Desde su primera película se convirtió en uno de
los más aclamados directores franceses debido a su estilo absolutamente
personal, apoyado en una gran imaginación, un recargado diseño de producción y
un tratamiento fotográfico asombroso.
Su seña de identidad es
tanto la creación de mundos visuales propios como la forma de presentar en
pantalla esos universos personales. Sus películas se ven a modo de cuentos para
adultos, narraciones que nunca dejan de ser fantásticas y aun surrealistas, con
personajes estrambóticos y aventuras inverosímiles.
Jean-Pierre Jeunet nació el
3 de septiembre de 1953 en Roanne, Loire, Francia. Desde muy joven ya le gustó
el mundo de las imágenes y a los 17 años se compró su primera cámara. Realizó
estudios de cine en Cinémation Studios y fue allí donde conoció a Marc Caro, un
dibujante del cual se hizo muy amigo. A los veinticinco años realizó su primer
trabajo de ficción junto a Marc Caro, el cortometraje de animación L'Evasion. Dos años después recibió el
premio César al mejor cortometraje de animación gracias a Le manège. Estaba claro que la asociación entre Jeunet y Caro
funcionaba, y al año siguiente se embarcaron en otro cortometraje, pero esta
vez con personajes reales. Los dos cineastas escribieron, dirigieron y
diseñaron la producción de Le bunker de
la dernière rafale (1981). Se trataba de una fantasía de ciencia ficción
sobre unos soldados atrapados bajo tierra. Empezaban a estar muy presentes las
constantes de Jeunet, mundos propios, cercanos al surrealismo, con personajes
raros en situaciones muy extravagantes.
Sin la colaboración de Caro
dirigió posteriormente el cortometraje Pas
de repos pour Billy Brakko (1984), de apenas cinco minutos de duración, y
se realizó también varios anuncios comerciales para la televisión y algunos
videoclips, para artistas como Julien Clerc, Étienne Daho o Jean-Michel Jarre.
En 1989 volvió a realizar en solitario un cortometraje cómico titulado Foutaises, con el que ganó el Premio
César. Fue en este trabajo cuando colaboró por primera vez con el actor
Dominique Pinon. Este actor, de aspecto extraño y feo, resultaba perfecto para
expresar la imaginería de Jeunet y se convirtió desde entonces en el más fiel
camarada del director. Desde entonces Pinon ha actuado en todas sus películas.
En 1991 Jeunet y Caro
volvieron a reunirse para dar luz verde a su primer largometraje: Delicatessen. Ambos compartieron
créditos de guionistas y directores. Por encima de cualquier otra
característica, este film llamó la atención por su oscuro y gótico diseño de
producción que recreaba un mundo postapocalíptico lleno de surrealismo. Pero
también dejó huella por su historia siniestra a más no poder (la de un
charcutero que vende carne humana), narrada en clave de comedia negra. El film
cosechó un enorme éxito internacional y se llevó multitud de premios y
nominaciones.
Por los mismos derroteros
circuló cuatro años después la siguiente película de Jeunet-Caro, titulada La ciudad de los niños perdidos. Se
trataba de una aventura de ciencia ficción bastante tenebrosa, sobre un
científico loco que rapta niños para robarles los sueños. El diseño de
producción, claustrofóbico y surrealista, volvía a ser decisivo. La película
contó con actores perfectos para el mundo amenazante de Jeunet, tales como
Jean-Claude Dreyfus, Ron Perlman o el mentado Dominique Pinon. Dos años más
tarde Jeunet firmaría su película menos personal que también supuso su primera
aventura norteamericana. El tipo arriesgó, pues se trataba de dirigir la cuarta
entrega de Alien, el octavo pasajero,
titulada en este caso Alien Resurrección,
cuyo guión había sido escrito por Joss Whedon (Serenity). Jeunet se llevó con él a Perlman y Pinon, y el resultado
general fue estimable. Sin embargo, el director no volvería a trabajar en
producciones americanas. Lo mejor de ese año 1997 tuvo que ver con su vida
personal, pues se casó con Liza Sullivan con quien había trabajado en la película.
Probablemente el mejor film del director llegó en
el año 2001. Amelie cautivó a los
espectadores de todo el mundo por su frescura, romanticismo, diseño e
interpretación de la actriz protagonista, una dulce Audrey Tautou que se
convertiría en estrella de la noche a la mañana y que haga lo que haga siempre será
recordada por ese papel. El film, que también incluía una partitura maravillosa
del compositor Yann Tiersen, fue premiado en numerosos festivales y recibió 5
nominaciones al Oscar. Tautou repitió con el director en su siguiente película,
Largo domingo de noviazgo (2004),
aunque esta vez se trataba de una cinta desigual en torno a la I Guerra Mundial
que no acababa de encontrar el tono, entre bélico, nostálgico y romántico.
Jeunet tampoco debió de quedar muy satisfecho y se tomó un respiro laboral
antes de escribir y dirigir su siguiente film cinco años después: la divertida
comedia Micmacs, donde Jeunet hace
una severa crítica al tráfico de armas, con un diseño de producción muy de su
estilo y donde ha contado con el comediante Dany Boon para el papel
protagonista.