Gigante de altura -levanta 1'85 metros del suelo- y
gigante de la interpretación. No hay quinto malo, y parece más que probable que
Corazón rebelde sea su quinta
nominación al Oscar. Si hay justicia en Hollywood -algo que muchos dudan-, esta
vez debería llevarse la estatuilla a casa.
Jeffrey Leon Bridges nació el 4 de diciembre de 1949 en Los
Ángeles, California. No podía ser de otra manera, pues su padre, Lloyd Bridges,
era un popular actor de cine. La madre Dorothy Dean Bridges haría algunos
pinitos, pocos, en la profesión, mientras que el hermano mayor Beau Bridges sí
que desarrollaría una carrera actoral, aunque no tan brillante como la de Jeff.
Que la vocación actoral era cosa de familia quedó claro bien pronto, pues la
madre y los dos pequeños aparecieron como extras en el film de John CromwellLibertad
bajo palabra (1951). Poco se puede decir
del trabajo de Jeff, pues aún no había cumplido ni los dos años.
Que el cine y la televisión eran una escuela puede deducirse
de que los dos hermanos aparecieron en un par de episodios de Sea Hunt, serie submarina protagonizada por su progenitor, y
también en el show televisivo de Lloyd Bridges. Estaba claro que la idea era
transmitir la preciosa herencia de la profesión de actor, y con 14 años Lloyd
se llevó a Jeff de gira teatral, en el espectáculo "Anniversary Waltz". El
muchacho habría tenido una adolescencia rebelde, incluso con problemas con la
droga, pero los padres parece que lograran reconducir el problema. La terapia
se llamaba "trabajo". De modo que en 1969 Jeff asumió en televisión la versión
juvenil del personaje de su padre en Silent Night, Lonely Night.
The Yin and the Yang of Mr. Go (1970) se puede considerar su debut en el cine. Era un thriller un
tanto raro de Burgess Meredith, con James Mason de protagonista. Ese mismo año
intervino junto a otro juvenil Rob Reiner en Odio en las aulas. La imagen de rebelde juvenil impredecible debió
ayudar a que fuera seleccionado al año siguiente para una película legendaria
por su nostálgica cinefilia, La última película, de Peter Bogdanovich. Sin comerlo ni beberlo, Jeff
se encontró con una nominación al Oscar como actor de reparto. Así las cosas
resultaba natural que John Huston contara con él a renglón seguido para la peli
de boxeo Fat City, ciudad dorada.
Su juvenil rostro risueño daba a los personajes que
encarnaba un particular encanto. No es raro por ello que pudiera ser el héroe
en King Kong (1976), el hombre digital
de Tron (1982) o Starman (1984), un alienígena de buenas intenciones, papel que
le dio la tercera candidatura a un Oscar. Lo que no impedía personajes más
complejos en dramas desgarradores -El repartidor de hielo (1973), según la obra de Eugene O'Neill- o su
intervención en los westerns Pistoleros en el infierno y La puerta del cielo (1980), este último bajo la dirección de Michael
Cimino. Con Clint Eastwood rodaría Un botín de 500.000 dólares (1974), que le valió su segunda nominación al Oscar.
Podría uno detenerse en cada título de la filmografía de
Bridges, pero en los 80 hay que destacar el idealismo de Tucker, un hombre y
su sueño (1988), la trayectoria optimista de
un genial inventor contada por Francis Ford Coppola. Y su mano a mano con su hermano
en la realidad y en la ficción Beau, y con Michelle Pfeiffer en Los
fabulosos Baker Boys (1989), con la famosa
escena del piano.
Los 90 arrancaron con Texasville, digna secuela de La última sesión. Le siguió en 1991 El rey pescador, gran película caballeresca del a veces excesivo
Terry Guilliam, no hay más que pensar que a Bridges le tocaría quince años
después hacer la infumable Tideland.
Curiosamente hizo para grandes directores películas que no se cuentan entre lo
mejor de dichos cineastas: Sin miedo a la vida (1993), mirada a los traumas de un accidente aéreo
de Peter Weir, y Tormenta blanca
(1996), la navegación en un barco escuela según Ridley Scott. Más acierto hubo
en el 'nota' de El gran Lebowski (1998)
de los hermanos Coen.
Se mire como se mire, uno tiene la sensación de que Bridges
se lo pasa en grande haciendo cine, y que prueba de todo y con todos, no le
hace ascos a nada. Un profesional todoterreno, vaya. Y que escoge películas que
puedan gustar al público, controlando los riesgos de alguna que otra rareza.
Están las bombas de Volar por los aires
(1994), el psicópata de la inquietante Secuestrada (1993), la experiencia de ponerse a las órdenes de
Barbra StreisandEl amor tiene dos caras (1994), el miedo de Arlington Road (1999), la política de Candidata al poder (2000) -nueva nominación al Oscar-, la incredulidad
ante el marciano de K-Pax (2001),
las carreras de caballos de Seabiscuit (2003), el escritor desnortado y de desastrosa vida conyugal de The
Door in the Floor (2004). Hasta se atreve
con el cine deportivo (Stick It,
2006), con los superhéroes (Iron Man,
2008, con mucho sentido del humor) y con la sátira política (Los
hombres que miraban fijamente a las cabras,
2009).
Corazón rebelde
(2009) es uno de esos 'papeles bombón' que un grande de la actuación convierte
en personaje creíble, real, de carne y hueso. Resulta conmovedora su composición
de cantante country alcohólico, todo un carácter, pero de vida familiar desastrosa,
necesitado de redención. Por cierto, que nadie dirá que aquí ha buceado en su
propia vida. Jeff creció en una familia estable, y él mismo creó un hogar sin
fisuras. En 1977 se casó con Susan Geston, que no es actriz ni profesional del
cine, y ha tenido tres hijas, Isabelle (1981), Jessica (1983) y Hayley (1985).
Eso sí, ninguna de ellas ha seguido los pasos cinematográficos del progenitor.
Aficionado a la fotografía, Jeff Bridges mantiene su propia página web, jeffbridges.com, escrita de su puño y letra, nunca mejor dicho en su original diseño.