Prácticamente es la única actriz palestina que ha
conseguido cierta repercusión internacional. Además de rodar películas en
Oriente Medio, ha sido requerida por el cine francés y estadounidense. Su
rostro no se olvida fácilmente, y es una persona con ideas propias, que se ha
ido labrando, como una hormiguita, una magnífica carrera actoral.
Hiam Abbass nació en Nazaret, Israel, el 30 de noviembre de
1960. Muy orgullosa de sus orígenes, esta actriz morena, muy mediterránea, cuyo
rostro tiene unas líneas muy marcadas y una sonrisa muy especial, dice sentir "que
pertenezco a todos los lugares del mundo. Por supuesto, mis raíces son
palestinas, es mi sangre, mi país. Pero siempre me han interesado más las cosas
que no se ven, que las que veo, es algo que me ha conducido toda la vida. Por
eso no me sorprende, viendo mi trayectoria, que haya viajado tanto alrededor
del mundo, a Londres, a París... Va con mi forma de ser, es muy enriquecedor y
me gusta."
Hiam creció en un poblado musulmán, próximo a la frontera
del Líbano. Aunque sus padres son musulmanes, ella no se considera
particularmente ligada a la islámica. Y escandalizó a los vecinos cuando rehusó
casarse con el primo que parecía destinado a ser su marido, y por otras
costumbres como la de fumar. Además, mujer inquieta, Hiam acudió a la
universidad, y estudió teatro y fotografía. Y tuvo la ventaja de dominar cuatro
idiomas: hebreo, árabe, francés e inglés.
El drama de Oriente Medio, con familias separadas por los
conflictos, le toca de cerca, pues tiene familia en países poco amistosos con
Israel como Siria. De hecho, la difícil situación le llevó a trasladarse a
París en 2002, debía moverse por Francia si quería triunfar en el mundo de la
interpretación. Y sus primeros trabajos cinematográficos serían en ese país, en
filmes como Cada uno busca su gato
(1996). De papeles pequeños pasó a otros más sustanciosos, pero siempre como
mujer árabe, allí están para corroborarlo los títulos L'ange de
goudron (2000) o Satín rojo (2002). Junto a Gérard Depardieu haría Aime
ton père (2002), pero el film que empezó a
hacerla reconocible para el público fue La novia siria (2004), donde le dirigió el cineasta judío Eran
Riklis, que cuatro años después le daría su papel más memorable en Los
limoneros (2008). En el primer film se
atrapan los problemas de identidad que surgen cuando se va a celebrar una boda,
y el otro habla de un absurdo conflicto que obliga a arrancar unos limoneros,
es un problema de seguridad. Su trabajo con Riklis da la medida de la amplitud
de miras de la actriz y el director, y permite albergar esperanzas de que los
problemas de la zona se arreglen algún día. Como me comentaba Hiam, "Yo sobre
todo pienso en la gente joven, en los niños, el futuro que les estamos dando.
Tengo la sensación de que esta generación y las dos siguiente van a estar
profundamente marcadas por esto, serán generaciones perdidas, que se habrán
alimentado por el odio. Yo procuro hacer mi papel, comprometerme a diferentes
niveles, no sólo con películas que tratan estas realidades, sino de otras
formas, y creo que es un tema en que todo el mundo debería encontrar la forma
de ayudar a solucionar lo que ocurre en ese país, porque es terrible, sobre
todo en los niños, y me refiero a ambos bandos, no estoy tomando partido."
El problema del terrorismo suicida de los islámicos está
bien presente en Paradise Now (2005), de
director árabe, Hany Abu-Assad, nominada al Oscar; y otra mirada a los
problemas de frontera está presente en Free Zone, con director israelí, Amos Gitai, y rodada el mismo año que el otro
film. Aunque ninguna de las dos películas le llevó a Estados Unidos a rodar,
eran producciones de Hollywood, que le permitieron tantear el cine que llega al
público del mundo entero. Me refiero a Munich (2005), donde Steven Spielberg abordaba los
atentados de la Olimpiada de 1972, y Natividad (2006), película que seguía la estela de La
Pasión de Cristo, al abordar el nacimiento
de Jesús; la actriz tenía el papel de Ana, la madre de la Virgen María.
Conversaciones con mi jardinero (2007) le devolvió al cine francés de la mano de
Jean Becker, un cineasta especialmente dotado para crear situaciones humanas
conmovedoras. Situaciones donde Hiam se encuentra cómoda, y que le permiten
encarnar personajes interesantes. Como el de The Visitor (2007), magnífico, donde la actriz supera
sobradamente el handicap de aparecer a mitad de metraje; Hiam conjuga bien la
preocupación propia de una madre, con una sutil historia de amor otoñal.
No falta trabajo a a esta actriz de carácter, como
demuestran los ocho títulos en que participó en 2008, y los seis que tiene para
2009. Por ejemplo, Jim Jarmusch se ha fijado en ella para Limits of Control.