Efectivamente, lo suyo no es la interpretación. Pero
Jean-Claude Van Damme resulta mucho más natural que otros 'musculitos' que han
pasado por las pantallas, y es mucho más fotogénico que Chuck Norris o Arnold
Schwarzenegger. Durante un tiempo el furibundo karateka empezó a rodearse de
correctos artesanos que lograron que su carrera siguiera por unos años un rumbo
ascendente.
El belga más famoso después de Tintín nació el 18 de octubre
de 1960 en Sint-Agatha Bercher. Hijo de un comerciante de flores, Jean Claude
Camille François Van Varenberg -inacabable nombre real del artista- descubrió
su gran pasión, el kárate, desde que era muy pequeño. Comenzó a tomar clases al
mismo tiempo que también practicaba ballet. A los 19 años conquistó el título
de campeón de Europa de kárate, su mayor logro profesional. Todo el dinero que
obtuvo como karateka lo invirtió en poner un gimnasio en Bruselas.
Pero al chico le habían dicho que tenía que explotar su
físico en el cine, por lo que a principios de los 80 se fue a Hollywood
decidido a triunfar, como tantos y tantos jóvenes, y como la mayoría de ellos
acabó trabajando de repartidor de pizzas.
Sólo alimentaba sus sueños el hecho de que ocasionalmente
lograba pequeños papeles, en títulos como Monaco Forever -donde era un karateka gay-, la serie Santa
Barbara -donde hacía de stripper-, El
más salvaje entre todos o Desaparecido
en combate. Le dieron un poco más de cancha
en Retroceder nunca, rendirse jamás,
donde era un luchador ruso que hacía la vida imposible al protagonista, un
joven fan de Bruce Lee. El fantasma de este mítico personaje se le aparece para
instruirle y poder enfrentarse a Van Damme. Su éxito propició dos secuelas: No
Retreat, No Surrender 2 (1988) y No
Retreat, No Surrender 3, aunque por
desgracia ya no salía Van Damme.
Al parecer, le contrató a continuación uno de los grandes
directores del cine de acción, John McTiernan, que le ofreció la oportunidad de
su vida: ponerse el traje del alienígena protagonista de Depredador. Pero como el traje era incómodo y no iba a salir en los títulos de
crédito, Van Damme se quejaba continuamente, así que le despidieron, y le
sustituyeron por Kevin Peter Hall.
Como nadie apostaba mucho por él, Van Damme tuvo una idea.
Alguien le dijo que por su restaurante solía ir mucho Menahem Golam, productor
de cine que había sacado adelante grandes clásicos del cine 'de guantazos',
como Cobra, el brazo fuerte de la ley, Masters
del Universo, y las sagas de Desaparecido
en combate y El guerrero
americano, imprescindibles para los
apasionados del género. Ni corto ni perezoso, Van Damme se presentó en el local
para hacerle en directo una somera demostración de artes marciales. Intimidado
ante la presencia de un tipo que había ido a buscarle para enseñarle lo bien
que daba patadas, Golam acabó dándole su tarjeta, posiblemente para que le
dejara cenar.
Para la empresa de Golam, la mítica Cannon, Van Damme
protagonizó Contacto sangriento, y a
continuación rodó títulos similares que hacían furor en los videoclubs: Kickboxer y Lionheart, el luchador. Los argumentos son intercambiables, pues en todas
Jean-Claude Van Damme se presenta a un torneo de artes marciales al que acuden
los mejores combatientes del mundo. Al final se enfrenta al tipo que ha dejado
paralítico a su hermano o ha realizado una maldad similar.
También probó fortuna en la ciencia ficción con Cyborg, que según sus responsables era un cruce entre Terminator y Aliens, el regreso, pero que era más bien una inmensa cutrez en la que
Van Damme se pasaba la película dando patadas para proteger a una mujer mitad
máquina. Como Van Damme estaba convencido de que era un actor estupendo, se
prestó al más difícil todavía, interpretar dos papeles en Doble
impacto.
A principios de los 90, y contra todo pronóstico, directores
de verdad con ganas de intentar hacer cine ameno, echaron mano de Van Damme
para sus películas. Roland Emmerich le emparejó con otro 'gigante de la
interpretación', Dolph Lundgren, en Soldado universal, que era un espectáculo correcto, al estilo de las
otras películas del cineasta alemán. John Woo, prestigioso director de Hong
Kong, le contrató para su debut en Hollywood, Blanco humano, producida por Sam Raimi. Y el veteranísimo Peter
Hyams (Atmósfera cero) le puso al
frente de Timecop, policía en el tiempo, una de viajes temporales y acción que funcionaba bastante bien.
Pero Van Damme no supo asimilar el éxito, y acabó haciéndose
adicto a la heroína, tras lo que
se le diagnóstico trastorno bipolar. Llegó a ser muy complicado para los
directores trabajar con él, y apareció varias veces en el telediario
completamente alcoholizado, enfrentándose a la policía.
En la vida sentimental a Van Damme le iba como en el cine, o
sea, horriblemente mal. Mr. Musculitos se ha casado en cinco ocasiones, dos de
ellas con la misma mujer, Gladys Portugues, su pareja actual, actriz que ha
intervenido en títulos como It's Alive III: Island of the Alive.
Tras pasarse la práctica totalidad del siglo XXI en
subproductos que se estrenaban en videoclubs cuando aún quedaban, Van Damme se
prestó a hacer de sí mismo en JCVD,
imaginativa cinta de Mabrouk El Mechri, donde llega a pronunciar un monólogo
sobre los errores cometidos en su vida.
Por
desgracia, Van Damme no parece capaz de reencauzar su carrera. Cometió el error
de decirle que no a Sylvester Stallone, que quería reclutarle para The
Expendables, homenaje a las estrellas del cine de acción. Por
lo visto, prefiere seguir protagonizando sus subproductos actuales.