En
un mundo mejor, tal vez sería más conocido. Porque es un actor cuyo rostro
transmite una rica vida interior, pero claro, no es anglosajón ni tampoco el
clásico guaperas, y eso pesa. Además huye de todo histrionismo, lo que no le
impide ser tremandamente expresivo.
Ulrich Thomsen nació en Fyn, Dinamarca,
el 6 de diciembre de 1963. Tras tres intentos, logró ingresar Escuela Nacional
Danesa de Teatro y Danza Contemporánea entre 1989 y 1993, donde se formó como
actor, y tras graduarse pasó por varias compañías teatrales de Copenhague. Su
debut en el cine al año siguiente fue en un thriller que llamó la atención, El vigilante nocturno, donde le dirigía
su compatriota Ole Bornedal, pero su papel no era especialmente memorable.
El primer cineasta que le dio un papel
digno de ese nombre fue Thomas Vintenberg, en De største helte (1996). Allí era uno de los ladrones de bancos que
andan huidos de la justicia, acompañados de la hija adolescente de él. Los
rasgos duros del rostro del actor, junto a un nosequé que transmite
sensibilidad, ayudaron a una estupenda composición; no es de extrañar que dos
años después Vintenberg le requiriera para la "dogmática" Celebración, donde era el hijo principal de una familia que se
reúne para festejar el 60 cumpleaños del patriarca, una reunión de la que
pronto saltarán chispas. Por supuesto que directores compatriotas del actor
acudirían a él tras verle sobresalir en la pantalla, algunos de ellos fueron
Per Fly, que le requirió para La herencia
(2003), y sobre todo Susanne Bier, que le dio dos papeles estupendos, el de Hermanos (2004), donde la desaparición
de un hermano en Afganistán, propicia el romance amoroso del otro con la viuda,
y el de un viudo que no logra entenderse con su hijo en la oscarizada En un mundo mejor (2010). Para él actuar
es ejecutar una serie de acciones, una detrás de otra, tal y como están
escritas en el guión, y se pone a ello con tesón, de un modo intelectual, sin
"métodos" que falseen el resultado final.
Pero Thomsen no se ha limitado a trabajar
en los límites de la cinematografía de su país. Conocedor del inglés y el
alemán, ha trabajado también empleando estos idiomas. Ser extranjero le hizo
ideal para ser el villano de turno en la saga Bond en El mundo nunca es suficiente (1999), y al año siguiente hizo El peso del agua, uno de los filmes más
flojos de Kathryn Bigelow. Tampoco tuvo suerte al trabajar con el prestigioso
cineasta chino Chen Kaige, Suavemente me
mata (2002) era un thriller cargado burdamente de sexo.
En su aventura
internacional, y aunque su papel no fuera principal, destaca Deliciosa Martha (2001), rodada en
alemán. En cambio, aunque se titule El
inventor alemán (2004), Thomsen trabaja en inglés en este drama sobre un
científico que experimenta con cohetes. Lo cierto es que la profesionalidad del
actor está fuera de toda duda, y es requerido para pequeños papeles en
múltiples producciones, de acción y espionaje, como son Hitman (2007),
Duplicity (2009) y The International (Dinero en la sombra) (2009). Igual hace
de caballero templario -El reino de los cielos (2005)- que de guerrero picto -Centurión (2010)-, y si toca, se sumerge
En tiempo de brujas (2011). Pronto se
le podrá ver como científico intrigado en The
Thing, remake de La cosa de John
Carpenter.