Existen directores de cine que poco a poco van
llamando la atención. Pero otros destacan muchísimo desde el primer día.
Cualquiera que se haya asomado a la hasta ahora corta filmografía de Gustavo
Ron se habrá dado cuenta de que es un cineasta con mucho que contar, que rodará
sin duda películas que vivirán para siempre en nuestros corazones.
Gustavo
Ron nació en Madrid, el 14 de diciembre de 1972. Se licenció en comunicación,
por la Universidad de Navarra. Debutó en el cine con la esforzada Mía Sarah, comedia dramática
coescrita junto a Edmon Roch, al estilo del cine clásico que más le gustaba al
realizador, como el del maestro Frank Capra. Un psicólogo (Daniel Guzmán)
intenta ayudar a un chico que sufre agorafobia tras la muerte de sus padres en
accidente de tráfico. Se enamora perdidamente de la hermana del chico (Verónica
Sánchez), pero que se fije en él resultará bastante difícil. El director fichó
al veterano Fernando Fernán Gómez, como abuelo del chico, que moriría poco
después del rodaje. "Tenía algo de miedo, pero se convirtió en un gran amigo
mío y me aconsejaba bastante sobre mi futuro profesional", recuerda Gustavo
Ron.
Aunque Mía Sarah no es un film
redondo, y el principio resulta un tanto confuso, es una esforzada ópera prima,
con secuencias realmente hilarantes. El realizador se sacaba con nota el
graduado escolar, aunque pasó directamente al doctorado con Vivir para
siempre, adaptación de una novela de Sally Nicholls
infinitamente más redonda que su predecesora. Está protagonizada por Sam, un
chico de once años enfermo de cáncer, que decide dejar escrito un libro y rodar
una película antes de su muerte. El chico tratará de cumplir una lista de deseos
de cosas que le gustaría haber hecho en la vida, algunos imposibles, lo que
emparenta el film con la ópera prima de Ron, también sobre los deseos en el
terreno amoroso del personaje de Daniel Guzmán.