Explotó mejor que nadie la imagen del caradura
simpático. Apodado cariñosamente Bébel, por sus compatriotas, se lo han
disputado los directores de mayor prestigioso, y ha hecho carrera en el cine de
aventuras más comercial. Jean-Paul Belmondo es una de las grandes leyendas del
cine francés.
Nacido en Neuilly-sur-Seine (Francia), el 9 de abril de
1933, Jean-Paul Belmondo es hijo del renombrado escultor parisino de ascendencia
italiana Paul Belmondo y de la pintora Madeline Rainaud-Richard. Tiene dos
hermanos, el productor de cine Alain Belmondo y la bailarina Muriel. No era
buen estudiante, tenía constantes problemas en los diferentes colegios a los
que asistió, y estaba más interesado por el deporte que por los libros, por lo
que acabó convertido en boxeador amateur en su juventud. Acabó con la nariz
rota, lo que con el tiempo ha sabido explotar en papeles de tipo duro.
Después le atrajo la interpretación, y se metió en el
Conservatorio de Arte Dramático de París. Hizo algo de teatro antes de debutar
en la gran pantalla con A pie, a caballo
y en coche, aunque todas sus escenas se quedaron en la mesa de montaje.
Su carrera empezó a despuntar cuando se convirtió en
"muso" de la Nouvelle Vague. Intervino en Una doble vida, de Claude Chabrol, y después en uno de los títulos
emblemáticos del movimiento, Al final de
la escapada, de Jean-Luc Godard, junto a Jean Seberg. Interpretaba a un
delincuente que se reencuentra con la chica de la que estuvo enamorado. Con su
estilo innovador, revolucionó el cine y señaló el camino para los directores
del movimiento emergente.
Repitió varias veces a las órdenes de Jean-Pierre Melville,
con quien rodó los thrillers El
guardaespaldas (1963) y El confidente,
y el drama Leon Morin, prête, donde
interpretaba a un sacerdote que fascina a una militante comunista, durante la
ocupación alemana.
También es bastante destacable su prolífica asociación con
el realizador Philippe de Broca, con el que explotó su físico atlético y sus
virtudes para el cine de aventuras y acción, en títulos como Cartouche, El hombre de Río, -que incluía también mucho humor-, Las tribulaciones de un chino en China
-adaptación de la novela de Jules Verne- Cómo
destruir al más famoso agente del mundo, y El incorregible, que fue su última colaboración.
En el cine francés, Belmondo sólo tenía un rival: el
guaperas Alain Delon. Cuando ambos se juntaron en la misma cinta, el drama
criminal Borsalino, reventaron las
taquillas. En la filmografía de Belmondo destaca también otro thriller en la
misma línea, El clan de los marselleses,
con Claudia Cardinale.
A lo largo de los 70, Belmondo -que había formado su propia
compañía- se involucró como productor en sus películas, aunque tuvo un sonoro
fracaso comercial, Stavisky, de Alain
Resnais, que le hizo apartarse para siempre del cine de vanguardia.
En los 80 combinó el cine de acción -con títulos como El profesional, As de ases, o El imperio del
león- con numerosas interpretaciones en el teatro, al que ha dedicado casi
en exclusiva la última etapa de su carrera. Aún así, tuvo mucha repercusión en
Francia Testigo de excepción, versión
libre de "Los miserables" de Victor Hugo en la época de los nazis, y
volvió a unirse a Alain Delon en la comedia Uno
de dos, de Patrice Leconte.
Divorciado de Elodie Constantin, estuvo unido a Natty
Belmondo, que actuó con él en Testigo de
excepción, aunque la dejó por la jovencísima Barbara Gandolfi. El peor
suceso de su vida le sobrevino cuando Patricia, su hija mayor, murió en un
incendio, en 1994.
Bébel es muy querido en su país. No sólo fue distinguido con
la Orden de la Legión de Honor por el presidente de la República, sino que también
fue presidente del Sindicato de Actores en los 60. El Festival de Cannes le ha
rendido tributo otorgándole una Palma de Oro honorífica.