Terence
Stamp inició su carrera siendo una gran estrella. La popularidad dio paso a un
período de retiro en el que permaneció alejado de la profesión. Con los años
volvió, y desde entonces ha continuado trabajando para convertirse en un
prestigioso secundario.
Terence Stamp nació el 22 de julio de 1939 en Londres.
Cuando era pequeño su madre lo llevó al cine a ver una película que le dejó las
cosas muy claras: de mayor quería ser como Gary Cooper en Beau Geste. Con esta vocación tan temprana, pronto comenzó su
carrera como actor sobre las tablas. Durante estos años de teatro, Stamp fraguó
una gran amistad con Michael Caine, compañero de faena sobre los escenarios. Su
debut en el cine fue como secundario en 1962 en el drama protagonizado por
Laurence OlivierEscándalo en las aulas.
Justo después disfrutó de un papel de más relevancia en La fragata infernal (1962). Su composición de un marinero que mata por
error a un superior, le sirvió para obtener su única nominación al Oscar. Su
carrera empezaba viento en popa a toda vela, aunque durante tantos años en la
profesión, se puede decir que en más de una ocasión ha perdido el rumbo.
La década de los sesenta fue su momento. Terence se hizo
famosísimo. A esta popularidad contribuyeron títulos como El coleccionista (1965), donde su papel de psicóptata fue premiado
en Cannes, o Lejos del mundanal ruido
(1967). Fueron años en los que tuvo la ocasión de trabajar para grandes nombres
del cine como William Wyler, John Schlesinger o Pier Paolo Pasolini. Un tiempo de plenitud que culminó con un curioso parón. Entre 1970 y 1975 Stamp
estuvo desaparecido en combate. Se desvinculó de su vida y vivió en lugares
como Ibiza, Japón e India. En el país de Bollywood se encontraba, cuando decidió
volver a su vida de actor. Fue en Hu-Man
(1975), una cinta menor de ciencia ficción. A partir de este momento ha tenido
una carrera ininterrumpida, en la que se repite una constante: títulos y
cineastas de entidad emergen entre un maremagno de cintas menores de escaso
interés y de difícil catalogación.
Richard Donner fue quien le devolvió parte de la popularidad
que había tenido en décadas anteriores. El cineasta le ofreció ser el malvado
General Zod, uno de los enemigos más acérrimos de Superman (1978). Repitió papel en la secuela y aunque el paso de
los años puede hacer que resulte un tanto ridículo su modelito negro estilo
bombacho de Aladino y su barbita recortada, es muy cierto que compuso a la
perfección al malvado que todo superhéroe necesita. Habían llegado los ochenta,
una época en la que Terence tuvo que hacer frente a la muerte de su madre. El
suceso le afectó profundamente y un amigo le recomendó que escribiera algo
sobre ella. Ese algo se convirtió en una completa trilogía autobiográfica donde
Stamp puso toda la carne en el asador.
Con el paso de los años Stamp había dejado clara una cosa:
había nacido para interpretar a personajes de lo más borde. Sin tener que ser
necesariamente el malo de turno, Stamp consigue ser muy intimidante cuando tiene un papel de alguien seco y desagradable. Dicen las malas lenguas
que en persona no es precisamente unas castañuelas, algo que hasta que Zod no
venga a España, no podré confirmar. Así pues, incluso cuando ha hecho comedia,
ha interpretado a personajes intimidatorios. Sirvan como ejemplo La hija de mi jefe (2003), La
mansión encantada (2003) o la reciente Di
que sí (2008), donde ha encarnado a un peculiar experto en autoayuda.
Su reencuentro con el gran público en Superman supuso el inicio de una nueva faceta en la carrera de
Stamp. El otrora gran estrella del celuloide iba a convertirse en un secundario
de lujo. Así lo demostró en Superman
y así lo volvió a hacer en La amenaza
fantasma (1999), donde interpretó al malvado canciller Valorum. Esto ha
seguido sucediendo en títulos como Elektra
(2005), Wanted (Se busca) y Superagente 86 De película (2008).
Independientemente de la calidad del título, Stamp ha conseguido ser
imprescindible. Es un auténtico lujo disfrutar de los minutos que tiene en
escena, como demuestra en su último trabajo: Valkiria. A las órdenes de Bryan Singer, Stamp se ha convertido en
Ludwig Beck, un militar nazi crítico con el gobierno de Hitler, que fue quien
incubó la idea de acabar con el Führer.
En el terreno de las curiosidades ocupa un lugar destacado
la serie de televisión Smallville.
Stamp ha participado en algunos de los capítulos donde ha interpretado a
Jor-El, el padre de Superman. Es decir, el general Zod convertido en el papá de
su peor enemigo. En el terreno sentimental, la popularidad le proporcionó a
Stamp más de un romance sonado. Sin embargo, sólo se ha casado una vez y fue en
2002, con Elizabeth O'Rourke. El matrimonio se acabó en 2008. Es decir, que ha vivido su extensa
carrera siendo uno de esos solteros de oro del mundo del celuloide. Ahora tiene
69 años y nada hace sospechar que vaya a dejar la interpretación. Ojalá quede
general Zod para rato.