Sobre todo para quienes fuimos jóvenes en los 80,
Roland Joffé es uno de los grandes, porque nos hizo descubrir que se podían
crear grandes espectáculos cinematográficos, de fotografía impecable y
memorable banda sonora, que también reflexionaran sobre temas de interés, y
denunciaran situaciones injustas del pasado para comprender mejor el presente.
Y aunque parecía haber caído en el olvido, lo cierto es que Joffé aún tiene qué
contar.
Nacido el 17 de
noviembre de 1945, el londinense Roland Joffé proviene de una familia de raíces
judías y estudió entre otros lugares en la escuela judía Wallingford
(Oxfordshire). Siempre fue un hombre interesado por la religión y por las
injusticias del mundo, y en su rebelde juventud simpatizaba con la izquierda,
en concreto con el Partido de los Trabajadores Revolucionarios, de Gran
Bretaña, de orientación trotskista, aunque nunca se afilió. "Estaba interesado
en política en aquella época, sobre todo en lo que estaban haciendo los
partidos políticos, pero no me involucré activamente", comenta el cineasta.
Por estas
simpatías, Joffé acabó en la lista negra del MI5, lo que le causó problemas
cuando la BBC quiso contratarle para dirigir la adaptación televisiva de la
obra "The Spongers". El productor Tony Garnett decidió apostar por él de todas
formas, y Joffé se convirtió en un profesional televisivo de gran prestigio.
La televisión
consagró a Joffé, que ya estaba considerado un solvente profesional cuando
debutó en el cine con la memorable Los gritos del silencio, de 1984, basada en el reportaje "The
Death and Life of Dith Pran: A Story of Cambodia", publicado por Sydney
Schanberg, en el New York Times.
El film recrea
las dramáticas experiencias de tres reporteros en Camboya durante la ascensión al poder de los Jemeres
Rojos. El film no sólo ayudó a divulgar la crueldad del tiránico régimen, sino
que además fue un gran éxito de crítica y público, y obtuvo tres Oscar, al
actor secundario (Haing S. Ngor), fotografía (Chris Menges) y edición (Jim
Clark). La banda sonora supuso el primer trabajo creado originalmente para el
cine de Mike Oldfield.
El productor de
su ópera prima, David Puttnam, vuelve a formar equipo con Joffé para su
siguiente trabajo, La misión.
El guión de Robert Bolt (Un hombre para la eternidad) contiene los temas que más le
interesaban al cineasta: la redención, la violencia y la religión. Contrapone
las peripecias de dos personajes, el padre Gabriel, un ferviente jesuita que
funda una misión sobre las cataratas del Iguazú, y Rodrigo, un mercenario que
se unirá a él, después de matar a su propio hermano porque tiene relaciones con
su esposa, y que ha decidido renunciar para siempre a la violencia.
"Es una historia
conmovedora sobre la realidad política versus lo mejor de la naturaleza humana.
Somos de naturaleza animal y por tanto destruimos lo que amamos por intereses y
fines egoístas, y a la vez, somos torturados por el sentimiento de que existen
otras opciones, pero no tenemos la fuerza para realizarlas. En las cuestiones
políticas de hace 400 años encontramos los mismos interrogantes con los que
luchamos hoy en día", comentó Joffé.
La fotografía de
localizaciones inigualables de la América Meridional, la inspiradísima banda
sonora de Ennio Morricone, y sobre todo, las intensas interpretaciones de dos
grandes, Jeremy Irons (Gabriel) y Robert De Niro (Rodrigo), contribuyeron a que
la película fuera realmente memorable.
Con esos dos
títulos, se preveía una carrera de órdago para Joffé. Sin embargo, la
interesante aunque lenta Creadores de sombras, sobre la creación de la bomba atómica,
se estrelló en las taquillas, a pesar de contar con Paul Newman como
protagonista. Tampoco obtuvo el reconocimiento esperado La ciudad de la
alegría, digna, aunque
muy resumida, adaptación del célebre best-seller de Dominique Lapierre, con
Patrick Swayze como médico que se traslada a la India para ayudar a los
desfavorecidos.
Cuesta abajo,
Joffé se vio obligado incluso a rodar la mayor parte de una película muy
comercial, que desentona en su filmografía. Se trata de la adaptación de un
célebre videojuego, Super Mario Bros., un auténtico tostón, aunque ni siquiera apareció en los
títulos de crédito.
En cine, a lo
largo de los 90 no levantó cabeza. Tras La letra escarlata, discretísima adaptación de la novela de
Nathaniel Hawthorne, probó fortuna con el género negro con la subida de tono Goodbye
Lover, a ratos
interesante pero fallida.
Tras el fracaso
de Vatel, con Gérard
Depardieu interpretando a un cocinero de los prolegómenos de la Revolución
Francesa, Roland Joffé tocó fondo con Captivity,
un thriller con un guión que tenía más agujeros que un queso de gruyere.
Hasta provocaba la hilaridad en el cine cuando los policías que buscan a la
protagonista, secuestrada, acuden al domicilio del presunto culpable, y
mientras echan un vistazo, se sientan a ver un partido en la tele. Durante la
publicidad, cambian tranquilamente de canal, ¡y descubren el circuito cerrado
por el que el secuestrador vigila a la chica! Ofrecía la impresión de que el
cineasta andaba totalmente
desmotivado.
¿Cómo acabó
Roland Joffé rodando una película sobre el santo español Josemaría Escrivá? Al
parecer, uno de los impulsores del film fue a Holanda para convencerle de que
rodara la película. Llevaba consigo libros y un DVD con imágenes de Escrivá. En
un principio, Roland Joffé no estaba interesado en ese proyecto. "Regresando a
casa pensaba 'no tengo ganas de hacer esta película. Tengo otro proyecto
ambientado en La India' (...) Pensaba rechazarlo", comenta el cineasta en una
entrevista con Jesús Colina, para la agencia de noticias Zenit.
Aún así puso el
DVD mientras redactaba en el ordenador una carta para rehusar el ofrecimiento.
Mientras escribía ("Muchas
gracias. Aprecio el que haya emprendido todo este viaje, pero pienso que
verdaderamente usted debería buscar en otro lado") el DVD seguía funcionando y
Joffé se fijó en un fragmento en el que san Josemaría hablaba en una reunión en
Chile con una joven judía, que aseguraba que su más ferviente deseo era
convertirse al catolicismo, pero al ser menor de edad sus padres no se lo
permitirían. Escrivá le responde que sea buena con sus padres, que les quiera
mucho, y que no muestre ningún gesto de insurrección. "Estaba mirando a mi
ordenador y me decía: "Espera un momento". Apagué el DVD. Dejé de
escribir la carta. Me puse la gorra de director de cine y escribí una escena",
explica Joffé.
Así empezó a trabajar en Encontrarás dragones,
un film sobre un joven periodista que descubre la amistad que unió en el pasado
a su padre con el sacerdote español. Escrita por el propio Joffé (hubo un guión
previo de Barbara Nicolosi que finalmente se desechó por completo), el cineasta
recupera temas de La misión, ya que se centra en
el periplo personal de dos personajes, uno espiritual (Escrivá) y otro (Manolo)
cuya vida está marcada por la violencia. Ambos están interpretados
respectivamente por Charlie Cox y Wes Bentley y el film transcurre
fundamentalmente durante la Guerra Civil.