Dominaba el arte de
la mímica y el gag visual y cogió el testigo de los grandes del cine mudo
americano y francés. Supo mostrar como nadie la vida de la gente cotidiana, en memorables
películas intemporales y divertidas. Jacques Tati es una figura a reivindicar
pues en los últimos años fuera de Francia no tiene la consideración que merece.
Y sin embargo, no sólo hizo reír al público, sino que también le hizo pensar.
Reivindicó la individualidad y la humanidad frente al progreso, muchas veces
absurdo.
Nacido en Le Pecq (Yvelines), el 9 de octubre de 1907,
Jacques Tatischeff es hijo de Georges-Emmanuel Tatischeff, que procedía de una
familia rusa, y de Claire van Hoof, de origen italoholandés. El joven Jacques
era mal estudiante, pero muy buen deportista, pues destacaba en tenis y
equitación, y posteriormente en rugby, tras fichar por el Racing Club de
Francia. Por aquel entonces, divertía a sus compañeros de equipo con sus
hilarantes imitaciones de figuras del deporte, y de esta forma descubrió su
talento para la comedia.
Jacques Tati recreó el mundo del deporte cuando inventó su
propio espectáculo humorístico, "Impressions sportives". Decide dejar su
trabajo en la empresa de enmarcadores de su padre, donde había permanecido una
temporada, y se lanza a la aventura de triunfar en la escena del music-hall.
Tras actuar en varios teatros, acaban fichándole como actor en varios filmes,
como Oscar, champion de tennis, o Soigne ton gauche, de René Clement.
Interrumpe su incipiente carrera como actor la Segunda
Guerra Mundial, ya que es movilizado en septiembre de 1939 por el ejército
francés, que es derrotado rápidamente. Durante la mayor parte de la contienda
representó la citada "Impressions sportives", hasta que le despiden
del cabaret en el que trabajaba, tras dejar embarazada a una bailarina,
desentenderse de ella y negarse a reconocer a la niña que ésta tuvo. Acaba
casándose con Micheline Winter, en 1944, y al acabar la guerra retoma su
carrera como actor.
La auténtica época dorada de Tati comienza cuando empieza a
dirigir. Había rodado dos cortos cuando acomete la aventura de poner en marcha
su primer largometraje, Día de fiesta,
rodado en 1947, aunque los resultados no terminaron de convencer a los
distribuidores, por lo que no llegó a las pantallas hasta dos años más tarde.
El cómico daba rienda suelta a su peculiar estilo, forjado en el music hall, y
en la línea del slapstick del cine mudo, para contar la historia de un cartero
que durante la feria de su pueblo ve una película que muestra los sofisticados
métodos de reparto del correo en Estados Unidos. Decide poner en marcha sus
propios sistemas para ganar en velocidad... Fue escogida para la sección
oficial del Festival de Venecia, donde recogió un Premio Internacional, y
posteriormente fue un taquillazo. Tati había encontrado la fórmula para
conectar con el público. Una de las grandes señas de identidad de este autor es
su reducción de los diálogos al mínimo, y también los peculiares sonidos de sus
películas. En esta cinta destaca el ruido de un insecto, pero en sus siguientes
trabajos siempre sacó mucho partido a los efectos sonoros.
En su siguiente film vería la luz su personaje más popular.
Años atrás había pasado unos días de asueto en la casa de unos amigos junto a
la playa de Saint-Marc-sur-Mer, y decidió que algún día regresaría allí para
rodar una película. De esta forma, se fue allí a rodar Las vacaciones del señor Hulot, genial crítica de las actuales
vacaciones programadas, donde encarna por primera vez al tímido y sencillo
protagonista, que se instala en un hotel donde también veranean ingleses y
alemanes. Hoy en día en esta playa, una estatua del señor Hulot recuerda el
rodaje del film. El cineasta fue nominado al Oscar al mejor guión.
Poco después del estreno, Tati sufrió un aparatoso accidente
de coche, que le dejó bastantes secuelas, sobre todo en la mano izquierda.
Cuando más o menos se recuperó puso en marcha el regreso de Hulot, en Mi tío, su película más recordada, por
muchísimas razones. Por ejemplo, por gags tan hilarantes como los del surtidor
del jardín de la tecnológica casa de la hermana del protagonista, pero también
por la peculiar y pegadiza banda sonora de Franck Barcellini, Alain Romans y
Norbert Glanzberg. Y por supuesto, por su divertida y sutil crítica a la
modernidad. Es también una reivindicación del derecho a la divergencia, a ser
diferente. Ganó el Oscar a la mejor película extranjera y el Premio del Jurado
en Cannes.
Hulot se extravía en París en la excelente Play Time, que costó más de lo previsto,
por sus costosos decorados, y pasó muy desapercibido. Tati acaba arruinado, y
nunca se recuperó. A pesar de todo, la gente se acercaba a él y le decía que el
film era bueno. "¿Entonces yo tenía razón?", respondía Tatí. Sí tenía
razón, su sátira de los modernos viajes organizados que idiotizan a los
turistas sigue estando, en el siglo XXI, de enorme actualidad.
Desde entonces tiene grandes problemas para financiar sus
peliculas. Trafic, donde encarna por
última vez a Hulot, está concebido originalmente como un modesto telefilm,
aunque acabó estrenándose en los cines. También tiene un presupuesto reducido Zafarrancho en el circo, que se estrenó
en la televisión sueca en 1973.
Durante muchos años, Tati estuvo intentando llevar al cine Confusion, su último guión. Pero padecía
de graves problemas de salud y además fue incapaz de obtener financiación.
Fallece por culpa de una embolia pulmonar el 4 de noviembre de 1982 en la
capital francesa. "Adiós, Monsieur Hulot. Lo lloramos cuando ha muerto.
¡Habría que haberle ayudado cuando estaba vivo!", explicaba un artículo en
Paris Match. El film animado de 2010 El
ilusionista, de Jacques Tati se basa en un guión original del cómico,
escrito en 1956.