Actor, guionista, director. Sus
películas conjugan la frescura de su naturalidad, con la
indagación en las inquietudes del ser humano. Italiano hasta
la médula, puede cautivar o irritar con su mucha verborrea, pero sin duda que el
romano Nanni Moretti no deja a nadie indiferente.
Giovanni Moretti, más conocido
como Nanni Moretti, nació en Brunico, Bolzano, Italia, el 19
de agosto de 1953. Lugar accidental de origen, sus padres, Luigi
Moretti y Agata Apicella pasaban allí las vacaciones estivales
cuando quiso venir al mundo. La familia se revela importante en la
vida de Moretti, y de hecho su padre Luigi trabajó como actor
en Bianca y Palombella rossa, mientras que la madre
Agata, además de hacer de sí misma en Abril,
presta su apellido al personaje 'alter ego' de Moretti en sus filmes
más tempranos, Michele Apicella.
Verdaderamente su ciudad es y será
siempre Roma, y de hecho será la ciudad eterna el lugar donde
situará la mayor parte de su cine, al modo en que Woody Allen
tiene como epicentro de su filmografía la 'gran manzana'
neoyorquina. Y evidentemente citar aquí a Allen no es baladí,
hay muchos puntos de conexión entre el cine de uno y otro:
ambos escriben, dirigen, producen y protagonizan sus filmes, y en el
capítulo actoral comparten su personal sentido del humor, los
rasgos autobiográficos de sus personajes, y una capacidad
interpretativa no cultivada en escuelas de arte dramático.
Si quiere uno forzar el referente
alleniano con Moretti, cabe decir que si el neoyorquino es un
enamorado del jazz, también el romano tiene una refrescante
afición, el waterpolo, donde llegó a jugar con el S.S.
Lazio y a formar parte de la selección juvenil italiana.
Deporte acuático que incorporaría, ya fuera
tangencialmente -la natación presente en La misa ha
terminado, el submarinismo de La habitación del hijo-
o con protagonismo absoluto -el amnésico jugador de Palombella
rossa-, forma parte de su cine y de su vida.
Moretti vio mucho cine en su juventud,
responde al prototipo del cinéfilo, quizá las citas más
obvias en su filmografía sean la de Doctor Zhivago,
sugerida en Bianca, y completamente explícita en
Palombella rosa; y la de la vespa de Caro diario que
remite a
Vacaciones en Roma. Sin embargo, y a pesar de que intentó
estudiar en el Centro Sperimental de Cinematografia, la carencia de
estudios superiores le impidió seguir esta vía. De modo
que emprendió el camino autodidacta, pertrechado de una cámara
de Super 8, comprada tras desprenderse de su colección de
sellos. El rodaje de películas familiares le dará
oficio para emprender luego tres cortometrajes más ambiciosos,
donde le apoya su compañero de escuela Fabio Traversa.
Desde el principio los temas de sus
películas son los de su propia vida, los conforman sus
intereses e inquietudes. Por ello es lógico su protagonismo
habitual, enseguida criticado desde fuera como egocentrismo, también
por la inclinación de Nanni a hablar fuerte y claro en sus
declaraciones públicas, con frecuencia con tono polémico
rayano en lo prepotente. Ay, estos artistas...
Su ideología izquierdista
-Moretti se define como ateo y comunista- está presente en La
sconfitta (1973), pero ya sale a la luz una rara honestidad que
no tiene problemas en cuestionar a los suyos, señalando las
cuestiones de partido que no funcionan o que no casan con la teoría.
Ese mismo año, en Pâté de bourgeois,
aborda los problemas de comunicación, jugando con las palabras
'pâté' y 'épater', o sea, paté y espantar,
aplicadas a la burguesía. En Come parle frate? (1976),
tiene la audacia de acometer de un modo personalísimo y
paródico la clásica obra literaria "Los novios" de
Alessandro Manzoni.
Moretti está preparado para
acometer su primer largo, aunque debe hacerlo bajo la precariedad del
Super 8. Sea como fuere, el cineasta romano va a sorprender con Yo
soy un anarquista (1976), donde introduce a su personaje de
Michele Apicella, al modo en que François Truffaut tenía
también su otro yo en sus películas, Antoine Doinel,
sólo que en su caso la identificación incluye su propio
rostro, él lo interpreta. La trama de las tribulaciones
cotidianas de un padre de familia, que trabaja en una compañía
teatral, está compuesta por una serie de viñetas más
o menos conexas, una forma de cohesionar sus historias que se
convertirá en habitual en el cine de Moretti. Ecce bombo
(1978), rodado ya en 16 mm, confirma las altas expectativas creadas
en torno al director. El modo en que sigue a un grupo de amigos que
trata de salir del callejón sin salida en que se encuentran
sumidos, cautivó a la crítica y a un público que
empezaba a contar con un núcleo duro de incondicionales.
Seguramente por eso desconcertó su trabajo tres años
después, Sogni d'oro, canto de amor a la cinefilia, "la
noche americana morettiniana', con una película dentro de la
película, la que rueda el personaje de Apicella. El film
resultó demasiado cerrado y pretencioso para muchos, a pesar
de su indudable interés, reconocido con un Premio del Jurado
en Venecia.
Por eso Moretti se tomará un
receso de tres años para entregar casi seguidas, en 1984 y
1985, dos miradas diversas pero no diferentes a la soledad y la
parálisis emocional. En Bianca, más allá
de una trama de asesinato, tenemos a Michele Apicella como un
profesor incapacitado para el compromiso amoroso, a la vez que no
perdona que los otros fallen en cuestiones de amor. Y en La misa
ha terminado, don Giulio muestra a un sacerdote obligado a
enfrentarse a una realidad social y familiar que ataca los
principios que considera más sagrados, y que tal vez no ha
sabido digerir con todas sus consecuencias. Este segundo film le
daría un Oso de Plata en Berlín.
En 1987 Moretti crea su propia
productora, Sacher Film, con Angelo Barbagallo. El nombre lo toma de
un pastel que le agrada especialmente, y que menciona expresamente en
películas como Bianca. Además de sus películas
producirá títulos como Notte italiana, Domani
accadrà y
La voz de su amo (1991). Su papel de
villano en el último film le daría un premio David de
Donatello como actor. Y en 1995 produce y actúa en La
segunda vez, de Mimmo Calopresti. El interés por apoyar el
cine ajeno le lleva también en 1991 a abrir una sala de cine
de arte y ensayo en el Trastevere romano, con el nombre de Nuovo
Sacher.
Palombella rossa (1989) la rueda
en un momento en que el muro de Berlín se desmorona, y la
ideología comunista entra en crisis. El recurso a la amnesia
de un jugador de waterpolo sirve a Moretti para mostrar los recuerdos
inconexos en que su personaje defiende sus ideales izquierdistas. Se
trata de una bella película, muy bien trabada alrededor de un
partido de waterpolo, donde Moretti está perfecto como
personaje algo 'sonado', desubicado. Al año siguiente firma el
documental La cosa (1990), donde sigue la redefinición
por Achille Occhetto del partido comunista.
La consagración de Moretti llega
en 1993 en Cannes, cuando es reconocido como mejor director por la
memorable Caro diario, donde lleva a la cima su formar de
narrar fílmicamente, a través de tres episodios, que
van desde los paseos romanos en moto al miedo a la enfermedad. Cinco
años después, Abril seguiría una
estructura parecida, en lo que casi se asemeja a una secuela. Aunque,
claro está, la coronación en Cannes llegaría en
2001 con La habitación del hijo, una mirada a la muerte
inesperada y la dificultad de su aceptación, más aún
cuando el horizonte está cerrado a la trascendencia. Moretti
afrontaba un fantasma que está ahí para cualquier
padre, pues en 1996 había tenido un hijo, Pietro, con su
esposa Silvia Nono.
A pesar de lo fácilmente que
atrae los focos mediáticos, Moretti mezcla un aparente
carácter extrovertido, trufado de declaraciones iconoclastas,
con una cierta timidez. A veces parece como obligado a representar un
papel, como cuando dirige El caimán (2006), ataque
indisimulado a la figura de Silvio Berlusconi, y presentado en plena
campaña electoral. Pero desde luego, Moretti no es, para
entendernos, Michael Moore. Tras protagonizar Caos calmo
(2008), se espera con interés su nuevo film Habemus papam,
donde describirá la relación de un Papa recién
elegido y abrumado por la responsabilidad de pastorear la Iglesia,
con su psiquiatra. Michel Piccoli y el propio Moretti serán
los protagonistas. Aunque el cineasta ha hecho a veces declaraciones
explosivas acerca de la Iglesia, y concretamente sobre Benedicto XVI,
conviene dar un voto de confianza al rigor del responsable de La
misa ha terminado, quien aceptó la invitación del
mentado Papa para asistir a un encuentro con artistas en la Capilla
Sixtina el 21 de noviembre de 2009.