¡Qué gran dama! ¡Qué gracia natural! ¡Qué
talento! Aunque el punto fuerte de Rosa Maria Sardà es (no cabe duda) hacer
reír, resulta también brillante en un registro dramático. Y aunque la película
no esté a la altura, es igual, porque sin duda es una mujer entrañable que
eleva cualquier producción en la que se involucre, al menos en la parte del
metraje en la que salga ella. Le falta poco para llegar a los 70 años, pero
mantiene una vitalidad más que envidiable.
Nacida el 30 de julio de 1941 en Barcelona, Rosa
Maria Sardà i Tàmaro proviene de una familia muy humilde. Desde siempre ha
sentido la vocación actoral: "De niña me encantaba el teatro y jugaba a las
actrices antes que a cualquier otra cosa", declara. A pesar de todo, desde los
14 años empezó a ejercer las más diversas profesiones para ayudar a los suyos a
salir adelante. "Si eras pobre tenías que espabilar".
Una de sus ocupaciones para ganarse la vida
consistía en vender enciclopedias. "En aquella época ya apuntaba maneras como
actriz, pues iba casa por casa convenciendo a todos de que las colecciones que
vendía eran básicas en sus vidas", ha comentado sobre ella Álex de la Iglesia.
Actriz tardía, de formación autodidacta, hasta
los 24 años no logró su sueño de debutar en el teatro, cuando fue reclutada por
la compañía de Dora Santacreu y Carlos Lucena para representar "Cena de
matrimonios", de Alfonso Paso. Fue poco a poco haciéndose un nombre en las
tablas hasta convertirse en una de las actrices más conocidas de su tierra,
donde llenaba los teatros, con obras como "Duet per a violi" o la versión
catalana de "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?", de Adolfo Marsillach.
A pesar de sus numerosas apariciones
televisivas, tardó en pasar al cine, pues aunque en 1970 apareció muy
brevemente en la comedia El certificado, realizó su debut oficial en 1981, como
secundaria en El vicari d'Olot, de Ventura Pons. Y es que se considera sobre
todo una actriz de teatro. "Me casé con él muy joven, y luego, ya en la
madurez, me convertí en una adúltera por culpa del cine", explica en clave de
humor la actriz.
En la pequeña pantalla se hizo extremadamente
popular. Primero en el circuito catalán con "Per molts anys" y después en todo
el país con "Ahí te quiero ver", que combinaba entrevistas con divertidos
sketches, como aquellos en los que interpretaba a una mujer que tenía
completamente anulado a su marido -Enric Pous- al que le decía aquello de
"Honorato, ¿ponemos la tele un rato?". "Me recuerdan sólo por ese programa,
porque la gente sólo ve la televisión básicamente. Pocos son los que van al
teatro, pero esos me recuerdan por "Madre Coraje" y otras obras", comenta la
actriz.
Rosa Maria Sardà recibió un golpe muy duro
cuando uno de sus hermanos murió por culpa del sida en los 80. Otro hermano,
Javier Sardà, se convirtió en uno de los grandes de la radio española y
posteriormente arrasó en la televisión. Ella se casó con Josep Maria Maint que
se hizo famoso como integrante de La Trinca, un trío de cantantes satíricos. Se
divorciaron pero fueron padres de un niño, Pol Mainat, que seguiría los pasos
interpretativos de su madre, y coincidió con ella en la serie Abuela de
verano.
Además de demostrar su valía con papeles como la
madre de Laia Marull, en Te doy mis ojos, Rosa Maria Sardá ha ganado dos premios
Goya a la mejor actriz de reparto por las películas ¿Por qué lo llaman amor
cuando quieren decir sexo? y Sin vergüenza. Además, demostró su enorme profesionalidad
como presentadora de la gala de estos galardones en varias ocasiones.
La Academia de Cine le entregó la Medalla de Honor en reconocimiento a
su carrera artística. "Rosa Maria Sardà es al cine español lo que Humphrey Bogart
al cine negro", dijo sobre ella Álex de la Iglesia, por su carácter de icono
del cine español. Aunque ella se sintió halagada, replicó a De la Iglesia. "No
me lo esperaba, pero pensé que me llamabas para ofrecerme una película", dijo
Rosa Maria Sardà, que posteriormente no ha parado de hacer bromas al respecto.
"Es un honor que te comparen con Bogart aunque no soy nada mitómana. Eso sí, me
fastidia un poco que me comparen con hombres, existiendo otros modelos, como
Marilyn Monroe, con los que guardo más paralelismos".