Cineasta riguroso, sería un craso error considerar al británico Joe Wright como director de filmes de época de corte académico, porque aunque le gusta partir para sus películas de buena literatura, su gramática cinematográfica resulta personalísima.
Joe
Wright nació en Londres, Reino Unido, en 1972. Su progenitor bien podía haber
sido su abuelo, pues cuando el recién nacido vio la luz del mundo tenía 65
años. En la capital inglesa sus padres regentaban el Little Angel Theatre, un
teatro de marionetas sito en el distrito de Islington. Es de suponer que tal
hogar sirvió para que se desarrollara su gusto y talento artístico, pintando,
actuando en un club de teatro, y haciendo películas de Super 8. Ello
conviviendo con su dislexia, una dificultad que sin duda contribuyó a que no
terminara sus estudios de secundaria.
De modo
que el joven Wright empezó a trabajar en el teatro de sus padres, al tiempo que
tomaba clases interpretativas en la escuela Anna Scher. Los estudios artísticos
sí le atraían, como demostró en St. Martins, donde se sacó un título en cine y
bellas artes. Obtendría una beca de la BBC para rodar un corto, Cocodrile Snap
(1997), que fue muy premiado e incluso fue nominado al BAFTA. Pero éste y otros
logros no los vería nunca el padre de Joe, que murió cuando él tenía 19 años.
Vinieron
entonces los trabajos de televisión, magnífica escuela para curtirse en el
oficio de cineasta, aunque estaba claro que Wright tenía un don para la
dirección. Su primera miniserie fue Nature
Boy (2000), y luego hizo con Timothy SpallBodily Harm (2002), pero el trabajo televisivo que más alegrías le
dio fue sin duda Charles II: The Power
& The Passion (2003), premiada con el BAFTA a la mejor serie dramática.
Hace
falta valor sin duda para debutar en el cine con una novela de Jane Austen
repetidamente adaptada para el cine y la televisión. Pero lo cierto es que Orgullo y prejuicio (2005) resultó una
versión encantadora, donde las tribulaciones de la familia Bennet estaban
perfectamente captadas, y Keira Knightley -nominada al Oscar- resultaba
encantadora como Lizzy, incapaz de reconocer su atracción por el hosco Darcy,
encarnado por Matthew McFayden, quien desde luego lo tenía difícil para hacer
olvidar el trabajo de Colin Firth en la versión televisiva. Aseguraba Wright
que este trabajo fue el primer que hizo con un final feliz, y cayó en la cuenta
de que "los finales felices y la satisfacción completa son una parte
increíblemente importante de nuestra vida cultural".
Y si en
el film de Austen los personajes resultaban muy enamoradizos, parecía también
que el director encontraba el amor en Rosamund Pike, una de las hermanas
Bennet; con ella llegó a anunciar su compromiso matrimonial, aunque finalmente
éste nunca se materializó.
Partir
de una buena base literaria parecía convenir a Wright, que para su segundo
largometraje adaptó una de las mejores novelas de Ian McEwan. De nuevo abordaba
en Expiación (2007) una historia de
amores contrariados, pero más desgarrada, sobre todo por los celos y la mentira
que desencadenaban la tragedia. Repetía con el cineasta la Knightley, pero se
llevó el gato al agua la entonces desconocida Saoirse Ronan, perfecta como
Briony, la hermana de Cecilia a la que le complica tremendamente la vida. Ronan
fue nominada al Oscar, una de las siete opciones a los premios que incluía la
de mejor película.
El film
llamaba la atención no sólo por su gran dirección de actores y ambientación,
sino por sus audacias narrativas, en los saltos temporales, o en la repetición
de los mismos hechos desde distintos puntos de vista. Las transiciones eran
maravillosas, y resultaba muy inteligente el uso del sonido, por ejemplo
uniendo la hermosa banda sonora con el teclear de la máquina de escribir de la
escritora en ciernes Briony. Además se incluía todo un alarde de plano
secuencia en un campamento militar.
McEwan
señalaba la dificultad de atrapar los pensamientos y la conciencia de Briony en
una película, pero afirmaba que "el casting de Saoirse Ronan fue realmente
astuto. Es una chica muy observadora, una actriz joven completamente
intuitiva".
En su
tercera incursión cinematográfica, Wright también manejaba material que
previamente había tenido forma de libro. Eso sí, en esta ocasión se trata de
una historia contemporánea y basada en hechos reales. En El solista contaba la historia de un vagabundo descubierto por un
periodista, que es un auténtico virtuoso del violín aunque tiene problemas
mentales. De nuevo exploraba sonidos musicales, y aunque el film no llamó la
atención tanto como los anteriores, era más que interesante y contaba con dos
estupendos actores, Robert Downey Jr. y Jamie Foxx.
La
última incursión cinematográfica de Hanna
(2011) demuestra Wright es un cineasta original, con deseos de explorar. En
este film maneja por primera vez un texto escrito directamente para la
pantalla, y que estemos ante un intrigante film de espías con mucho acción
puede parecer que no casa mucho con el cineasta. Pero lo cierto es que el film
hunde sus raíces en la tradición litearia del cuento, y resulta tremendamente
imaginativo, también en los aspectos visuales y sonoros. Protagoniza la cinta
una actriz que está creciendo bien y con la que ya trabajó Wright en Expiación: Saoirse Ronan. Así explicaba
el cineasta su involucración en el proyecto: "Lo
primero y más importante que me interesó fue el personaje de Hanna; no vemos
demasiadas películas con actrices adolescentes como protagonistas. De forma
temática, siempre me han producido curiosidad los personajes que son tontos
sagrados -como E.T., el extraterrestre, Chauncey Gardiner en Bienvenido Mr. Chance y Kaspar Hauser en
el film de Werner Herzog [El enigma de
Kaspar Hauser]- y que no son realmente de este mundo. Especialmente los
últimos dos, crecieron en un mundo donde no existe la presión social de la
llamada civilizacion. Entran en nuestro mundo con una conciencia adulta pero
con la inocencia de un niño."
El
próximoa proyecto de Wright será literario, una adaptación de "Ana Karenina",
obra de Leo Tolstoy desafiante sin duda, y llevada repetidas veces a la
pantalla. La protagonista será Keira Knightley, y repiten con el director
algunos de sus actores habituales como Saoirse Ronan, Matthew McFayden y Olivia
Williams, a los que se suman Jude Law y Aaron Johnson.