A veces sus películas parecen rodadas con un
talento angelical (El desafío. Frost contra Nixon, Cinderella
Man), y al poco tiempo rueda un bodrio demoníaco (El código Da
Vinci, EDtv, El Grinch). Se
le dan mucho mejor las películas basadas en hechos reales, y es todo un experto
en quedarse al límite de la frontera de la sensiblería. Hijo, hermano y padre
de actores, Ron Howard ha pasado de actor de segunda fila, a ser uno de los
directores más importantes de Hollywood.
Nacido el 1 de marzo de 1954 en Duncan (Oklahoma), Ronald
William Howard es hijo de la actriz Jean Speegle Howard, y de Rance Howard,
actor, guionista y director. No resulta especialmente extraño que el chico
siguiera la tradición paterna, y a los dos años ya estuviera subido a un
escenario. A los cinco debutó en el cine, como Ronnie Howard, con un importante
papel secundario en Rojo atardecer,
junto a Deborah Kerr y Yul Brynner. Ese mismo año apareció también en
numerosísimas series, como En los límites de la realidad, Lassie
y Bonanza. Así las cosas, ya era
todo un veterano cuando a los 9 años fue reclutado por el mismísimo Vincente
Minnelli para interpretar al niño al que alude el título de El
noviazgo del padre de Eddie, que tras
quedarse huérfano, incita a su padre -nada menos que Glenn Ford- a buscarse una
nueva pareja. Y a pesar de tanto trasiego, sus padres consiguieron que tuviera
una infancia bastante normal, pues asistía a la escuela pública donde
practicaba su deporte favorito: el béisbol. Pensaba que a pesar de tanta
experiencia le faltaba formación como actor, así que finalmente acabó
matriculándose en arte dramático, en la Universidad de California.
Aunque muchos niños prodigio no logran revalidar su éxito
cuando crecen, Howard fue reclutado a los 19 años para protagonizar junto a
Richard DreyfussAmerican Graffiti,
nostálgico drama que se desarrolla en 1962, sobre un grupo de estudiantes que
celebra el fin de curso a lo largo de una noche muy agitada. El propio Ron
Howard volvió a encarnar a su personaje en More American Graffiti, prescindible secuela donde ya no estaba Richard
Dreyfuss. Ronnie Howard fue también uno de los protagonistas de El
último pistolero, punto final a la valiosa
y extensa filmografía de John Wayne. Así las cosas, es posible que Howard
hubiera seguido acumulando una extensa filmografía como actor. No le faltaba
trabajo, pues protagonizó la serie Happy Days hasta 1984. Sin embargo, anhelaba convertirse en
director, y desde muy joven había rodado sus cortos caseros. Debutó como
realizador de largometraje de la mano del rey de la serie B, Roger Corman, que
le produjo la comedia Loca escapada a Las Vegas, donde Howard también era el protagonista; poco
después decidió dar por concluida su carrera como actor y centrarse en la
realización, salvo algún breve papel puntual.
En 1975, Howard había contraído matrimonio con la actriz
Cheryl Alley. Con ella ha tenido cuatro hijos, entre ellos Bryce Dallas Howard,
la protagonista de El bosque. Aunque su
opera prima había pasado completamente desapercibida, tuvo mejor fortuna con la
comedia Turno de noche, en torno
a dos tipos que trabajan en horario nocturno, en un depósito de cadáveres. Y
obtuvo aún mayor repercusión con 1, 2, 3 Splash, su primer trabajo con Tom Hanks, donde Daryl Hannah
interpretaba a una sirena. En su primera etapa, Howard parece muy influido por
el estilo de Steven Spielberg, al que imitó al milímetro en Cocoon, una cinta de extraterrestres en tono amable, que
recuerda muchísimo a Encuentros en la tercera fase y otros trabajos de ciencia ficción del Rey Midas.
Tras la comedieta Pisa a fondo,
Howard dirigió Willow, película
de aventuras que parece inspirada por Blancanieves y los siete
enanitos, pero con un solo enano que tiene
que proteger a una princesa bebé abandonada, perseguida por la malvada bruja
hechicera. Producía George Lucas, que también era el autor de la historia
original.
De la aventura vuelve a la comedia (Dulce hogar... ¡A veces!), pasa a un thriller de bomberos (Llamaradas), y de ahí a una correcta cinta de periodistas (The Paper.
Detrás de la noticia). Pero el director se
luce especialmente con Apolo 13,
reconstrucción de una de las más complicadas misiones al espacio, que Howard
sabe hacer apasionante, y además logra una entidad dramática superior a la de
sus películas precedentes. Nominada para nueve Oscar, sólo logra dos menores
(sonido y montaje). Muchos años después lograría cautivar a la Academia, que le
otorgó cuatro importantes Oscar a Una mente maravillosa, también basada en una historia real, pues
reconstruía la vida del matemático John Forbes Nash Jr., premio Nobel que
padecía esquizofrenia.
Aunque Howard es capaz de rodar un thriller discreto pero
efectivo como Rescate, por lo general
dirige o bien películas notables o auténticos fiascos. Para sus detractores,
Howard es un mal director, que a pesar de haber dado la campanada alguna vez,
en el fondo es el responsable del discreto western Desapariciones, y de bodrios como EDtv, El Grinch o El código Da Vinci -de
nuevo con Tom Hanks- aburrida adaptación del best-seller de mayor éxito de los
últimos tiempos, escrito por Dan Brown. Por su parte, sus defensores pueden
esgrimir Cinderella Man, uno de
sus mejores trabajos, sobre un boxeador que adquirió notoriedad durante la Gran
Depresión. O El desafío. Frost contra Nixon, que cuenta la histórica entrevista que el británico
David Frost mantuvo con el ex presidente estadounidense Richad Nixon, para la
televisión. Muy poco después de encandilar a la crítica con esta cinta, estrenó
la nefasta Ángeles y demonios,
una nueva incursión en el universo Brown, que a pesar de ser un taquillazo, no
acaba de convencer.