A King Vidor se le
conoce sobre todo por sus adaptaciones literarias y sus grandes espectáculos de
época. El director de El manantial y Duelo a sol es una de las figuras
imprescindibles del Hollywood clásico.
Se especializó en historias de hombres utópicos cuyas buenas
intenciones chocan contra la dura realidad. Llegó a estar en el libro Guinness
de los Récords por la carrera más prolífica como cineasta, ya que estuvo en
activo 67 años, aunque ahora le ha sobrepasado con creces el portugués Manoel
de Oliveira. Su filmografía, aun llena de títulos memorables, es mucho más
reducida que la de otros grandes de la época dorada de Hollywood.
Nacido en Galveston (Texas, EE.UU.) el 8 de febrero de 1894,
King Wallis Vidor procedía de una familia adinerada de origen húngaro. Cuando
tenía 6 años, el peor huracán que había asolado los Estados Unidos hasta el
momento devastó su localidad natal y acabó con la vida de un tercio de la
población, si bien la familia del futuro cineasta sobrevivió. Su madre le
inició en los preceptos de la Iglesia de la Ciencia Cristiana, religión fundada
por Mary Baker Eddy, sobre la que llegaría a barajar rodar una película.
Estudió en la Academia Militar de San Antonio. Deslumbrado
por el cine, que se inventó poco después de su nacimiento, Vidor empezó con una
cámara de fabricación casera que le construyó su amiguete Roy Clough. Gracias a
ella rodó con 19 años su primer trabajo, Hurricane
in Galveston, que indagaba en las secuelas de la tragedia que había vivido
una década antes. El noticiario cinematográfico Mutual Weekly le fichó para
filmar The Grand Military Parade,
otro documental sobre un masivo desfile de tropas estadounidenses.
En 1916 se casó con Florence Arto, una aspirante a actriz.
Decidido a triunfar en Hollywood, se mudó con ella y con Clifford Vick, su
socio, a bordo de un Ford T donde transportó su cámara y su equipaje. Para
aprovechar el viaje, decidió filmarlo para componer otro documental con el
objetivo de poder venderlo a Ford. Curiosamente, la empresa quedó bastante
impresionada con sus tomas y le compró la película.
Nada más llegar a Hollywood consiguió trabajo en la
industria del cine, pero no el que pretendía, ya que acabó como contable.
Ejerció durante tres años hasta que le dieron la oportunidad de dirigir The Turn of the Road, que tuvo tanto
éxito que le encargaron más trabajos. En 1920 funda Vidor Village, su propio
estudio, para tratar de impulsar su carrera, y la de su mujer, que protagoniza
a sus órdenes The Family Honor,
seguida de otros títulos. "Convencí a mi padre para que vendiera su
negocio de seguros y se ocupara de construir y dirigir el estudio",
recuerda Vidor en "Un árbol es un árbol", su autobiografía. El título
de la misma viene de cuando intentó convencer a un productor para rodar una
película en las localizaciones donde había ocurrido la historia real. Pero éste
le dijo que no había presupuesto para ello, y que rodara por allí cerca, porque
al fin y al cabo "una roca es una roca y un árbol es un árbol".
Por desgracia, las películas de su compañía no obtuvieron el
deseado respaldo del público. De esta forma se ve obligado a trabajar para MGM
que le encarga Tin-Tin de mi corazón.
A lo largo de los años 20 obtiene un gran éxito con títulos como Y el mundo marcha o El gran desfile. Tras divorciarse de su esposa, se une a Eleanord
Boardman, actriz de gran éxito en la época del cine mudo que no superó la
transición al sonoro. No duró mucho con ella, y se unió a Elizabeth Hill, no
relacionada con el cine, que le acompañaría hasta su muerte.
El realizador le sacó mucho partido a la nueva técnica del
cine sonoro en Aleluya, importante
film de la transición a los 'talkies' porque incluía ruidos de elementos que no
aparecían en pantalla. También fue en cierta medida novedosa porque el reparto
estaba formado íntegramente por afroamericanos.
Wallace Beery y Jackie Cooper protagonizaron a sus órdenes Champ, lacrimógena historia de un ex
campeón de boxeo que tiene que ocuparse de cuidar a su hijo. Otros de sus
grandes éxitos fueron Noche nupcial, Stella Dallas, y sobre todo La ciudadela, con Robert Donat como
médico que deja atrás sus ideales conforme empieza a ganar dinero. Mucho
después, Vidor le sacaría partido al mismo tema en El manantial, adaptación de la novela de Ayn Rand, con Gary Cooper
como arquitecto capaz de todo para seguir fiel a sus principios.
En Y el mundo marcha,
los utópicos John y Mary tienen que renunciar a sus ilusiones por el egoísmo de
sus conciudadanos neoyorquinos. En El pan
nuestro de cada día, referente del cine social, una joven pareja que sufre
apuros económicos, opta por regresar al medio rural, donde levantarán una
granja con ayuda de los lugareños. El film tuvo problemas de financiación
porque en una secuencia el sheriff tenía que ejecutar un embargo hipotecario, y
los bancos no querían respaldar el proyecto.
También fue el cineasta que acabó la mítica El mago de Oz, pues rodó las secuencias
de Kansas cuando el director Victor Fleming fichó para rodar Lo que el viento se llevó, proyecto que
Vidor había rechazado. Aún así, el productor de la misma, David O'Selznick no
le guardó rencor a Vidor. De hecho, le puso al frente de su superproducción Duelo al sol, mezcla de western y
melodrama que O'Selznick sacó adelante por amor, para el lucimiento de su
novia, Jennifer Jones, una mestiza por la que rivalizan dos hermanos,
encarnados por Joseph Cotten y Gregory Peck.
El mayor desafío al que se enfrentó Vidor fue Guerra y paz (1956), imposible
traslación a la pantalla de la novela de Leo Tolstoy que fue la producción más
cara rodada hasta la fecha. Hasta seis guionistas, entre ellos el propio Vidor,
fueron necesarios para tratar de condensar el extensísimo libro en una
película. Y aunque se quedó en un buen intento, quizás en mera ilustración de
la magna obra, lo cierto es que acumula momentos memorables, las batallas son
muy vistosas, y acumula interpretaciones excelentes, en las que sí se reconoce
a sus personajes del original, gracias a los esfuerzos de Audrey Hepburn, Henry
Fonda, Vittorio Gassman, o incluso Mel Ferrer, cuyo príncipe Andrei fue muy
criticado.
Tampoco fue fácil el rodaje de Salomón y la reina de Saba, sobre todo porque a medio camino falleció
Tyrone Power, el protagonista, al que tuvieron que sustituir por Yul Brynner.
Agotado de tanto trasiego, a sus 65 años, el realizador se retiró, y se dedicó
a escribir su excelente libro de memorias, pero también a la filosofía, la
pintura, y la enseñanza del cine. En 1979 recibió un Oscar Honorífico, al
conjunto de su obra, tras cinco candidaturas infructuosas. Un año más tarde
rodó el mediometraje documental The
Metaphor, sobre la pintura. Falleció a los 88 años el 1 de noviembre de
1982 en El Paso (California).
Tras su muerte, uno de sus biógrafos, Sidney D.
Kirkpatrick, que examinó sus notas, descubrió que había resuelto el asesinato
de William Desmond Taylor, actor y director que fue una de las primeras
estrellas de Hollywood, y cuya muerte hizo correr ríos de tinta en los
periódicos sensacionalistas en su día. Era un caso no resuelto, pero Vidor
sabía que la actriz Ella Margaret había confesado que le disparó. Al parecer,
el realizador investigó el tema para rodar una película, pero nunca hizo públicas
sus conclusiones en vida.