Elegante yversátil, de mirada indolente, jamás recibió un Oscar, pero ni falta que
le hizo. En su larguísima carrera, bordó grandes papeles y demostró su
versatilidad en títulos míticos que han cambiado por completo la historia del
cine. No cabe ni sombra de duda de que Joseph Cotten es uno de los mejores
actores de la época clásica de Hollywood.
Nacido el 15 de mayo, de 1905, en Petersburg (Virginia),
Joseph Cheshire Cotten procede de una familia de la alta sociedad. Estudió
interpretación en Washington D.C. y a continuación empezó a trabajar como
crítico teatral, y también publicista, en el diario Miami Herald. Debutó en el
teatro en los años 30, cuando apareció en numerosos montajes de Broadway, en obras
como 'Julio Cesar' de Shakespeare e 'Historias de Filadelfia', donde tenía como
compañera de reparto a la legendaria Katharine Hepburn. En el mundillo de la
farándula iba a conocer al hombre más decisivo de su vida, un tal Orson Welles,
por entonces completamente desconocido, que pretendía formar su propio grupo
teatral. Cuando al fin Welles crea la famosa compañía Mercury Theatre junto con
John Houseman -un antiguo compañero teatral-, Cotten no duda en unirse y
participar en numerosos montajes escénicos y radiofónicos.
Fue Welles quien llevó a Cotten al cine, pues tras contar
con él para el corto Too Much Johnson,
le convirtió en el coprotagonista de la ópera prima más importante de todos los
tiempos: Ciudadano Kane. En el
film, Cotten demostró que estaba destinado a convertirse en uno de los grandes,
bordando la interpretación de Jedediah Leland, tímido amigo y consejero de
Kane. En una de las secuencias más brillantes, y difíciles, Cotten se ve
obligado a escribir la crítica del debut en la ópera de Susan, el gran amor de
Kane. Como se siente incapaz de decir la verdad -que Susan es un completo
desastre-, acaba emborrachándose, y después mantiene un duro enfrentamiento con
Kane.
Inició tarde Cotten su carrera cinematográfica, pues ya
tenía 36 años cuando rodó Ciudadano Kane.
Welles, que se había hecho muy amigo suyo, volvió a reclutarle para El
cuarto mandamiento, una gran película que
fue salvajemente mutilada en el montaje final por la productora. También le dio
un papel destacado en Otelo y un
pequeño cameo en Sed de mal.
Además, Cotten coescribió con Welles un film que éste empezó a dirigir, Estambul, y en el que actuaron juntos, a pesar de que
finalmente lo completó Norman Foster. Junto con Kane, la mejor colaboración de
Cotten con Welles -como actores protagonistas-, fue sin duda El
tercer hombre, legendaria cinta de Carol
Reed. Allí era un escritor de novelas policíacas que llegaba a Viena, durante
la postguerra, reclamado por su amigo Harry Lime, papel que inmortalizó un
Welles, que según los rumores dio más de un consejo al director.
El film tenía detrás a otro personaje decisivo en la carrera
de Cotten, David O'Selnick -el inolvidable productor de Lo que el viento se
llevó-, que le emparejó en la pantalla en
dos ocasiones con su esposa, la actriz Jennifer Jones. Fue en el western Duelo
al sol -también con Gregory Peck-, y en Jennie, romántica y emotiva historia de fantasmas, donde
Cotten realizó un gran trabajo que le propició el premio de interpretación en
Venecia -su único premio importante ya que al Oscar ni le nominaron-. Estos dos
últimos títulos tenían como director a William Dieterle, que recurría
constantemente a Cotten para películas siempre románticas: Te volveré
a ver, Cartas a mi amada, Pekín
y Sinfonía otoñal. Cabe destacar
también sus dos trabajos junto a Ingrid Bergman, actriz que estaba aterrorizada
por su marido en Luz que agoniza,
y por su ama de llaves en Atormentada. El director de este último film, Alfred Hitchcock, dio a Cotten uno
de los mejores trabajos de su carrera, el tío Charlie, en La sombra
de una duda, donde la joven Teresa Wright
sospechaba que era un peligroso asesino.
En los 50, Cotten siguió rodando memorables cintas, como Niágara y Barreras de orgullo, ambas de Henry Hatthaway. En 1960, Cotten sufrió la
trágica pérdida de su esposa, la pianista Leonore Kipp, con la que había estado
unido a lo largo de tres décadas. A continuación se casó con la actriz Patricia
Medina, que permanecería a su lado hasta la muerte del actor.
Los
años 60 marcan la época de decadencia del actor, a pesar de su brillante
trabajo en Canción de cuna para un cadáver, de 1964. Pero a
continuación queda relegado a películas de segunda fila, con honrosas
excepciones, como Tora, Tora, Tora, El abominable Dr. Phibes, Cuando
el destino nos alcance, Aeropuerto 77 y La
puerta del cielo, su último gran trabajo, a pesar de que sufría
problemas cardíacos cuando la rodó. Durante muchos años, Cotten estuvo luchando
contra el cáncer, hasta que falleció de neumonía, el 6 de febrero de 1994.