La actriz griega por excelencia,
Irene Papas desprende poderío desde la pantalla. Su belleza
mediterránea le ha servido para encarnar a las heroínas
de las tragedias clásicas y a mujeres del pueblo de increíble
magnetismo.
Irini Lelekou, conocida mundialmente como Irene Papas (o Ειρήνη
Παππά, si usamos el alfabeto griego), nació en
Chiliomidi, a las afueras de Corinto, Grecia, el 3 de septiembre de
1926. Se trata, sin duda alguna, de la actriz más prestigiosa
de su país, con una dilatada y nunca interrumpida carrera
fílmica a sus espaldas, un declaradísimo amor a las
tragedias de los clásicos griegos, que ha representado en los
escenarios, y una dedicación al mundo musical junto a
compatriotas suyos de la talla de Vangelis.
Irene se formó en la Escuela
Nacional de Teatro Griego en Atenas para integrarse después en
el Teatro Nacional de Grecia, con el que participó en
representaciones de obras tan poderosas como "Las troyanas" de
Eurípides, y "Medea" y "Electra" de Sófocles.
Sobre la fuerza de estas obras ha comentado que "son textos
imperecederos porque van al fondo del razonamiento, a la existencia
del bien y del mal". En aquella época juvenil conoció
a su único marido, Alkis Papas, con el que estuvo casado entre
1943 y 1947; como puede verse, contrajo matrimonio a la temprana edad
de 17 años. Ya no volvería a casarse, aunque sí
tuvo relaciones amorosas largas y épocas de "viudez", como
ella dice. No ha tenido hijos, y afirma que le ha marcado su
experiencia de sufrir la guerra, la ocupación nazi y la lucha
interna.
En cine arrancó su carrera en
Grecia en 1948 con Hamenoi angeloi. En 1953 rodó dos
títulos en Italia como secundaria, uno de ellos la notable Los
infieles, de Mario Monicelli y Steno. En la década de los
50 picotearía en diversos títulos europeos de calidad
bastante discutible, pero que le permitían estar en la
pantalla. Su debut hollywoodiense vendría de la mano de un
western, La ley de la horca, título de Robert Wise
donde le acompañaba el duro James Cagney. Se atribuye a Elia
Kazan que la meca del cine se fijara en Papas, sin duda que el
cineasta y director teatral conocía la maestría de la
actriz en la representación de las tragedias clásicas
griegas. Y en efecto, volverían a acudir a ella para la bélica
Los cañones de Navarone (1961) y las disneyana La
bahía de las esmeraldas (1964).
Era absolutamente lógico que si
Papas era buenísima en los escenarios haciendo grandes
tragedias, alguien acabara llevándolas al cine. De modo que la
actriz encarnó a las heroínas griegas por excelencia en
Antígona (Yorgos Javellas, 1961) y Elektra
(Mihalis Kakogiannis, 1962). Si un año debe quedar marcado en
la carrera fílmica de Papas, ese año es el 1964. No
sólo es el año de Navarone, sino el de Zorba, el
griego, donde le volvía a dirigir Kakogiannis, con la
inolvidable música de Mikis Theodarakis. Coincidió allí
con Anthony Quinn, con quien en 1954 ya había hecho un peplum,
Atila, hombre o demonio, y al que volvería a tener como
compañero de reparto en Sueño de reyes (1969),
Mahoma, el mensajero de Dios (1976) y El león del
desierto (1981).
Su rostro mediterráneo, moreno y
de labios carnosos, que bien podía dar pie a un clásico
busto griego, y su formación teatral, la convirtieron en
actriz ideal para películas de época, de modo que
estuvo en títulos como las miniseries La odisea (versiones
de 1968 y 1997), Ifigenia (1977) y Las troyanas (1971),
donde además de dirigirle una vez más Kakogiannis, tuvo
como compañeras de reparto a Katharine Hepburn, Vanessa
Redgrave y Geneviève Bujold. Otros títulos de corte
histórico en que intervino son Ana de los mil días
(1969) y La Biblia: Jacob (1994). Verdaderamente era curioso
que su porte sirviera para personajes regios o de marcado carácter
popular.
Una mujer, Clara Peploe, la dirigió
en Temporada alta (1981), agradable y leve film donde aletea
la cuestión de la herencia griega europea. Sin duda que
compartir inquietudes culturales le ha llevado a repetir con el
director portugués Manoel de Oliveira en Party (1996),
Inquietud (1998) y Una película hablada (2003).
Su último trabajo hollywoodiense fue en la poco resultona La
mandolina del capitán Corelli (2001) , donde también
se veía a la española Penélope Cruz. Y
precisamente en España rodó Yerma (1998), basada
en la obra homónima de Federico García Lorca.
A Papas se le ha reconocido su
esforzado compromiso con las artes escénicas. Sobre el valor
de las obras clásicas, ha dicho que son "alimento de primera
mano para jóvenes acostumbrados a recibir respuestas sin
plantearse preguntas, están bombardeados por productos que les
niegan la lógica de acto y resultado: todo está
programado de antemano ", lo que le ha llevado a involucrarse en la
enseñanza teatral. De modo que ya anciana creó una
Escuela Internacional de Interpretación con sedes en Atenas,
Roma y Sagunto. Además, se ha empeñado a fondo con el
proyecto de la Ciudad de las Artes Escénicas de Valencia,
donde incluso ha compartido la dirección de obras con La Fura
dels Baus.