Para ella los 70 fueron la década prodigiosa. Brilló su belleza en Hollywood, y su acento alemán fue toda una ventaja. Pero como la mismísima Fedora, Marthe Keller descubrió que la fama puede escurrirse con facilidad de las manos.
Marthe Keller
nació en Basel, Suiza, el 28 de enero de 1945. Llaman la
atención los excelentes thrillers políticos que
encadenó en Estados Unidos en los años 70, pero lo que
prometía una estupenda carrera allende las fronteras de su
país no se materializó.
Aunque Marthe
estudió ballet durante su infancia, un accidente de esquí
con 16 años le impidió dirigir su carrera por ese
camino, pero a cambió se sumergió en prepararse para
ser actriz. Para ello marchó a Berlín, y estudió
en el Schiller Theatre y el Berlin Ensemble. Precisamente tras varias
incursiones televisivas menores, su primer trabajo, una fugaz
aparición sin crédito, fue en el film de espías
Funeral en Berlín (1966). Al año siguiente también
tenía presencia en una película alemana, Wilder
Reiter GmbH. Como las posibilidades en Alemania no eran lo que se
dice apasionante, y hablaba bien Francés, probó suerte
en el país galo, interviniendo en varias series y películas
como Un cave y Arsène Lupin (serie), ambas de
1971. Dos años antes la había dirigido Philippe de
Broca en El diablo por la cola. Con este director iniciaría
una relación sentimental, de la que nació su único
hijo, Alexandre.
Con Tú
de día, yo de noche (1973), demostró que podía
asumir perfectamente un papel protagonista. Impresión que
confirmó con Toda una vida (Claude Lelouch, 1974),
donde daba vida a Sarah, su madre y su abuela. Vendrían
entonces los cinco años de gloria de Marthe en Estados Unidos,
que arrancaron estupendamente con papeles en los encajaba bien su
acento alemán, como Marathon Man (John Schlesinger,
1976), que le dio una nominación como secundaria al Globo de
Oro, y Domingo negro (John Frankenheimer, 1977), donde era una
terrorista que proyectaba un atentado masivo en el estadio donde se
juega la final de la Superbowl. Con Al Pacino, con el que parece que
tuvo un idilio, y a las órdenes de Sidney Pollack, rodó
la peli de competiciones automovilísticas Un instante, una
vida (1977).
Trabajar a las
órdenes de un europeo como ella, Billy Wilder, cineasta
legendario, debería haber sido una gozada, pero parece que
director y actriz no se entendieron en Fedora (1978), donde
ella era la protagonista de joven. De algún modo se cargó
en las espaldas de la actriz la responsabilidad del fracaso de la
película, y su caída en desgracia en Hollywood vendría
pareja con le mismo, aunque aún rodaría una peli de
espías con Marlon Brando y George C. Scott, La fórmula
(John G. Avildsen, 1980). Lo cierto es que Keller había
quedado encasillada, como demuestra su intervención en
Servicios secretos paralelos (Charles Jarrott, 1981).
Se abre un
paréntesis en la carrera de la actriz, que vuelve a Europa,
donde interviene en la miniserie Wagner (1983). Debió
encontrarse a gusto en esta producción sobre el genial
compositor, pues ella misma tiene una buena formación musical,
y ha intervenido o dirigido montajes como el oratorio "Jean d'Arch
au Bûcher" de Arthur Honegger -del que existe versión
televisiva-, donde ella era la doncella de Orléans; también
ha hecho "Perséfona" de Igor Stravinsky, y como directora
de ópera debutó con una versión ad hoc de
"Diálogo de carmelitas". También ha hecho teatro, y
logró una meritoria nominación al Tony por su papel de
la señora Berholt en "El juicio de Nuremberg", el mismo
que Marlene Dietrich hizo en Vencedores o vencidos.
En cine es
evidente que su carrera fue a menos, pero todavía tuvo tiempo
de hacer Ojos negros (Nikita Mikhalkov, 1987), gran adaptación
del texto de Chejov, con Marcello Mastroianni y Silvana Mangano. De
los 90 destaca Sostiene Pereira (Roberto Faenza, 199), según
la novela de Antonio Tabucchi, donde repitió con Mastroianni.
No ha dejado nunca de trabajar, pero sus películas y series
televisivas no han destacado en demasía. Por ello supuso una
gran alegría para el aficionado que Clint Eastwood acudiera
para darle un pequeño papel en Más allá de la
vida (2010), donde ella es una doctora a la que acude Cécile
de France para consultarle su caso de cercanía a la muerte.