Vivió la mejor época del
cine negro clásico y dejó constancia de su magnetismo con algunas películas
memorables.
Su rostro resulta raro, como el de una muñeca adulta o como si
hubiera sido retocado demasiado por un cirujano. Desde luego resulta
inquietante su mirada directa de ojos separados, su tez exageradamente blanca,
su nariz ancha y sus labios finos y alargados, su melena platino repeinada al
estilo Veronica Lake, aunque en su versión corta... Pero ese rostro singular,
que atrae y estremece, es también el causante de que no se olvide.
Lizabeth Scott nació con el nombre de Emma Matzo, el 29 de
septiembre de 1922 en un pueblecito de Pennsylvania. Estudio en el Alvienne
School of Drama, de Nueva York, y muy pronto fue descubierta para el cine por
Hal B. Wallis, el mítico productor de Casablanca,
entre otras películas. Su primer film fue un drama romántico dirigido por el
muy competente John Farrow en 1945, You Came Along. La película no era una obra
imperecedera, pero la Scott dejó poso con su voz sensual y su atractivo de 23
años. Al año siguiente rodó El extraño
amor de Martha Ivers, donde da muestras de su aire de mujer fatal, con
planes perversos. En ese film, donde debutó Kirk Douglas, la Scott también dejó
huella. Y a renglón seguido formó una imborrable pareja de cine negro junto a
Humphrey Bogart en Callejón sin salida
(1947), de John Cromwell. Se trata seguramente de la mejor película de su
filmografía. La actriz, con un personaje de ética ambigua llamada Dusty, está
fascinante, en la mejor línea de las heroínas del género. Con Burt Lancaster
filmó sus dos siguientes películas, también con tramas criminales, La hija del pecado (1947) y Al volver a la vida (1948). Con Dick
Powell, galán de musicales clásicos como Calle
42, rodó después La senda tentadora
(1948), un film de trama fraudulenta sobre compañías de seguros.
Sus siguientes filmes no fueron muy destacables, aunque fueron
dirigidos por grandes directores, como los maestros Jacques Tourneur (la
comedia Vida fácil), William Dieterle
(los thrillers Ciudad en sombras y Sólo una bandera, el western Red Mountain) o de nuevo John Cromwell
(el drama Libertad bajo palabra).
Problemático fue el rodaje de la película La
Trampa (1951), un film notable sobre gángsters pero que tuvo que ser
dirigido por varias personas. En 1953 cambió radicalmente de rol, formando trío
de humor con los comediantes consumados Jerry Lewis y Dean Martin en la
película Una herencia de miedo, de
George Marshall.
Pero la carrera cinematográfica de Lizabeth Scott iba a romperse
en mil pedazos. Por esos años, fue acusada de obscenidad por relacionarse con
lesbianas. Su fama sufrió un duro golpe. Verdad o no, lo que es claro es que la
actriz demandó a la revista Confidential por haber difundido chismes sobre sus
preferencias sexuales. También es cierto que nunca se casó. Su carrera se
frustró por completo, aunque aún tendría tiempo de rodar una película digna de
recordar. Se trata de Loving You (1957),
una de las primeras apariciones de Elvis Presley en la pantalla. Pero el mundo hollywoodiense
de la actriz había concluido. Con el tiempo ya sólo apareció esporádicamente en
algún capitulo de serie televisiva. Por fin, 25 años después volvió al cine
para su canto del cisne, el thriller Historias
peligrosas (1972).