Ha logrado llegar a
los espectadores del mundo entero sin renunciar a sus señas de identidad
irlandesa. Jim Sheridan era un cineasta de filmografía impecable, aunque en los
últimos años anda un tanto desorientado...
Nacido en la capital de Irlanda, el 6 de febrero de 1949,
Jim Sheridan es hijo de un director teatral, profesión que a él le ha fascinado
toda su vida, pues desde una edad muy temprana quería seguir los pasos de su
progenitor. Su infancia estuvo marcada por la trágica muerte de Frankie, su
hermano, por culpa de un tumor cerebral. "En Irlanda, la familia es fundamental.
Cuando murió mi hermano Frankie,
mi padre reunió a la familia para discutir y asimilar la pérdida", explica
el cineasta en una entrevista con Alberto Fijo. "En cierto sentido, mis
películas son un medio para restaurar ese ambiente de intimidad inmediata de la
familia que mucha gente está buscando, pues en el mundo actual se ha perdido".
Tras contraer matrimonio con Fran, con la que tuvo tres
hijas, Sheridan cogió a toda la familia y emprendió la aventura americana, para
tratar de abrirse camino en los escenarios de Broadway. "Tuve que marcharme
a Estados Unidos porque no me gustaba que en la mayoría de los países europeos
los Estados pagaran a los intelectuales para que fueran izquierdistas
radicales. No me fío de los intelectuales radicales asalariados del Estado",
recuerda Sheridan.
Hizo un curso de seis semanas en la Escuela de Cine de la
Universidad de Nueva York, pero después la suerte no le acompañó por lo que se
vio obligado a sobrevivir con grandes apuros económicos, durante unos años que
posteriormente inspirarían una de sus películas.
De vuelta a su país natal, a finales de los 80, Sheridan escribió
y dirigió una de las óperas primas más redondas que se recuerdan, Mi pie izquierdo, biografía de su
compatriota el pintor Christy Brown, paralítico cerebral de extracción humilde
que sólo podía valerse de su pie izquierdo para escribir y pintar. Basada en la
autobiografía de Brown, su mensaje positivo en torno a la autosuperación y la
tenacidad cuajó contra pronóstico en todo el mundo. Además, obtuvieron
merecidos Oscar un inmenso Daniel Day-Lewis -desde entonces actor fetiche del
realizador-, que encarnaba al pintor, y Brenda Fricker (la madre), como
secundaria.
Aunque recibió numerosas ofertas para rodar en Hollywood,
Sheridan se quedó en Irlanda para rodar El
prado, con otro impecable trabajo actoral, en esta ocasión de Richard
Harris, como granjero enfrentado a los especuladores sin escrúpulos.
Sheridan fue también el autor del guión de Escapada al sur, sobre unos niños
irlandeses y un mágico caballo blanco, que dirigió Mike Newell.
Pero el film más redondo de Sheridan es sin duda En el nombre del padre, basado también
en una historia real, el drama de Gerry Conlon, uno de los Cuatro de Guilford,
que fueron encarcelados injustamente confundidos con los terroristas del IRA
que habían puesto una bomba en un pub, que causó varias víctimas. El punto
fuerte es la relación del protagonista -de nuevo Day-Lewis- con su padre -el
entonces poco conocido Pete Postlethwaite-. Obtuvo 7 nominaciones al Oscar,
aunque finalmente no materializó ninguno.
Sheridan volvió a tratar el terrorismo en Irlanda del Norte,
como guionista de En el nombre del hijo,
con la que debutaba como director Terry George (que fue coguionista con él de En el nombre del padre). Helen Mirren
bordaba su papel de madre de un joven terrorista encarcelado. El siguiente
trabajo como director de Sheridan, The
Boxer, de 1997, recupera a Day-Lewis, como boxeador encarcelado por un
delito que no cometió que al salir de la cárcel trata de rehacer su vida en una
Irlanda del Norte donde empiezan a notarse los elementos que darían lugar al
proceso de paz.
Su dura experiencia como emigrante en EE.UU., dio lugar a la
emotiva En América, una de sus
mejores cintas, coescrita con dos de sus hijas, Naomi Sheridan y Kirsten
Sheridan, que vivieron aquellos días. Sigue el periplo de un matrimonio
irlandés con dos niñas que se busca la vida en una barriada neoyorquina. Al
igual que en la vida real, los protagonistas logran superar los momentos
difíciles gracias a la unidad familiar.
Pero América no se le da bien del todo a Sheridan, que se
empeñó en dirigir la cinta estadounidense Get
Rich or Die Tryin', que por primera vez en su filmografía, no se basa en un
guión propio, sino en un libreto de Terence Winter, que parte de los recuerdos
del actor protagonista, el rapero 50 Cents. A pesar de la calidad innegable de la
cinta, fue un estrepitoso fracaso en las taquillas.
También en Hollywood, con guión ajeno, Sheridan filma Brothers (Hermanos) innecesario e
insulso remake en inglés del brillante film de Susanne Bier. A pesar de todo,
el irlandés sigue en la meca del cine, donde ha debutado en el terror con otro
film de guión ajeno, Detrás de las
paredes, que ha supuesto una mala experiencia. Como los productores no le
han dejado montar la cinta según su criterio, el realizador ha llegado a
intentar que se retirara su nombre de los títulos de crédito.