Algo tiene Olivia Williams, que la cámara se enamora de ella. Morena con carácter, de rasgos fuertes, su rostro parece la punta de un iceberg rebosante de sentimientos y emociones, de auténtica vida interior. Casi siempre ha tenido papeles secundarios, pero a estas alturas ha demostrado de sobras su talento.
Olivia Williams nació el 26
de julio de 1968 en Camden Town, Londres, Inglaterra. Su hogar no era en
principio el estímulo ideal para seguir la carrera de actriz, a no ser que la
profesión de abogados de sus progenitores se considere en cierto modo como una
forma de actuar, donde el escenario lo constituirían los tribunales. Una chica
muy formal, esta singular belleza morena, de aspecto noble y sonrisa magnética,
se licenció en literatura inglesa en Cambridge, pero como tenía dentro de sí el
gusanillo de la interpretación, se matriculó en la prestigiosa escuela de
teatro Bristol Old Vic, lo que le llevaría a integrarse luego en la Royal
Shakespeare Company. En 1995 cruzaría el "charco" en compañía de Ian McKellen
para participar en la representación de la shakespeareana "Ricardo III" en los
escenarios de Estados Unidos.
1996 marca su primera
aparición en la pantalla. Fue en la pequeña, en una versión televisiva de
"Emma", la novela de Jane Austen. Al año siguiente le llovieron tres proyectos
en pantalla grande, aunque el más potente fue la segunda película de Kevin
Costner como director, Mensajero del futuro. Fue un fracaso para el responsable de Bailando
con lobos, pero ella no pasó
inadvertida. Al año siguiente la teníamos trabajando con un estupendo personaje
de maestra en Academia Rushmore,
del "marciano", y un año más allá era la triste esposa de Bruce Willis en el
thriller sobrenatural del "mago" M. Night ShyamalanEl sexto sentido. Es verdad que eran papeles secundarios, pero
resultaba innegable que Olivia sabía escoger películas con un claro punto de
interés, no eran tramas convencionales, ni el suyo era el vulgar rol de "chica
de la película".
Sin embargo, siguió una ristra de títulos donde
su "ojo clínico" de antaño se reveló algo "miope". Era el caso de Dead
Babies (200), donde trabajó con Paul Bettany, o
la "escandalosa" El cuerpo
(2001), donde se ponía en cuestión, de un modo un tanto ridículo, la
resurrección de Cristo; en este segundo film su compañero de reparto era "el
cura" Antonio Banderas. Tampoco tuvo suerte con Servicio de compañía (2001), donde había otro actor de origen hispano, Andy García. El
tiempo corría hacia delante, y por suerte 2003 le deparó un par de títulos
dignos de darles un bocado: Matar a un rey,
ambientado en la turbulenta época de Cromwell, y una nueva versión del clásico
de J.M. Barrie, Peter Pan (2003),
donde era la señora Darling, la madre de Wendy. Además fue el año en que se casó
con el actor negro Rhashan Stone, que le ha dado dos hijos. Sin duda que la
aventura de la maternidad contribuyó a bajar el ritmo de trabajo en cine, pero
en 2005 se la podía ver en Tara Road. 2008 le daría el que se puede calificar
como su único papel protagonista hasta la fecha, y que enlazaba con su primer
trabajo ante una cámara. En efecto, en Jane Austen recuerda daba vida a la mismísima escritora. También ha vuelto a hacer de
maestra en An Education (2009) y se ha
incorporado a la serie televisiva Dollhouse, una creación del género fantástico de Joss Whedon. Su capacidad para
insuflar a su personajes un punto enigmático también ha podido constatarse en El
escritor, donde la dirige Roman Polanski, encarnando
a la esposa de un ex primer ministro británico. También tiene en cartera Sex
& Drugs & Rock & Roll, y Longfellow, títulos en los que crece de modo espectacular el protagonismo de una
actriz que demuestra que hay vida en la pantalla más allá de la cuarentena.