Revolucionó el cine de Hollywood porque se atrevió a
tocar temas considerados tabú hasta el momento, como la drogadicción o las
agresiones sexuales. Su mal genio, y su legendario carácter dictatorial, convertían
los rodajes en un infierno para los actores, que sin embargo lograban grandes
interpretaciones a sus órdenes. Cuando todo el mundo contrataba actores
blancos, él daba papeles a los negros. No había lista de McCarthy que impidiera
que fichara a un guionista determinado. El hecho de que a Otto Preminger nadie
le decía cómo dirigir sus películas es lo que explica que tenga una impecable
filmografía, compuesta por pequeñas joyas y alguna que otra superproducción.
Especialmente memorables son sus incursiones en el género negro.
Nacido el 5 de diciembre de 1906 en Viena -por entonces
capital del Imperio Austrohúngaro-, Otto Ludwig Preminger era hijo de un
magistrado judío. Dispuesto a seguir los pasos de su padre, se licenció en
Derecho, en la facultad de su ciudad natal. Ejerció de abogado durante un breve
lapso de tiempo -lo que explica el realismo de su film judicial Anatomía de
un asesinato-. Pero desde los 17 años
combinaba los estudios con su verdadera pasión: el teatro. Llegó a ser ayudante
de dirección del mítico Max Reinhardt, uno de los grandes directores teatrales
de la época. Al final decidió colgar la toga de abogado, y sustituyó a
Reinhardt al frente de su compañía teatral, con la que montó más de cincuenta
espectáculos. En aquella época también quiso probar fortuna como director de
cine en su país natal, con la olvidada
Die Große Liebe, film de 1931 que
supuso una experiencia aislada, pues tras el rodaje Preminger volvió a
concentrarse en los escenarios.
A mediados de los años 30, Hitler llegó al poder en
Alemania, y en Austria el futuro no se presentaba nada halagüeño para los
judíos. Preminger se resistía a dejarlo todo y empezar desde cero, pero al
final vio que no le quedaba alternativa. Decidió probar fortuna en los
escenarios de Broadway, aprovechando que los empresarios neoyorquinos le habían
tentado alguna vez. No tardó en triunfar al otro lado del 'charco' con 'Libel',
un espectáculo que fue muy popular en su momento. "A los 9 años yo quería ser
actor. A los 19 era director teatral. A los 21 fundé un teatro en Viena que
lleva mi nombre. Y a los 26 me fui a Estados Unidos. Así, Hitler no tuvo la
suerte de encontrarme cuando llegó a Austria", declaró Preminger.
Cuando Preminger se estableció en Estados Unidos, los
productores de cine andaban a la caza de actores y directores teatrales que
trabajaran con gran fluidez las secuencias habladas. El productor Darryl F.
Zanuck le ofreció un contrato con su compañía, Twentieth Century Fox, por lo
que se estableció en Hollywood. Pero tanto Under Your Spell como Danger-Love at Work fueron grandes fracasos comerciales. Además, Zanuck
era bien conocido por intervenir en los rodajes de sus películas. Esto no le
hizo demasiada gracia a Preminger, que mantuvo una fuerte discusión con él
durante el rodaje de Kidnapped,
lo que se saldó con su fulgurante despido.
Aunque Preminger podía haber regresado al teatro, se sentía
fascinado por el mundo del cine y se resistía a abandonar Hollywood. Decidió
quedarse y sobrevivió como actor,
especializándose en interpretar a oficiales alemanes -como hizo también Erich
von Stroheim-, en títulos mediocres, como Me tenían cubierto.
Finalmente le dejaron regresar a la dirección con dos títulos menores, Margin
for Error y también In the
Meantime, Darling, esta última también como productor. Y es que
Preminger había decidido combinar esta nueva faceta con la dirección, porque
era la única forma de tener el control creativo de sus filmes. La primera
película que consideraba auténticamente suya fue Laura, de 1944, una de las cumbres del género negro, en la
que el detective Mark McPherson (Dana Andrews) investiga el asesinato de una
mujer (Gene Tierney). Se puede decir que los protagonistas se convirtieron en
actores fetiches de la primera época de Preminger, pues repitió con Andrews (¿Ángel
o diablo?, Entre el amor y el
pecado), con Tierney (Vorágine) y con los dos juntos (Al borde del
peligro). Preminger también le sacó jugo a William Holden y David
Niven (La luna es azul) y a
Robert Mitchum y Marilyn Monroe (Río sin retorno), si bien esta última no le dejó nada convencido.
"Trabajar con ella fue como trabajar con Lassie", comentó el realizador.
"Después de 14 tomas, alguna tenía que quedar bien".
Aunque La zarina
-film de Lubitsch que terminó Preminger- era un film agridulce, tenía tono de
comedia, algo bastante sorprendente, teniendo en cuenta el poco sentido del
humor del director. Durante el rodaje de Cara de Ángel -otro gran film-noir- hizo repetir a Robert Mitchum
muchas veces una secuencia en la que tenía que abofetear a Jean Simmons. Según
el director, Mitchum no se estaba empleando a fondo, pero éste se dio cuenta de
que estaba dejándole marcas en la cara a la actriz. Como insistía en que le
diera más fuerte, Mitchum se acercó a Preminger y le propinó una fuerte bofetada.
"¿Así le parece bien?", sentenció el actor. Al parecer, después del incidente,
Preminger ordenó a Howard Hughes que echaran al actor del rodaje, pero el
millonario intercedió por Mitchum, que le caía bastante bien. Por suerte para
Preminger, pues el film es una de sus mejores películas, con Jean Simmons como
inolvidable 'femme fatale'. También versionó Preminger la historia de otra
ilustre 'femme fatale', Carmen -el personaje de Bizet y Merimeé-, que dio lugar
al musical Carmen Jones, que se desarrollaba en una fábrica de
paracaídas, y estaba protagonizado exclusivamente por actores negros, en una
época en la que no se rodaba ningún film que no tuviera a blancos como
protagonistas y en un noventa por ciento de los papeles secundarios.
También arriesgó muchísimo Preminger con El hombre del
brazo de oro, un film pionero en su
tratamiento de la drogadicción, con un deslumbrante trabajo de Frank Sinatra,
como adicto a la heroína, que sale de prisión con el deseo de iniciar una nueva
vida. Para Santa Juana -su particular
versión de la historia de Juana de Arco- Preminger le dio el papel principal a
la debutante Jean Seberg -que aún no había rodado Al final de la
escapada-, tras entrevistar a 18.000
candidatas. Durante una de las secuencias clave se desató un incendio en el
plató que aterrorizó a la actriz, pero Preminger insistió despóticamente en
continuar rodando sin apagar las llamas, hasta que tuvo el plano que quería. Jean Seberg fue
también la protagonista de la excelente Buenos días tristeza, donde era una adolescente que intentaba impedir el
romance de su padre (David Niven), con una mujer (Deborah Kerr). El film es uno
de los grandes trabajos de Preminger, que maltrató más que nunca a los miembros
del reparto. "Preminger se comportaba como un rojo y un bocazas. Insultaba sin
parar durante todo el día. Todo el mundo estaba aterrado", dijo la actriz
Mylène Demongeot, que interpretaba a Elsa, joven amante del padre de la
protagonista. "Es el único director que he conocido que salía de la sala de
proyecciones loco de rabia e insultando a todo el mundo". Según Demongeot, la
furia de Preminger "ponía nervioso hasta a David Niven, el más perfecto
caballero que haya conocido, incapaz de decir jamás una palabra más alta que
otra". Hasta Seberg acabó odiándole. "No puedo verle ni en pintura", dijo
acerca de él. Divorciado de sus dos primeras parejas, Preminger se casó con una
de las actrices de Buenos días tristeza, Hope Bryce, que le acompañó hasta su muerte. Con esta última tuvo dos
hijos.
Uno de sus filmes más impactantes fue Anatomía de un
asesinato, con James Stewart, fiscal
retirado que defiende a un teniente acusado de matar al tipo que había violado
a su esposa. Preminger logró saltarse las férreas normas del código Hays, en su
descripción sutil, pero bastante explícita, de la violación. Fue el único film
por el que Preminger obtuvo una nominación al Oscar como productor, en la
categoría de mejor película. Aunque no se hizo jamás con la estatuilla, también
fue nominado otras dos veces, por la citada Laura, y por El cardenal, con Tom Tryon en el rol de un sacerdote que tras
ser ordenado va subiendo posiciones en la jerarquía eclesiástica hasta que se
convierte en miembro del Colegio Cardenalicio. Se trata de una ambiciosa
superproducción, al igual que Éxodo,
sobre la fundación del estado de Israel, con un inmenso Paul Newman al mando de
un barco mercante con destino a Palestina. Por esta película, Preminger se
atrevió a meter en los títulos de crédito al guionista, Dalton Trumbo, que tras
ser incluido en las listas negras, llevaba mucho tiempo trabajando bajo
pseudónimo.
Preminger
denunció la corrupción política en la obra maestra Tempestad sobre
Washington, con un idealista senador (Charles Laughton en su
último trabajo) que investiga si el candidato a la secretaría de Estado (Henry
Fonda) es digno del puesto. El film bélico Primera victoria -con John
Wayne, Kirk Douglas y nuevamente Tom Tryon y Dana Andrews-, y el angustioso
thriller El rapto de Bunny Lake son las últimas grandes cintas
del cineasta, que se retiraría del cine con El factor humano,
adaptación de una novela de Graham Greene. Posteriormente, le fue diagnosticado
un cáncer que acabó con su vida, a los 79 años de edad, el 23 de abril de 1986,
en Nueva York.