Tiene aspecto de tipo duro, contundente. Destaca su pelo alborotado, y transmite cierto aire de tosquedad irresistible, se nota que la procesión de sus personajes va por dentro. El francés Vincent Lindon ha desarrollado una sólida carrera, demostrando su versatilidad al saltar de un género a otro.
Vincent Lindon nació el 15 de
julio de 1959 en Boulogne-Billancourt, y verdaderamente tiene un
pedigrí familiar notable. Unos de sus bisabuelos fue Alfred
Dreyfus, el tristemente célebre oficial francés acusado
falsamente de traición, en uno de los casos más
aireados de antisemitismo que se recuerdan. Otros familiares de
relumbrón son Jêrome Lindon, su tío, director del
sello editorial Éditions de Minuit; Raymond Lindon, un abuelo,
que intervino en la liberación de Francia de los nazis y
participó en la creación del estado de Israel; y su
bisabuela Fernande Citröen, hija del creador de la famosa marca
de automóviles. El origen judío del futuro actor queda
claro si se recuerda que su bisabuelo nacido en Polonia se llamaba
Abner Lindenbaum, quien trocaría su nombre por Alfred Lindon
cuando emigró a Londres, Inglaterra.
Hijo de un industrial y una periodista,
en su juventud Vincent se aficionó al boxeo, pero sus padres
no estaba muy a favor de que ésa acabara siendo su dedicación
profesional, ello a pesar de que era indudable que tiene un físico
adecuado para el deporte de los puños. El cine se ve que le
atraía, pues después de acabar el bachillera trabajó
como ayudante de vestuario en una película de Alain Resnais,
Mi tío de América (1980).
Joven y con ganas de aventuras cruzó
el Atlántico y se estableció en Nueva York, donde
estudió piano y canto; además tomó clases de
teatro en Boston y la propia Nueva York. De vuelta a casa, en 1981 se
convierte en regidor del cómico Coluche, a quien acompañó
en sus tournées en el mismo año en que se postuló
como candidato a la presidencia francesa, puesto que evidentemente no
logró. No acababa de encontrar Lindon su sitio, y trabajó
durante 1982 en el periódico Le Matin. Sin embargo, anhelaba
hacer cine y se inscribió en el curso Florent; allí se
fijó en él uno de sus profesores, el actor Francis
Hunter, y junto a él debutó en la pantalla con Le
faucon (1983). Irá sumando papeles pequeñitos como
el de Notre histoire (Bertrand Blier, 1984), junto a Alain
Delon, con quien también hizo Palabra de ley (1985). Su
buen dominio del inglés le permite estar también en La
calle de la Media Luna (Bob Swain, 1986), junto a Sigourney
Weaver y Michael Caine. En la muy subida de tono Un hombre enamorado
(Diane Kurys, 1987) compartió cartel con Peter Coyote, Greta
Scacchi, Jamie Lee Curtis y Claudia Cardinale.
Pero no fue hasta 1988 que le llegó
la oportunidad de un papel protagonista. Fue en L'étudiante
(Claude Pinoteau, 1988), donde se enamoraba de una joven Sophie
Marceau. El actor brilla, y surgen varios directores que se
aficionará a requerir sus servicios. Claude Lelouch lo hizo
durante tres años consecutivos en Il y a des jours... et
des lunes (1991), La belle histoire (1991) y Todo
esto...¡¿para esto?! (1992); y Coline Serreau en sus
comedias La crisis (1992) -premio para Lindon en Cannes y
primera de las cuatro nominaciones al César que acumula-, El
planeta libre (1996) y Caos (2001). Otros "repetidores"
son Benoît Jacquot y Pierre Jolivet.
Lindon demostró que podía
hacer papeles de muy diverso porte, era lacónico, y sin
embargo conmovía, producía risas o lágrimas.
Impactó su papel de antiguo terrorista en Gaspard y
Robinson (Tony Gatlif, 1990), donde coincidió con Yves
Montand. Entre sus papeles más celebrados destaca el de
Paparazzi (1998), película a la que contribuyó
también como guionista. Curiosamente, Lindon había sido
sujeto de interés de estos pegajosos fotógrafos por su
aireada relación sentimental con Carolina de Mónaco.
Pero fue en 1998 cuando se casó con la actriz Sandrine
Kimberlain, nacida en su misma ciudad, y con la que había
trabajado el año anterior en Le septième ciel
(Benoît Jacquot); con ella rodaría uno se sus mejores
filmes más de una década después, en
Mademoiselle Chambon (Stéphane Brizé, 2009),
cuando ya se habían separado; ambos son padres de una niña.
De la capacidad de adaptarse a
cualquier género da idea su presencia en dos thrillers
recientes, La moustache (Emmanuel Carrère, 2005) y Pour
elle (Fred Cavayé, 2008), junto a Diane Kruger, que ha
sido objeto de un remake hollywoodiense dirigido por Paul Haggis,
donde su rol lo asume Russell Crowe. Destaca entre sus papeles
dramáticos de hombres heridos de amor el que asume en Welcome
(2009), es magnífica su composición de su profesor de
natación tocado en lo más hondo por la intención
de un alumno, inmigrante kurdo enamorado, que pretende cruzar el
canal de La Mancha a nado para reunirse con su amada.