Excelente narrador de historias, el nombre de
Nicholas Ray aparece ligado a grandes clásicos del cine, alguna que otra
superproducción, y un gran puñado de títulos desconocidos de irregular calidad.
Sus películas destacan por la inusitada proyección psicológica de sus
personajes, entre los que sobresalen sus jóvenes marginados con problemas de
integración en la sociedad. Personalísimo cineasta, fue denostado por quienes
le consideran un artesano pero también encumbrado por los críticos de Cahiers
du Cinéma.
Raymond Nicholas Kienzle (nombre auténtico de Nicholas Ray)
nació el 7 de agosto de 1911, en Galesville (Wisconsin), en el seno de una
familia de origen noruego y alemán. Su padre tuvo problemas con el alcohol, lo
que ensombreció bastante la infancia del futuro cineasta. Empezó a estudiar en
la universidad de Chicago, pero después de un año decidió dejar la carrera.
Había tenido como profesor al escritor Thornton Wilder, que le recomendó para una plaza en la
escuela de arquitectura de Frank Lloyd Wright, que se convirtió en su
protector. Finalmente, ambos se distanciaron, porque Wright no estaba de
acuerdo con las ideas políticas de Ray, muy de izquierdas. Éste decidió irse a
Nueva York, donde se hizo miembro del Teatro de Acción, el grupo teatral donde
se haría muy amigo de Elia Kazan. Ray llevaba una vida desordenada y bohemia.
Además, era un activo militante del movimiento socialista. Ningún estudioso de
la época se explica que Nicholas Ray no fuera llamado jamás a declarar -como
tantos otros colegas directores- ante el Comité de Actividades Antiamericanas
durante el macarthismo. Al parecer fue pura cuestión de suerte.
Fue Elia Kazan quien se llevó a Nicholas Ray a Hollywood.
Kazan dirigía su primer largo, Lazos humanos, y había quedado impresionado con la forma en que su amigo era capaz
de hacer que los actores teatrales consiguieran superarse a sí mismos. Así que
le contrató como ayudante para ese film, aunque no aparece en los créditos.
Pronto, Ray también tendría la oportunidad de dirigir su opera prima, la
brillante Los amantes de la noche,
basada en una novela de Edward Anderson, que también dio lugar a Ladrones
como nosotros, de Robert Altman. Este
clásico film-noir estaba protagonizado por una pareja de atracadores de bancos
enamorados, que serían los primeros inadaptados antisociales de los muchos que
habría en el cine de Ray. Uno de los más recordados es Nick Romano
(interpretado por el jovencísimo John Derek), el joven humilde abocado a la
delincuencia, al que trata de defender el abogado interpretado por Humphrey
Bogart, en Llamad a cualquier puerta.
En sus primeras películas Ray puso tan alto el nivel, que
acabó decepcionando con el correcto pero convencional film El secreto de una
mujer, sobre una cantante de éxito celosa
que dispara sobre su protegida. La primera estaba interpretada por Maureen
O'Hara, mientras que la víctima
era Gloria Grahame, que había cautivado a Nicholas Ray. Tras dos divorcios
previos, el cineasta había contraído matrimonio en 1948 con esta actriz a la
que sólo se puede calificar de excelente -como se constata en títulos como Los
sobornados-, aunque en su momento era una
estrella considerada 'feúcha' ("A quien la cámara quiere, también la quiere el
público, y a quien no quiere la cámara, como a Gloria Grahame, la quiero yo",
dijo de ella Guillermo Cabrera Infante. Antes de finalizar la relación en 1952,
Grahame también estuvo a las órdenes de su marido en la magistral En
un lugar solitario, en donde la actriz
interpretaba a la enigmática vecina de la que se enamora el guionista Dixon
Steele, encarnado por Humphrey Bogart. Tras acumular películas de encargo que
resolvía con brillantez (Nacida para el mal, Infierno en las nubes, El valle radiactivo, Hombres errantes, Androcles y el león), Ray dirigió Johnny Guitar, una de las cumbres del western, género al que supo
dar una gran vuelta de tuerca, pues las protagonistas eran por primera vez dos
mujeres de carácter (Joan Crawford y Mercedes McCambridge), en un género donde
ellas siempre habían sido secundarias.
John Derek volvió a ser un joven
con problemas de nuevo a las órdenes de Ray, en la interesantísima Busca tu
refugio, donde encontraba una figura
protectora, pues quedaba al cuidado de un ex convicto, encarnado por James
Cagney, en un personaje similar al de Bogart en Llamad a cualquier
puerta. Aunque el retrato por antonomasia
de la juventud conflictiva dirigido por Ray es sin duda Rebelde sin
causa, su película más conocida y todo un
clásico del cine. El cineasta logró un convincente retrato de los jóvenes, que
se identificaron con unos personajes desconcertados, que sienten la necesidad
de sublevarse ante un mundo que les resulta decepcionante. Natalie Wood y Sal
Mineo acompañaban al legendario James Dean, que acababa de filmar la también
redonda Al este del edén.
Al parecer, Ray nunca pudo
sobreponerse a la trágica muerte de Dean, acontecida una semana antes del
estreno del film. Hablaba una y otra vez sobre el actor, y por lo visto,
durante una conferencia, llegó a sacar una escopeta para comentar a los
asistentes que se la había regalado Dean. En cine inició su declive, con Bitter
Victory, una magistral cinta antibélica con
Richard Burton interpretando a un oficial a cargo de una difícil misión en el
ejército de Libia, mientras su esposa le está siendo infiel. Aunque fue muy
alabado por la crítica, y por el director Jean-Luc Godard, no obtuvo el
respaldo del público. Tras las excelentes Chicago, años 30 y Los dientes del diablo, el
productor Samuel Bronston le recluta para rodar en España Rey de
Reyes, una versión de los textos
evangélicos poco rigurosa, pero respetuosa y espectacular. Aunque volvió a
repetir con Bronston, en 55 días de Pekín, la conflictiva relación entre ambos durante el rodaje terminó con el
despido del realizador, sustituido por Gay Green tras dos meses y medio de
durísimo rodaje. Al igual que la protagonista del film, Ray se había convertido
en un alcohólico con tendencias autodestructivas, que contrajo matrimonio con
Susan Schwartz, una joven de 18 años, cuando él tenía 58. "Mientras rodaba 55
días en Pekín, Nick había tenido una
pesadilla. Al despertar, supo que nunca más terminaría una película en su vida.
Y en efecto, así fue", recuerda
Susan.
Ciertamente,
Nicholas Ray no volvió a estrenar ningún largometraje comercial, aunque rodó un
film titulado We Can't Go Home Again, que llegó a tener un montaje
incompleto estrenado en el festival de Cannes, y también terminó los cortos Marco y The
Janitor, que pertenece al film Wet Dreams. Ray pasó
sus últimos años de vida ocupado en ambiciosos proyectos que ninguna productora
quiso financiar, como Mister, Mister -que no se llegó a realizar, a
pesar de que ya estaba listo el guión-.
Inició una colección de pintura, montó una versión del film Cenizas, del
polaco Andrzej Wajda y además de ejercer numerosas actividades, abrió en Madrid
el 'Nikka', un club de jazz. Jugador compulsivo, también se gastó todo lo que
había ganado a lo largo de su carrera. Cuando estaba muy enfermo de cáncer, y
antes de su fallecimiento, el 16
de junio de 1979, se prestó a ser filmado por Wim Wenders, lo que dio lugar al
curioso documental Relámpago sobre agua.