Pocas carreras invitan a descubrirse el sombrero tanto como la de Michael Lonsdale. Porque es todo un actor de carácter, siempre en papeles secundarios, lo que no le ha impedido trabajar con directores legendarios en películas memorables. De dioses y hombres ha permitido a muchos espectadores descubrirle.
Michael Lonsdale,
nacido como Alfred de Turris, y también conocido
artísticamente como Michel Lonsdale, vio la luz por primera
vez en París, Francia, el 24 de mayo de 1931. Su padre era
inglés y su madre irlandesa, y pasó su infancia en
Inglaterra, lo que explica que hable a la perfección francés
e inglés. La coronación de su dilatada carrera de actor
le ha llegado a punto de cumplir los 80 años, interpretando a
un fraile en De dioses y hombres (Xavier Beauvois, 2010),
extraordinaria película que le ha dado el César al
mejor actor de reparto, premio para el que había estado
nominado en otras dos ocasiones. Su papel de hombre de fe que atiende
el dispensario de su convento en Argelia es sencillamente conmovedor.
Curiosamente, no es el primer sacerdote o fraile que encarna, se
trata de un papel que le ha tocado interpretar muchas veces en la
pantalla, aunque nunca con un personaje de la hondura y entrega del
hermano Luc. Ahí están para demostrarlo títulos
como El proceso (Orson Welles, 1962), Un soplo en el
corazón (Louis Malle, 1971), El nombre de la rosa
(Jean-Jacques Annaud, 1986), Los fantasmas de Goya (Milos
Forman, 2006), casos en que los eclesiásticos eran casi
siempre unos tipos bastante siniestros.
En cualquier caso,
Lonsdale ha hablado siempre con gran claridad acerca de cómo
su fe católica le ha iluminado la vida, sobre todo desde que
se unió al movimiento carismático en 1987. Pero antes
había recorrido un largo camino que incluye la separación
de sus padres, y una adolescencia en Casablanca, Marruecos. El
estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a Lonsdale y
familia a permanecer allí, lo que posibilitó que
conociera, de mano de los soldados americanos, el cine de Hollywood.
Entre otras películas, y parece una broma, la mítica
Casablanca. Cuenta el actor que allí le impresionó
conocer a un actor musulmán que le habló de Dios de un
modo que podía entender, hasta el punto de que se planteó
convertirse al islam. Pero su madre, católica, que se había
reencontrado con la fe después de leer a Pascal, le facilitó
el encuentro con un dominico, y poco a poco se reconcilió con
el catolicismo. Admitía Lonsdale que "he sido un cristiano
un poco tibio, que vivía egoístamente", pero "la
religión se convirtió en la parte esencial de mi vida".
Lejos de separarle de su pasión por el arte, "está
íntimamente ligada a los otros dos componentes de mi vida, el
cine y la pintura". Cuando se le pregunta si la fe le ha supuesto
un obstáculo en su trabajo, afirma que no, aunque desvela que
rechazó trabajar en Amén de Costa-Gavras por su
retrato denigratorio y falso de Pío XII; había
trabajado con ese director en Sección especial (1975).
En
1947 Lonsdale se trasladó a París con intención
de llegar a ser un pintor. Pero la vida le llevaría al mundo
de la interpretación, y empezó a tomar clases en la
escuela de Tania Balachova, de
modo que debutaría en los escenarios con 24 años. Fue
en una obra de Clifford Odets, en que le dirigía Raymond
Rouleau, y no dejaría nunca el teatro. En el cine debutó
un año después con Sucedió
en Edén, y tuvo
la dicha de trabajar con Orson Welles en El
proceso (1962), una
breve escena que recuerda haber repetido una veintena de veces. Sus
papeles en cine han sido casi siempre breves, pero siempre con
personajes de carácter, y en películas interesantes. Lo
cierto es que repasar su filmografía es repasar una lista de
grandes directores y títulos. Con Fred Zinnemann hizo Y
llegó el día de la venganza
(1964) y la inolvidable Chacal
(1973). Con François
Truffaut le hemos visto en Besos
robados (1967) y La
novia vestida de negro
(1968). René Clair le dirigió en ¿Arde
París? (1966). Ha
estado en comedias como El
abuelo congelado (1968),
junto al inefable Louis de Fùnes.
En la
actualidad, Lonsdale rueda a las órdenes del italiano Ermanno
OlmiIl villaggio di cartone, donde todo apunta a que
su papel es el de un... sacerdote.