demostró que se le daba
bien dirigir a los actores, quizá porque entendía cómo son las personas y los
personajes, todo al tiempo.
Siguiendo su costumbre de titular las
películas de modo minimalista, una palabra basta, vino después Barrio (1998), una mirada durante el verano a tres chicos desocupados de una
barrida madrileña, con las inquietudes típicas de la adolescencia, el entorno
particular de cada hogar, y cierto fatalismo que volvería a estar presente en
su filmografía.
La absoluta consagración vendría con Los
lunes al sol (2002), Concha de Oro en el Festival de
San Sebastián y Goya a la mejor película. Protagonizaba un Javier Bardem a punto
de hacer las Américas, y la aproximación al problema del paro, a través de un
grupo de camaradas sin trabajo, era muy humano, con algún apunte humorístico
más bien irónico, dominaba más bien el regusto amargo. El film estaba
coproducido con Mediapro, y la asociación con el productor Jaume Roures
continúa hasta la actualidad. Aunque eso sí, León de Aranoa decidió crear en
2004 su propia productora, Reposado, desde la cual desarrolla sus proyectos. El
primero sería Princesas (2005), una arriesgada
mirada al mundo de la prostitución en España. El título ya habla de la
intención de humanizar a las mujeres, son personas revestidas de dignidad, pese
a su oficio, pero el peligro, que el director no sortea, es la mirada ingenua,
de "cuento de hadas", nunca mejor dicho.
La preocupación por la infancia del director
quedó recogida en el film documental colectivo Invisibles (2007). En su segmento Buenas noches, Ouma,
se hacía eco de la terrible situación de los niños soldados en Uganda. No era
la primera vez que abordaba este género, pues en 2001 firmó Caminantes, sobre los zapatistas en México, premiado en el Festival de Cine de La
Habana, y había coescrito el guión de La espalda del mundo (2000).
Cinco años ha tardado en volver a dirigir un largo
de ficción Fernando León de Aranoa tras Princesas. Amador no es una película sobre la inmigración, o no sólo
trata este tema. En realidad habla de la soledad de las personas, y de la
necesidad que todos tenemos de encajar las piezas de nuestra vida para alcanzar
la felicidad. Lo hace a través de una situación límite donde no faltan
consideraciones sobre la ancianidad, y la envergadura de los problemas de la
gente, que no es otra que la que a veces cada uno les da de modo exagerado.