Ni los estudiosos del
cine suelen citarle entre sus favoritos o reivindicarle, y no recibió ningún Oscar.
Pero ni falta que le hace, porque Henry Hathaway llenaba las salas de cine con
sus amenas películas. Se le conoce especialmente por sus westerns, aunque se
prodigó en múltiples géneros.
Hathaway era conocido por ser un hombre de fuerte carácter. Durante
un rodaje, tenía contratado a un tipo exclusivamente para que le asara una
patata para el desayuno. Como el productor no tenía muy clara su utilidad y
tenía que economizar gastos le despidió. Al llegar al día siguiente, Hathaway
entró en cólera. "¡O me traen mi patata o no ruedo la película!",
gritaba.
Nacido el 13 de marzo de 1898 en Sacramento (California,
EE.UU.), Henri Leonard de Fiennes era hijo de Rhody Hathaway, actor de teatro
reconvertido en manager, y de la marquesa Lillie de Fiennes, que acabó también
dedicándose a la actuación como Jean Hathaway. En principio, el joven Henry -que heredó el título de marqués- quería
seguir los pasos paternos y triunfar como actor desde muy pequeño, pero sólo
llegó a intervenir brevemente en algún western de Allan Dwan y rodó como
secundario el corto The Storm Woman,
de Ruth Ann Baldwin.
Interrumpió su carrera la I Guerra Mundial. Tras combatir en
Europa volvió a Estados Unidos, donde intentó dedicarse a las finanzas, aunque
pronto decidió volver a Hollywood, para probar fortuna, esta vez en la parte
técnica. Descubrió que se le daba bastante bien tras ejercer como asistente de
dirección de Fred Niblo en Ben-Hur (1925),
de Josef von Sternberg, en Marruecos,
y de Victor Fleming en El canto del lobo,
entre otros.
Con Gary Cooper rodó el drama romántico Sueño de amor eterno, seguido del título que consagraría
definitivamente al realizador, Tres
lanceros bengalíes, un clásico del cine de aventuras coloniales. Por la
cinta, Hathaway obtuvo una candidatura al Oscar al mejor director, la única de
su prolífica carrera. Cooper también protagonizó a sus órdenes Almas en el mar, y La jungla en armas, otra de las grandes cintas en la carrera de
ambos.
Se casó en 1922, con Elvira, su novia de
siempre, a la que adoraba. Hathaway rodaba casi siempre en exteriores en una
época en la que predominaban las filmaciones en estudio. Le sacó partido
especialmente a las localizaciones naturales en sus producciones de alto
presupuesto para Fox, el film bélico Rommel,
el zorro del desierto, y el thriller Niágara,
con una memorable interpretación de Marilyn Monroe.
Resultan especialmente logradas las colaboraciones del
marqués Hathaway con 'el duque' John Wayne. Tras la cinta de aventuras Alaska, tierra de oro rodaron los
redondos westerns Los cuatro hijos de
Katie Elder y Valor de ley, por
la que el actor obtuvo por fin el ansiado Oscar al interpretar a un sheriff
tuerto. Ambos también formaron parte de la superproducción en Cinerama La conquista del oeste, codirigida con John
Ford y George Marshall. Hathaway solía ser bastante déspota durante los
rodajes, y era famoso porque en numerosas ocasiones le echaba una bronca a
alguien que hubiera metido la pata. "Para ser un buen director tienes que
ser un bastardo. Y yo soy un bastardo", llegó a declarar. Pero Wayne
conseguía consolar al amonestado con sus anécdotas y gracias habituales.
Wayne y Bronston rodaron con Hathaway en España El fabuloso mundo del circo, pero por
una serie de desafortunados sucesos encadenados se encareció tanto que acabó
arruinando al productor Samuel Bronston. En un descanso, Wayne decidió pasarse
por un cine de la madrileña Gran Vía para ver su película Misión de audaces, porque tenía mucho interés en verse hablando en
español. Se reía tantísimo que se paró la proyección. Al encenderse las luces,
el público no daba crédito al hecho de que estuviera allí el reconocido actor.