Jonathan Rhys Meyers se ha forjado su destino siempre rodeado de actores reconocidos. Sus intensos ojos verdes, su mirada penetrante y su 1,77 metros de estatura le han llevado a ser el mismísimo rey de Inglaterra, Enrique VIII. Podríamos decir que su entrada en el Olimpo del cine fue con Elvis y de ahí, al cielo, que hoy se halla en la pequeña pantalla y las series.
Su
llegada al mundo, el 27 de julio de 1977 en Dublín (Irlanda), fue bastante
complicada puesto que los médicos le detectaron problemas en el corazón. Tanto
sus padres como los propios médicos no esperaban que sobreviviera, por lo que
fue bautizado rápidamente, para que al menos muriera como un buen cristiano.
Sin embargo, tras tres meses en estado de observación y cuidados intensivos
logró superar su problema de salud.
Su
verdadero nombre es Jonathan Michael Francis O'Keefe y su nombre artístico
deriva del apellido de soltera de su madre, Geraldine Meyers-O'Keefe. Sus
padres se separaron en 1980, quedando Geraldine sola a su cargo y al de sus
tres hermanos menores Jamie, Alan y Paul.
La
adolescencia de este actor irlandés fue difícil. Jonathan pasó tiempo en un
orfanato y fue expulsado de su escuela a los 16 años. Tras andar sin empleo ni
estudios, vagando por las salas de billar, la oportunidad que llega y marca el
camino que seguirá una persona en su vida quiso que le tocara a Jonathan Rhys
Meyers. Unos agentes de casting que buscaban jóvenes irlandeses para aparecer
en la película War of the Buttons
vieron a Jonathan en un billar de Cork y lo invitaron a una audición. Aunque no
fue elegido para esta película, los agentes de casting le animaron para que
continuara presentándose a otras audiciones. De esta forma, su primer papel
llegó en 1994 con Un hombre sin
importancia.
A
partir de ahí inició un lento pero seguro camino hacia la fama. Rhys Meyers era
un buen músico y lo demostró en 1998 con Velvet
Goldmine, compartiendo cartel con Ewan McGregor, Toni Collette -con quien
mantuvo un noviazgo- y Christian Bale. Su osada encarnación del ex roquero glam
Brian Slade le valió una nominación del Círculo de Críticos Cinematográficos de
Londres. Fue en ese momento cuando se dio a conocer internacionalmente y desde
entonces no ha parado de trabajar con los actores más famosos del momento.
Además trabajó en cintas como The
Governess y B. Monkey, ésta
protagonizada por la bella actriz Asia Argento, con quien inició un romance
durante el rodaje. Ya en 1999, actuó junto a Jessica Lange y Anthony Hopkins en
la adaptación de William ShakespeareTitus. Inició un romance con la actriz y modelo Stella Warren tras conocerse durante
la filmación de Tangled.
Podríamos
decir que su mejor año sin lugar a dudas fue el 2005. Jonathan ganó un casting
al que se presentaron más de 200 aspirantes para encarnar a Elvis Presley en la
miniserie Elvis: el comienzo, junto a
Rose McGowan que interpretaba a la actriz Ann-Marget. Tanto es así que afianzó
su carrera como actor llegando a ser nominado a un Emmy y obteniendo un Globo
de Oro. Ese mismo año, el gran Woody Allen supo apreciar sus dotes
interpretativas y su encanto físico para darle el coprotagonismo de Match Point, junto a la musa de éste,
Scarlett Johansson. La película fue estrenada en Cannes y Rhys Meyers ganó el
Premio Chopard al actor revelación. Su interpretación fue aclamada por la
crítica como una de las mejores del año. A pesar de los incontables rumores
acerca de una relación amorosa con Scarlett, Jonathan Rhys Meyers siempre ha
afirmado que no sucedió nada fuera de lo profesional. Al año siguiente trabajó
al lado de Tom Cruise en Misión Imposible
III.
El
2007 fue un año duro, agridulce tal vez, para este actor irlandés. El domingo
18 de noviembre fue arrestado en el aeropuerto de Dublín por alteración del
orden público y por estar bajo los efectos del alcohol. Aunque fue liberado
bajo fianza, tuvo que comparecer ante la Tribunal del Distrito de Dublín. Se
encontraba en su país natal para promocionar su nueva película August Rush en el programa de televisión
Tubridy Tonight. Dos días después, el 20 de noviembre, su madre falleció a los
50 años, tras una larga enfermedad. Su amigo Colin Farrell estuvo con él,
acompañándole en el funeral.
Hay
que destacar su vocación por la música. Quizás le venga en la sangre, ya que su
padre era un músico de folk y sus tres hermanos son músicos. Es fanático de Bob
Marley y de la música irlandesa. Gracias a su personaje en el film Velvet Goldmine pudimos descubrir esta
faceta desconocida hasta el momento. Jonathan interpretó muchas de las
canciones de la película, aunque algunas de éstas fueron reemplazadas en el CD
de la banda sonora por otras canciones interpretadas por vocalistas conocidos.
También canta en la miniserie de televisión Los
magníficos Ambersons, Elvis y en la
película August Rush. Tal es su
pasión que incluso toca en bares mientras descansa de su trabajo como actor.
No
podemos obviar su interpretación en la serie Los Tudor donde interpreta al rey Enrique VIII. Nunca nos
hubiéramos imaginado que su perfecta fisionomía y su atlético cuerpo pudiera
recordarnos al obeso, barbudo y enfermo de gota Enrique VIII de Inglaterra,
inmortalizado en los retratos de la época. Pero si nos olvidamos de todo esto y
de las clásicas interpretaciones en el cine de Charles Laughton y Richard
Burton, podemos imaginarnos al joven, seductor, ambicioso, inteligente y
reconocido por su gusto a cortar cabezas que los productores de Los Tudor nos hacen creer. "Es el mejor
rey que ha tenido Inglaterra, su corte era la meca del entretenimiento y la más
influyente de Europa", afirma Jonathan. Además dice que no fue tan difícil
interpretar al monarca sino todo lo contrario, fue un proceso muy divertido e
interesante.
Con
antecedentes en varias campañas de modelo fue elegido como la cara de la
colección para hombres de Versace durante las temporadas 2006 y 2007. Además, fue
imagen de Hugo Boss.
Desde
el año 2005 hasta la actualidad mantiene un romance con Reena Hammer. A
principios de 2007 tras dos años de relación tuvieron una crisis, pero a finales
del mismo año decidieron seguir juntos. Reconoce ser narcisista en parte por la
inseguridad que tiene. Si no fuese tan inseguro, no trabajaría tan duro como lo
hace. Suele leer las malas críticas porque piensa que son las únicas honestas.
A pesar de su fama de excelente imitador -Woody Allen es uno de sus personajes
recurrentes- dice que no podría hacer comedias puesto que se considera un
comediante horrible.
Desde
que su madre falleciera, Jonathan Rhys Meyers ha pasado por altibajos hasta tal
punto que el 30 de junio de 2011 el diario británico The Sun publicó que Rhys
Meyers había sido hospitalizado por un supuesto intento de suicidio provocado
por una sobredosis de medicamentos. Como se suele decir, "lo bueno con lo malo
van de la mano". Cuando no está filmando alguna producción reside en Londres y
en Los Ángeles.