Tiene una legión de devotos incondicionales, sobre
todo de avanzada edad, y por otro lado, auténticos detractores que no soportan
su cine. Pero a Garci hay que situarle en su justa medida, como un gran conocedor
del cine, exigente con la calidad técnica y artística de sus películas al que,
es justo reconocerlo, le pierde el sentimentalismo gratuito. Su trayectoria
está marcada por algunas curiosas polémicas.
Asturiano de
corazón, su familia procede de allí, aunque él nació en Madrid, el 20 de enero
de 1944, y como muchos deducen a la primera su curioso apellido se explica
porque se llama José Luis García Muñoz. Durante su infancia en la España
humilde de postguerra acude asiduamente para evadirse a las salas de cine, y se
convierte en un niño cinéfilo más bien 'repipi' que puede debatir con sólidos
argumentos sobre John Ford, o Howard Hawks con los profesionales. Pero también
se enamora de otras joyas, como la música de Cole Porter, o la literatura de
Rudyard Kipling.
Aunque tras
estudiar Preu (preuniversitario) se pone a trabajar como auxiliar
administrativo en una entidad bancaria, Garci colabora como crítico de cine en
revistas como "Signo" o "Cinestudio". También da rienda suelta a su pasión
literaria, escribiendo relatos, lo que le llevaría a ganar el Premio Puerta de
Oro. Poco a poco va metiendo cabeza hasta que consigue colaborar como guionista
con directores de la época, como Pedro Olea (No es bueno que el hombre esté
solo), Roberto Bodegas (Los
nuevos españoles, Vida
conyugal sana) o Antonio
Giménez Rico (El Cronicón).
Quizás su mejor trabajo es el guión de La cabina, coescrito con el director de esta
joyita, Antonio Mercero, que les hizo acreedores de un Emmy, una hazaña
impensable para los realizadores españoles de la época. Mercero dirigió años
después La Gioconda está triste,
con guión de Garci.
Después de los
cortos Mi Marilyn y Al
fútbol -sobre otra de
sus grandes pasiones, el balompié-,
debuta como director de largometrajes con Asignatura pendiente, que describía la realidad de la España
de la Transición a través de una historia de amor. La protagonizaban Fiorella
Faltoyano y José Sacristán, dúo que también encabeza el reparto de Solos en
la madrugada, su segundo
trabajo, sobre un locutor de radio. Para los papeles principales de Las
verdes praderas recurrió
a otros dos de sus actores favoritos, Alfredo Landa y María Casanova,
matrimonio que pasa los fines de semana en un chalet de la sierra madrileña.
Ambos repitieron a sus órdenes en El Crack, homenaje al cine negro de los años 40, que llegó a tener
una secuela.
En 1982, el año
en el que se celebró el Mundial de Fútbol en España, Garci logró un hito hasta
entonces muy complicado, ganó por primera vez el Oscar -a la mejor película de
habla no inglesa- para una producción española, por Volver a empezar. Pero la cinta, un drama sobre un profesor jubilado que se
reencuentra con una antigua novia, desata críticas feroces por su dramatismo
facilón.
Volvió a ser
nominado al Oscar con Sesión continua, uno de sus mejores trabajos, por su mirada al cine
clásico. España solía apostar sobre seguro, mandando sus películas a la
Academia de Hollywood, y ésta las recibía con entusiasmo, pues también fue
candidata a la estatuilla Asignatura aprobada.
En los 90, Garci
comienza a dirigir y presentar el programa cinéfilo televisivo "Qué grande es
el cine". Como cineasta, inicia una nueva etapa marcada por las adaptaciones,
con Canción de cuna,
un eficaz melodrama que lleva a la pantalla una obra teatral de Gregorio Martínez
Sierra. Le siguen la fallida La herida luminosa (1997) , sobre un texto de Josep María de
Sagarra, y El abuelo,
que adapta nada menos que a Benito Pérez Galdós. Con ella obtuvo su cuarta
nominación al Oscar.
Aunque su
protagonista, Fernando Fernán Gómez, obtuvo un merecido Goya al mejor actor,
Garci se vio envuelto en una surrealista polémica. Antes de las votaciones,
varios académicos recibieron en sus domicilios un anónimo con el siguiente
texto: "Los mensajeros de José Luis Garci le
anunciamos nuestra próxima visita, en la que recogeremos una vez más las
papeletas y les desearemos personalmente un feliz año nuevo". Además, el
director Pedro Costa acusó a Garci de pagar cuotas de algunos socios para que
pudieran votar por él.
La Academia
llegó a hacer una auditoría que demostró que nadie que hubiera pagado sus
cuotas a última hora estaba relacionado con Garci. Pero a éste no le sentó nada
bien que con el fin de no enturbiar la gala de los Goya, la Academia se
retrasase en hacer público un comunicado sobre este informe, que le dejaba
libre de culpa. Decidió no acudir a la gala y darse de baja como miembro de la
institución.
You're the
one (Una historia de entonces)
e Historia de un beso
son dos dramas intimistas que se desarrollan en el imaginario pueblo asturiano
de Cerralbos del Sella.
En los últimos
años Garci no ha estado tan inspirado como en otras ocasiones, con películas
como la insulsa Tíovivo c.1950,
recopilación de pequeñas historias sin ningún interés. También rodó Ninette, fallida adaptación de una divertida
obra de Miguel Mihura con la que demostró que la comedia no es lo suyo. Por su
parte, Sangre de mayo
no deja lugar a dudas: el cine histórico con secuencias de masas tampoco se le
da bien. De los últimos años se salva el inspirado film Luz de domingo, con su amigo Alfredo Landa, drama en un
pueblo asturiano que por momentos parece un western.
Ex esposo de la
presentadora Ana Rosa Quintana, Garci también estuvo ligado por un tiempo a
diversas mujeres, como la actriz Cayetana Guillén Cuervo. En 2004 se casó con
Andrea Tenuta, actriz argentina que aparecía en Luz de domingo.