Isabel Coixet es una cineasta de lo íntimo. Esta
contadora de historias demuestra sensibilidad para adentrarse en la vida
interior de las personas, esos sentimientos que no se expresan, y que sin
embargo están allí, con su dueño deseando que alguien los entienda con la mejor
de las armas, el amor.
Isabel Coixet nació en San Adrián de Besos, Barcelona, el 9
de abril de 1962. A edad muy temprana el cine empezó a formar parte de su vida,
ya que su abuela era taquillera en una sala de su ciudad. Las películas que
veía Isabel Coixet le impelían a pensar en contar sus propias historias, algo a
lo que le ayudaría el regalo que recibió al hacer la primera comunión: una
cámara de super 8. Pero tendría que pasar el tiempo antes de que su afición se
conviertiera en profesión. Tiempo en que la futura directora se licenció en
Historia en la Universidad de Barcelona, y donde su amor al cine la llevó a
colaborar con la revista Fotogramas en la realización de entrevistas que ella
misma calificó más tarde como "horribles".
Aparte de la ficción cinematográfica, su faceta más
conocida, Coixet destaca como publicista. Fue directora creativa de JWT, y ha
rodado spots para marcas tan conocidos como los cereales Kellogg o la bebida
refrescante Pepsi; también ha apoyado con su talento audiovisisual las campañas
políticas del partido socialista en España; además, con su compañía Miss Wasabi
Films ha rodado documentales y videoclips musicales para artistas como
Alejandro Sanz. En 2010 ha impactado su muñeco gigante Miguelín para el
pabellón de España de la Expo de Shanghai.
Pero yendo al cine, 1989 fue un año importante para Coixet,
que se estrenó como guionista y directora con Demasiado viejo para morir
joven, film rodado en español -conviene
decirlo de esta directora catalana que rueda pelis de con aire de cine
independiente americano- con el que logró una nominación al Goya al mejor
director novel. No podía imaginar entonces que llegaría el día en que ella
misma sería la responsable de retransmisión televisiva de la gala de estos
premios.
En 1996 rueda su segundo largo de ficción, Cosas que nunca
te dije, y lo hace en inglés. Se nota la huella de su 'background' publicitario
en la propuesta estética, pero al tiempo estamos ante una historia íntima, los
entresijos de la ruptura de una joven pareja. La buena acogida le lleva a
intentar una segunda película en español, A los que aman (1998), pero aquí llega el chasco, esta narración de
época de amores contrariados en Galicia no consigue atraer al público. Viene un
parón en el largo de ficción de casi cinco años, pero la espera merece la pena,
Pedro Almodóvar le produce Mi vida sin mí, una mirada a la muerte a través de los ojos de una mujer -estupenda
Sarah Polley- que sabe que le queda poco tiempo de vida, que no quiere
revelarlo a sus seres queridos, y que elabora una lista de lo que debe hacer
antes de morir. La película aborda
también un tema, la maternidad, que interesa especialmente a la cineasta. Goya
al mejor guión original, se trata de nuevo de una película en inglés, idioma
con el que repite en 2005 con La vida secreta de las palabras, nuevo drama intimista con Polley 'again' más Tim
Robbins, el mejor trabajo de la directora, que transcurre en una plataforma
petrolífera, donde distintos personajes se lamen sus heridas del pasado,
accidentes y vivencias muy dolorosas. Coixet destacaría en su film "la empatía,
esa misteriosa capacidad de sentir como propios los dilemas del otro, sean
éstos los que sean, que son capaces de desarrollar, consigue romper todos las
muros -de silencio, de cinismo- que hay entre ellos". El envoltorio visual y
sonoro resulta fascinante, embriagador para los sentidos. El film ganó dos
Goyas, a la dirección y al guión.
La Coixet se ha puesto su propio listón demasiado alto. Su
solvencia profesional es indudable, y tiene razón cuando asegura que es "poco
autocomplaciente", aunque la imagen pública que da a veces produzca rechazo, su
modo acelerado de expresarse, con un estudiado punto histérico. Tras firmar
segmentos de los filmes Paris, je t'aime
(2006) e Invisibles (2007), sus
siguientes largos decepcionan un poco. Elegy (2008) adapta una novela de Philip Roth, y habla de
la relación amorosa de un cínico profesor universitario con una antigua alumna;
el reparto -Ben Kingsley, Penélope Cruz, Dennis Hopper- es solvente, pero las
emociones no fluyen con la naturalidad de otros títulos. Mientras que la deuda
de Mapa de los sonidos de Tokio
(2009) con el cine de Wong Kar Wai resulta demasiado evidente, y la aprendiz se
queda bastante por debajo del nivel de su maestro. La historia de la asesina
que se enamora de su víctima experta en vinos en Tokio, Rinko Kikuchi y Sergi
López, resulta artificiosa en exceso, su preciosismo estético ahoga el poco
creíble drama de los protagonistas.
A Coixet le interesan muchos los personajes de mujer de sus
películas, y afirma que "existe un cine dominante en el que hay unos
estereotipos -en alusión a los femeninos- que dan ganas de vomitar". En tal
sentido ella, que es madre, asegura que "tenemos que educar para
que nuestros hijos sepan ver dónde está el estereotipo y para que vean dónde
está la realidad, ya que si los niños tienen educación y criterio formado
podrán ver lo que sea y no se modificará su punto de vista".