Olvidado por motivos
políticos, es de rigor recordar que José Luis Sáenz de Heredia es una figura
esencial de la Historia del Cine Español. No se debe dejar caer en sacto a
quien fue un gran narrador fílmico, de estilo clásico, que destacó en diversos
géneros, y que brilló con sus adaptaciones literarias y algunos títulos como Historias de la radio.
José Luis Sáenz de Heredia y Oslo nació en la capital de
España, el 10 de abril de 1911. Proviene de una familia aristocrática, muy
relacionada con la política, ya que era primo carnal de José Antonio Primo de
Rivera y Sáenz de Heredia, el fundador de la Falange y por tanto sobrino del
general Miguel Primo de Rivera.
Debutó como realizador de largometrajes de forma casual. Según
el libro "Arte y política en el cine de la República", de José María
Caparrós Lera, unos estudios sonoros recién inaugurados, los Ballesteros-Tona,
le encargaron el guión de Patricio miró
una estrella, con la que pensaban convertirse en productora ocasional de
películas. El propietario de la empresa, Serafín Ballesteros, y director de
fotografía, discutió con el director, Fernando Delgado, poco después de empezar
el rodaje. A Ballesteros no se le ocurrió una idea mejor que llamar al
guionista. "Estoy en un lío horroroso. Tienes que dirigir tú", le
dijo. "Yo me resistía", recordaba Sáenz de Heredia. "Le confesé
que cuando había visto el cine más cerca había sido desde la fila ocho. Pero
fue todo inútil, insistía, y por otra parte me pareció una buena oportunidad,
así que acepté".
Por su inexperiencia, Sáenz de Heredia tardó nada menos que ocho
meses en completar la cinta. "Recuerdo que me encontraba por la calle con
Edgar Neville, que con su gracejo de siempre me preguntaba: ¿Qué tal va ese Rey de reyes?", explicaba el
director, que cobró la friolera de 210 pesetas, y además, empezó a conocer el
oficio.
El film, en torno al dependiente de una mercería, que sueña
con ser actor, retrata con cierta gracia el mundillo del cine, y obtuvo
críticas muy elogiosas tras su estreno. Pero fue un estrepitoso fracaso
comercial, que sólo llegó a estar una semana en cartel. De esta forma,
Ballesteros estaba prácticamente arruinado por lo que decidió alquilar sus
estudios a otros productores.
Aunque también para Ballesteros había dirigido el corto de
animación Cuento de Navidad (1934)
con el guitarrista Daniel Fortea, Sáenz de Heredia se había quedado en la calle.
Pero acudió a visitar a Luis Buñuel, que por entonces tenía un inmenso prestigio
como realizador de la surrealista Un
perro andaluz, y se había convertido en máximo responsable de producción en
los estudios Filmófono. Argumentando que tenía experiencia como director, Sáenz
de Heredia se ofreció a filmar lo que hiciera falta. El aragonés le puso a
codirigir con el dramaturgo Nemesio M. Sobrevila la notable La hija de Juan Simón, sobre un hombre
enamorado de la hija de un enterrador a pesar de la oposición de la madre de
ella. El propio Buñuel intervenía brevemente como actor, y extraoficialmente
rodaba alguna secuencia, por lo que Sáenz de Heredia aprendió numerosos trucos
del oficio. La cinta fue un éxito enorme, y de hecho muchos años después se
rodó un remake con Antonio Molina.
La carrera del realizador en ciernes se vio interrumpida por
el estallido de la Guerra Civil. Al principio de la contienda, fue capturado
por milicianos comunistas y estuvo a punto de ser fusilado, por su parentesco
con José Antonio Primo de Rivera. Intercedió por él su jefe, Luis Buñuel, que
recuerda el dramático episodio en "Mi último suspiro", su libro de
memorias. El director de Viridiana
testificó a su favor, y consiguió que todos los que trabajaron con él acudieran
a argumentar que era una gran persona y que les había tratado con enorme
profesionalidad. A lo largo de los años, Sáenz de Heredia siempre mantuvo la
amistad con Buñuel, que aunque se exilió en México le visitaba cuando viajaba a
España.
Pasó el resto de la guerra alineado con el bando nacional, y
llegó a ascender al grado de teniente. Cuando acabó el conflicto, retomó su
carrera como director de documentales y también rodó la comedia A mí no me mire usted, que tenía como
secundario a Fernando Rey. El propio Francisco Franco le eligió para llevar al
cine Raza, un film que sintetiza su
pensamiento y el ideario de su régimen. Se basa en un argumento de Franco, que
aparece en los títulos de crédito con el pseudónimo de Jaime de Andrade,
mientras que Sáenz de Heredia escribió el guión técnico. Fue un film muy
importante en su época, convirtió en máximas estrellas del cine español a
Alfredo Mayo, José Nieto y Ana Mariscal, y aunque es evidente su maniqueísmo
(sus personajes son o nacionales o rojos) también es cierto que Sáenz de
Heredia se lucía como realizador, sobre todo en la secuencia del fusilamiento
de los monjes.
Desde entonces se convirtió en cineasta oficial del régimen.
Ejerció diversos cargos, como director de la Escuela de Cine, y tuvo que filmar
-a su pesar- el documental hagiográfico Franco,
ese hombre.
En 1945 contrajo matrimonio con María Ascensión Casado
Iturbide. Uno de sus hijos, Ricardo Sáenz de Heredia, intentó hacer carrera en
el cine, pero no pasó de asistente de dirección en diversas cintas de su padre.
A su vez éste es el padre de Rodrigo Sáenz de Heredia, actor que protagonizó La mitad de Óscar. Es necesario citar
que un sobrino del responsable de Raza,
Álvaro Sáenz de Heredia, ha hecho fortuna como director de películas muy
comerciales como Aquí huele a muerto,
con Martes y 13.
Entre los mejores trabajos de José Luis Sáenz de Heredia destaca
la comedia fantasmal El destino se
disculpa, con Fernando Fernán Gómez, también a sus órdenes en la memorable La mies es mucha. También tiene gran
interés Mariona Rebull, adaptación de
una novela de Ignasi Agustí. Dirigió a Francisco Rabal y a la estrella
estadounidense Merle Oberon en Todo es
posible en Granada, basada libremente en un relato de Washington Irving. Y
obtuvo un impresionante éxito de taquilla con la emotiva Historias de la radio, homenaje a la época dorada de la
radiodifusión española, con participación de algunos de los grandes del
micrófono, como Bobby Deglané, y que estaba compuesta de varios segmentos
memorables. El propio Sáenz de Heredia rodó años después una especie de
desmejorada secuela, Historias de la
televisión.