Logró la hazaña de competir
con los grandes éxitos del cine de Hollywood con dinámicas producciones europeas. Luc Besson tiene en su haber algún título
significativo, aunque en los últimos tiempos parece un tanto estancado.
Luc
Besson nació en la capital francesa, el 18 de marzo de 1959. Sus padres,
monitores de submarinismo, trabajaron mucho tiempo en Yugoslavia y Grecia,
donde Besson pasó su infancia. Seducido por las profundidades marítimas, estaba
decidido a convertirse en biólogo marino. Pero tras un grave accidente de
buceo, a los 17 años, se arrepintió y decidió dedicarse al cine.
"Le
dije a mi madre que iba a hacer películas, que dejaba la escuela y que me iba.
Y lo hice. Poco después, hice un corto que era muy, muy malo. Estaba más
preocupado por demostrar que podía hacer uno que por la calidad del mismo",
comenta Besson. Tras ejercer como asistente de dirección en un par de títulos, fundó
su propia compañía, Les Films du Loup -más tarde Les Films du Dauphin-, y dirigió
su primer corto de importancia, L'avant
Dernier, donde contaba con Jean Reno, que se convertiría en su actor
fetiche, y con el músico Eric Serra, que sería su compositor habitual. Repitió
con ambos en su primer largometraje, Kamikaze
1999: El último combate, mezcla de intriga y ciencia ficción apocalíptica,
donde ya estaban presentes sus señas de identidad: una estética elaborada, y un
montaje trepidante al estilo de Hollywood.
Besson
obtuvo un enorme éxito con Subway, un
thriller sobre dos personajes que se ocultan en el metro. Tras sus primeras
obras se le considera uno de los máximos representantes del denominado Cinéma
du Look, que engloba a los creadores galos surgidos a principios de los 80
(Jean-Jacques Beineix, Leos Carax), influidos por el cómic y los videoclips, y
fascinados por las imágenes estilizadas y pictóricas, para ellos más
importantes que los argumentos.
Pronto,
Besson se consagró a nivel internacional con el redondo film El gran azul, donde reflejó su
fascinación por la vida submarina, y los conocimientos adquiridos a través de
sus padres. Seguía los pasos de Jacques Mayol, convertido en campeón de buceo
sin tubos de oxígeno, más interesado por el mar, y por un delfín, que por la
chica de la que en teoría se ha enamorado. Unos años después, Besson retomaría
el fondo abisal con el documental Atlantis,
un fenómeno en Francia que pasó desapercibida para el resto del mundo.
Luc
Besson se casó en 1986 con la actriz Anne Parillaud, con la que tuvo una hija.
La propia Parillaud fue la protagonista del thriller a la americana Nikita (1990), dinámica revisión de Pigmalión, con una delincuente
reconvertida en sofisticada espía, que arrasó en las carteleras. Su éxito
propició una desmejorada versión americana, La
asesina, con Bridget Fonda. Y el papel de "limpiador", interpretado por
Jean Reno (Harvey Keitel en la versión estadounidense) le encantó a Tarantino,
que se lo apropió para su Pulp Fiction.
Uno
de sus filmes más reconocidos es otro thriller en la misma línea, El profesional (León), con un recital
interpretativo de Jean Reno, como solitario asesino a sueldo que protege a una
niña. Esta última estaba interpretada por una jovencísima Natalie Portman, que
a sus 11 años debutaba en el largometraje tras ser escogida entre miles de
aspirantes.
Divorciado
de Parillaud, Besson se unió a la modelo Maïwenn Le Besco, con quien tuvo una
segunda hija, y más tarde con la actriz Milla Jovovich, presente en la cinta de
ciencia ficción El quinto elemento y
en Juana de Arco (1999), deslucida
versión de la vida del personaje histórico. También se divorció de Jovovich,
para unirse a Virginie Silla, productora, que le dio otras tres niñas.
Con
la llegada del nuevo milenio, Besson parece haber perdido por completo las
ganas de rodar. Llegó a anunciar incluso su retirada como realizador, a pesar
de que nunca ha llegado a abandonar esta tarea del todo. "Estoy
cansado. Es bastante duro reinventarme con cada película. Me da mucho miedo repetirme.
Pero me voy haciendo mayor y ya no me queda energía. Ha llegado el momento de
ayudar a otros, pero cederles el testigo. Estoy orgulloso de mis películas,
pero ya no tengo necesidad de expresarme más, que lo hagan los demás", llegó a comentarme en una
entrevista.
Sin
duda ha resultado determinante en este cambio de actitud el inusitado éxito de Taxi Express, donde se limitó a ejercer
de guionista (con un libreto muy pobre) y productor, cediéndole el honor de
dirigir y enfrentarse al día a día del rodaje a su protegido Gérard Pirès.
Besson vio el cielo abierto ante la posibilidad de recaudar astronómicas cifras
de taquilla sin apenas pasarse por el set, y se lanzó a una frenética carrera
como productor, que comprende un centenar de títulos, casi todos rodados en la
primera década del siglo XXI. Ha sacado adelante films como El beso del dragón, Wasabi, Transporter y sus
secuelas, etc., y por supuesto explotó la saga que dio lugar a esta fiebre en Taxi 2 y Taxi 3. Aunque a nivel artístico la mayoría dejan bastante que
desear, se trata de productos muy rentables en los que predominan la acción,
las persecuciones y el montaje 'videoclipero'.
Ha
vuelto a ejercer como realizador con Arthur
y los Minimoys y sus dos secuelas, que adaptan una saga de novelas
infantiles. La mayor parte del metraje está compuesto de animaciones por
ordenador que no precisan de rodaje convencional. También llevó al cine Adèle y el misterio de la momia, basada
en un cómic de Jacques Tardi, de quien se declara ferviente seguidor. En
cualquier caso, son filmes muy inferiores a los de su primera época.
Quizás
no está todo perdido. Podría recuperar el pulso con The Lady, recreación de la historia de amor entre una activista pro
democracia birmana y un escritor. Tiene como protagonistas a David Thewlis y
Michelle Yeoh.