Ándale, manita. Salma Hayek es un ejemplo de mujer trabajadora, que ha sabido aprovechar a su favor el exotismo de sus rasgos latinos para labrarse una carrera actoral que incluye la nominación al Oscar.
Salma Valgarma Hayek-Jimenez, más
conocida como Salma Hayek, nació en la población mexicana de Coatzacoalcos, en
Veracruz, el 2 de septiembre de 1966. Su familia no tenía mala posición, pues
el padre, con sangre libanesa por sus venas, era un hombre de negocios bien
situado, y su madre cantante de ópera. La actriz es de ésas cuya leyenda
asegura que siendo niña decidió ser actriz. En efecto, cuentan los cronistas
que con cinco añitos vio Un mundo de
fantasía (1971), basada en el popular cuento de Roald Dahl "Willy Wonka y
la fábrica de chocolate", y tuvo claro que ella quería hacer películas. Pero
entre tanto tenía que ir a un colegio de monjas, y luego a la Universidad
Iberoamericana en México D.F., donde estudió Relaciones Internacionales. De
hecho, Salma habla bien español, francés, inglés y árabe.
Como lo de su deseo de actuar iba en
serio, la bajita (1,57 metros) y morena actriz luchó por un papel principal en
el culebrón televisivo mexicano Teresa,
y lo obtuvo. Allí estuvo entre 1989 y 1991 momento en que abandona su país
rumbo a Los Ángeles. De nuevo la leyenda asevera que salió por piernas de un
lío amoroso con un importante potentado mexicano.
El camino de Salma en Hollywood no fue
fácil, para actrices con sus marcados rasgos latinos sólo había papeles
marginales; y eso que se esmeró en su formación, tomando clases de Stella Adler.
De modo que tuvo que picotear en varias series televisivas de muy escaso
interés, o pronunciar una sola frase a las órdenes de Allison Anders en Mi vida loca (1993). Aquello no prometía
mucho, pero tuvo la suerte de que un tal Robert Rodriguez diera la campanada
con El mariachi, imaginativo film de acción de bajo presupuesto, de modo que en
la secuela Desperado (1995),
realizada con más medios, fue fichada junto a Antonio Banderas. Rodriguez fue
un director importante en su vida, pues volvería a reclamarla para Abierto hasta el amanecer (1996), The Faculty (1998) y Spy Kids 3-D Game Over (2003) y El mexicano (2003).
La actriz se fue situando en la meca del
cine, aunque siempre con papeles acordes a su origen chicano, y luchando por no
quedar encasillada como mujer espectacularmente sexy. Ella misma nunca renunció
a la posibilidad de trabajar en su país, y de hecho hizo películas como El callejón de los milagros (1995) y El coronel no tiene quien le escriba
(1999), basadas en sendas novelas de Nagui Mahfouz y Gabriel García Márquez.
Entre los papeles en filmes comerciales, destacan la peli de acción Fugitivos encadenados (1996), la comedia
romántica Sólo los tontos se enamoran
(1997), la discotequera 54 (1998) y Wild Widl West (1999), la
superproducción más fallida de la carrera de Will Smith. En España llegaría
rodar para Antonio Cuadri en La gran vida
(2000). Con un entonces desconocido Russell Crowe hizo un film bastante menor, Breaking Up (1997).
Decidida a controlar su carrera en lo que pueda, en 2000 fundó su propia compañía de producción, Ventanarosa. En 2002 llegó Frida, la cumbre, al menos por el momento, de su carrera. Su
composición de la pintora Frida Kahlo le valió una merecida nominación al
Oscar, y el film ganó la estatuilla por el maquillaje que tanto le aproximaba a
su personaje. Con ese estatus pudo permitirse debutar como directora de un
apañado telefilm, El milagro de Maldonado
(2003), donde tuvo a sus órdenes a Peter Fonda; su trabajo le valió un Emmy. Lo
cierto es que después su filmes no han sido grandes maravillas. En 2006
encadenó tres películas con pretensiones pero fallidas, uno un western con su
gran amiga Penélope Cruz, Bandidas. Across the Universe (2007) utilizaba con
inteligencia la música de los Beatles, pero el papel de Salma era decididamente
menor.
Posteriormente la actriz mexicana ha
frenado el ritmo de su trabajo actoral. Quizá la ruptura de su noviazgo con
Edward Norton, cuatro años con él, le hizo recapacitar acerca de encontrar la
tranquilidad personal y familiar. El caso es que más de uno se sorprendió de
que en 2009 se casara con el importante empresario francés Francois-Henri
Pinault, dueño de marcas de moda tan importantes como Gucci e Yves
Saint-Laurent. La relación venía de antes, pero nadie apostaba por la estabilidad,
que ahí está de momento. Con él ha tenido una hija, Valentina.