Empezó en el teatro y acabó dirigiendo películas que
hoy son consideradas grandes clásicos. George Cukor se concentraba en dirigir a
los actores, hasta tal punto que delegaba el resto de sus funciones a hombres
de confianza. Retrató con soltura a la alta sociedad, y se le daban
especialmente bien las películas sobre problemas de las mujeres.
Nacido el 7 de julio de 1899
en Nueva York, George Dewey Cukor era hijo de un matrimonio judío de
procedencia húngara. Heredó la pasión por el espectáculo de su madre, que al
parecer gustaba de disfrazarse para amenizar los encuentros con sus amigas,
damas de la burguesía neoyorquina, para las que solía hacer imitaciones de
actrices famosas. Aunque el joven George empezó a estudiar Derecho en Nueva
York, pronto descubrió que le tiraba más el teatro que la abogacía, y decidió
dejar los estudios para unirse a una compañía de cómicos de Rochester. Empieza
como actor, pero pronto descubre su habilidad para dirigir a otros compañeros,
por lo que acabó poniendo en marcha sus propios montajes. A principios de los
años 20 se traslada a los escenarios de Broadway, donde encadena un éxito tras
otro a lo largo de una década.
A partir de 1929 los
ejecutivos de las 'majors' andaban preocupados porque las películas sonoras
estaban teniendo mucho éxito tras el estreno de la histórica El cantor de
jazz. Las compañías pusieron sus ojos
en el teatro, de donde sacaron fundamentalmente actores que supieran recitar
textos y directores que supieran guiarles, como Cukor, que fue fichado por
Paramount, primero como dialoguista y asistente de dirección. El propio Adolph
Zukor, padre de la compañía, le encargó en persona que acometiera su primer
proyecto como director -junto con Cyril Gardner. Se trata de Grumpy, de 1930, un fallido melodrama basado en una obra de
Horace Hodges. Para Paramount también iba a rodar Una hora contigo, pero poco después de iniciar el rodaje Cukor fue
despedido y reemplazado por Ernst Lubitsch. Decidió ponerse a las órdenes de su
gran amigo el productor David O. Selznick, al que siguió a RKO y MGM. La unión
dio lugar a grandes títulos como Hollywood al desnudo, Doble sacrificio, Tentación
y Cena a las ocho. Al final, ambos
dejaron de hablarse cuando O'Selznick despidió a Cukor como director de Lo
que el viento se llevó.
Cukor se convirtió en uno de
esos artesanos al servicio de las productoras. Hubo muchos como él (Hawks,
Walsh, etc.) que en la época dorada de Hollywood no se consideraban a sí mismos
autores, y sin embargo eran capaces de transformar cualquier guión en obras
maestras muy personales. "No soy un 'autor' y me
asusta que se me quiera aplicar ese término. Nunca escribo mis guiones y tengo
demasiado respeto por los buenos escritores para intentar imitarlos. Me limito a
hacer sugerencias; sólo en el plató soy el que manda", dijo el director.
El polivalente
Cukor también tiene grandes películas protagonizadas por personajes masculinos,
como Doble vida, con
la que Ronald Colman ganó un Oscar al mejor actor, la adaptación de la novela
de Charles DickensDavid Copperfield (1935), el western El pistolero de Cheyenne, o el drama Edward, mi hijo, donde brilla Spencer Tracy como
ambicioso hombre de negocios que sobreprotege a su hijo. A Tracy le dirigió
también en los que quizás sean sus mejores trabajos con Katharine Hepburn, La
impetuosa, La llama
sagrada, y sobre todo
la inolvidable La costilla de Adán, sutil comedia sobre un matrimonio formado por un fiscal y una
abogada que aceptan representar a
las dos partes del mismo caso, lo que les enfrentará en los tribunales.
A la hora de
hablar de comedias de Cukor, es necesario referirse a Vivir para gozar, con Cary Grant y la citada Katharine
Hepburn, muy amiga del cineasta, que tuvo problemas para ficharla para esta
cinta. Harry Cohn -máximo responsable de Columbia- se negaba por completo a
contratarla porque la revista Variety había publicado que Hepburn era "veneno
para la taquilla", por una serie de fracasos. Cukor le convenció finalmente, y
así pudo rodar este ácido retrato de la alta sociedad. Su mejor comedia sobre
este tema es sin duda la legendaria Historias de Filadelfia -donde repiten Grant y Hepburn-, que es
uno de los grandes títulos de la 'screwball comedy'. Sigue las peripecias de un
hombre de la alta sociedad (Cary Grant), que aunque riñó con su esposa
(Katharine Hepburn), intenta evitar que se case con otro hombre, mientras un
periodista (James Stewart) y su compañera cubren la noticia.
Un fallo cardiaco acabó con la vida del cineasta, el 25 de enero de
1983, cuando éste tenía 83 años. Justo un par de años antes había dirigido Ricas
y famosas, colofón de una filmografía de más de cincuenta
títulos.