Con 97 años, el uno de julio de 2009 fallecía Karl
Malden, un actor de raza, que concedía siempre a sus personajes una intensa
energía. Inconfundible por su característica nariz bulbosa, fue un eterno
secundario, que elevaba sus papeles a la categoría de primera especial. El
ganador del Oscar por Un tranvía llamado Deseo estuvo acompañado por su familia en el momento de
la muerte.
Mladen Sekulovich -que luego adoptaría el más sencillo
nombre artístico de Karl Malden- nació en Chicago el 22 de marzo de 1912. Sus
padres, de condición modesta, habían emigrado desde Serbia y Bohemia. En sus
años mozos, Mladen ayuda a su padre en su trabajo de repartidor de leche. Pero
al mismo tiempo tomó gusto al teatro, hasta determinarse a llegar a ser él
mismo actor. De modo que empleó todos sus ahorros en formarse en el Goodman
Theather. Allí aprendió a construir escenarios, y también conoció a la mujer de
su vida, Mona Greenberg, con la que se casó. Tuvieron dos hijas, tres nietos, y
cuatro biznietos, en un matrimonio que ha durado 70 años, y donde Mona le ha
sobrevivido.
Una invitación de un compañero del Goodman le llevó a Nueva
York en 1937, donde conoció a Harold Clurman y Elia Kazan, que estaban haciendo
pruebas para elegir el reparto de "El chico de oro", la obra de teatro de
Clifford Odets que iba a representar el Group Theater. Fue el comienzo de una
gran amistad y colaboración profesional entre Malden y Kazan, no es de extrañar
que el primero se ocupara de entregar personalmente al otro el premio a toda su
carrera en la ceremonia de los Oscar correspondiente a 1999, desafiando a los
que no le creían merecedor del galardón, por su colaboración con el tristemente
célebre Comité de Actividades Antiamericanas.
En La ley del silencio
(1954), de nuevo junto a Kazan y Brando, logró otra nominación al Oscar por su
papel de sacerdote en medio de una lucha de gángsteres y derechos laborales en
los muelles. Curiosamente un año antes, en Yo confieso de Alfred Hitchcock, su personaje iba en contra del
cura protagonista, al reconocer un crimen, protegido por el secreto de
confesión. En 1956, Williams y Kazan 'again', logra su primer papel
protagonista en Baby Doll, donde
da vida a un tipo casado con una mujer mucho más joven, a la que prometió no
consumar el matrimonio hasta que ella cumpliera los 20 años.
Lo cierto es que Malden era muy versátil, y asumió desde el
principio que su físico no le ayudaba a conseguir papeles protagonistas, por lo
que debía sacar todo su jugo a esos papeles que acaban robando la función al
actor que hace el rol principal. Aunque, y eso honra a Malden, él nunca entró
al juego de anular a sus compañeros de reparto llamando la atención sin que
viniera al caso. Así, se apuntó a títulos familiares de Disney como Pollyanna (1960), donde acompañaba a la niña Hayley Mills, a intrigas
como El cerebro de un millón de dólares (1967), junto a Michael Caine, al cine carcelario de El
hombre de Alcatraz (1962), con Burt
Lancaster, al biopic de Patton
(1972), con George C. Scott, y al catastrofista de Meteoro (1979).
Con el paso de los años, su dedicación actoral iría
disminuyendo, aunque aún le veríamos en títulos de interés como Loca (1987), junto a Barbra Streisand. Eso no significaba
que se quedara sentado en los laureles, pues entre 1989 y 1992 asumió el reto
de ser Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas
de Hollywood, la encargada de conceder los Oscar. Su última incursión en las
pantallas fue en el año 2000, encarnando a un sacerdote, lo que retrotraía a su
papel de La ley del silencio. En
un episodio de El ala oeste de la Casa Blanca era un cura, gran amigo del presidente Bartlet, que
le atendía en confesión por su sentimiento de culpa por no haber concedido el
indulto en un caso de pena de muerte.