Ha intervenido en más de un centenar de películas. Es especialista en papeles de perdedores. Dos de ellos le han proporcionado el Oscar. En verdad que ante nosotros tenemos al "perdedor ganador".
La primera vez que Michael Caine pisó EEUU, se encontró en su hotel con John Wayne. Nunca olvidaría el consejo del veterano actor a un recién llegado a Hollywood: "Habla en voz baja, pronuncia despacio y no digas demasiado".
Michael Caine (nacido como Maurice Micklewhite, Londres, 1933) es un profesional, tan enamorado de su trabajo de intérprete, que hasta publicó en 1997 un libro destinado a jóvenes aspirantes a triunfar en la pantalla: "Actuando para el cine". Pero hasta llegar a lo más alto, incluidos los Oscar de Hannah y sus hermanas y Las normas de la casa de la sidra, Caine trabajó duro. Nadie regala nada, y por no tener, el actor en ciernes no tuvo ni estudios superiores. Eso sí, leyó mucho, y tuvo ocupaciones variopintas (lavandero, obrero en la carretera, portero de hotel, lavaplatos.). Y lo que no le faltó nunca fue una voluntad decidida para lograr su meta de ser actor, a costa de mil sacrificios.
En 1956, Caine tuvo su primera aparición en pantalla, pero ni siquiera tuvo presencia en los títulos de crédito. Durante seis años fue etiquetado como el actor "cockney", ideal para papeles pequeños de personajes de extracción social baja. Aunque él trata de fabricarse una imagen: acude a fiestas con gafas y fumando un puro, y acaba siendo conocido como "ese actor de clase obrera con el que es fácil trabajar, que lleva gafas y fuma puros". Hasta que consiguió cambiar el estereotipo con Zulú (1964). Estaba previsto que hiciera una prueba para "el papel de siempre", pero como no había nadie para hacer un test en el papel de un oficial aristócrata cobarde, Caine tuvo su oportunidad. Y la aprovechó: hizo suyo el personaje.
No para de rodar, pero Caine lo tiene muy claro: "Mi familia es lo más importante. Tengo una esposa y dos hijas maravillosas. Somos una familia muy unida, y es lo que me sostiene fuera del trabajo. Debes tener algo que te ilumine fuera del trabajo, porque si tu única luz es el trabajo, entonces terminarás volviéndote loco".